viernes, 29 de diciembre de 2017

114. Volar

Tengo que aprender a volar entre tanta gente de pie, dice la letra de una canción del flaco Spinetta. Muchas veces me siento asi: tengo que aprender a volar. Hay veces que vuelo lejos, y mi corazón se llena de cielo, aire, viento, sol, nubes, abrazos, sonrisas y palabras bellas. Los amigos, la fotografía y la música me causa eso. También el amor. Mis hijos siempre, desde lejos. Viajar.

Recién regreso de recorrer la cordillera de los Andes y de la Costa en la región del Biobio. Sus paisajes ya conocidos por mí se muestran siempre fascinantes, alucinantes y maravillosos: nunca dejan de sorprenderme y de transportarme. Vuelo mientras el camino se presenta y se abre adentrándome en la cordillera. El río murmullo, fluye de un color intenso. El verde de los árboles y sus flores amarillas, blancas, rojas contrasta con el azul del cielo. Vuelo.

Pero también vuelo cuando voy un poco más allá y despierto mi consciencia social, ambiental, universal. Cuando doy un poco más de mi tiempo, de mis recursos, de mi consumir menos y producir menos basura. Cuando comparto las sonrisas y los abrazos. Cuando leo un libro. Cuando entiendo la filosofía. Cuando pienso y siento. Y así como yo, muchos vuelan conmigo.


jueves, 30 de noviembre de 2017

113. Esperanza

Muchas veces el mundo puede parecer algo amenazante. Hay personas que se aprovechan de otras y las someten a su voluntad con violencia física y/o emocional. Suceden situaciones que parecen atrapar y encasillar las oportunidades, ahogándonos en deudas, en incertezas y en dudas fundamentales. Pero también está la esperanza. Si bien existen situaciones en donde se puede tener esperanza de manera individual y por iniciativa propia (es decir donde el yo es fuerte y puede superar dificultades importantes), la mayor cantidad de veces nuestra esperanza crecerá de la mano de terceros: amigos, familiares y gente profesional que nos puede apoyar y orientar. Por eso es importante el buscar ayuda en aquellos que puedan hacerlo, porque aportan experiencia y perspectiva de como las cosas pueden cambiar. Es cierto que el tiempo también es un factor importante. La combinación de plantear el problema, recibir consejo y ayuda es lo que finalmente nos entrega una esperanza de que existirá un cambio para mejor en el tiempo, y ojalá en un tiempo no muy lejano.

El tener esperanza también debe estar fundado en un hecho racional. Suele escucharse que algunos tienen esperanza en una vida sin grandes dificultades por el hecho de ser alguien "bueno". Nada más lejos de la realidad: racionalmente sucede que ser "bueno" no asegura nada, sino que tal vez el hecho de sentir la satisfacción de saber que se vive una vida "buena". Pero las dificultades siempre estarán en el camino: la salud, problemas legales por acusaciones falsas, desamores y desiluciones, etc.

El aislarse e intentar resolver todo por cuenta propia es un error frecuente. Somos individuos que viven y necesitan de un constructo social, amigos, familia, conocidos que aportan a nuestro desarrollo. Buscar ayuda incluso cuando no creemos que la necesitamos pero otros nos dicen que es necesario es importante, resulta fundamental en el proceso de soltar, construir, fortalecer, crear emociones y vivencias positivas y reconfortantes que aportan a sentir esta esperanza tan necesaria para sobrellevar procesos dificiles y que pueden estancarnos. Y tener esperanza es el motor de continuar adelante.


viernes, 3 de noviembre de 2017

112. Marta Moreno Fernandez

Un día como hoy, 03 de noviembre pero de 1934 nació Marta Elena Moreno Fernandez, una mujer con una vida tan común como extraordinaria en todo sentido. Nunca viajo lejos, tal vez ni siquiera cerca pues lo suyo era la casa, preocuparse de su familia en todo lo que esas palabras pueden significar: madrugaba para atender a los suyos con desayuno, preparar el almuerzo, limpiar por aquí y por allá, y siempre preguntaba si nos servíamos un cafecito, o un té, o si queríamos una fruta. Su vida era sencilla, y su forma de amar también lo fue: decia te amo sin problemas, abrazaba con fruición, reía con ganas y se enojaba poco pero intensamente cuando lo hacía. Tantas veces me regaló "algo útil" que reconozco que en realidad no me gustaba... un pantalon, unos zapatos, una camisa. Aún cuando era niño, los demás recibian juguetes y yo un par de calcetines. En su mundo de pocos recursos había que destinar cada moneda en algo útil. Aunque fue mi abuela paterna, me crió como una madre, me regañó y corrigió sin reparos ni vueltas. Abrazó a mis hijos, los amó como si fueran sus hijos. Los vio poco, lloraba por ellos. Yo lloro por ellos y ella lloraba conmigo. Hoy no está, ha seguido el camino de toda la tierra y pronto la seguiré, en algún futuro cercano o lejano nos reuniremos. A veces pienso en ella y la imagino como una mujer joven, llena de ilusiones por su futuro escuchando un tango en el tocadisco mientras miraba por la ventana a la calle. Eso le gustaba, algo simple, algo cotidianamente sencillo. A mi tambien me gusta, pero me cuesta imaginar mi vida sin viajar un poco, sin salir a la naturaleza, sin adentrarme en el mar, sin escalar la montaña... Algunas veces salimos juntos y sus ojos se maravillaban del cambio de los lugares, del paso del tiempo. "Me acuerdo que aquí..." comenzaba a decir. Un verano visitamos Lota junto a mis hijos y sus hijos (mis tios). Recorrimos las calles, tomamos sol en la playa, jugamos con la arena. Hoy tengo nostalgia y melancolia de su voz, de sus manos, de sus ojos azules. Murió un 04 de febrero de 2017 a la edad de 82 años.




viernes, 13 de octubre de 2017

111. Reflexionar: acciones que no son binarias

A veces me parece que la vida se puede dividir en acciones binarias: bueno / malo, sano / enfermo, feliz / infeliz, etc. Pero esa no es más que llevar a su máxima simplicidad una vida que es compleja, que está llena de matices y bemoles. Supongo que algunas cosas tienden a tener menos matices que otras, pero incluso lo que a veces se ha clasificado como una gran y absoluta "A", con el paso del tiempo puede cambiar y comenzar a tener tonalidades de "B".

Y es que todo está en constante cambio. Ayer la persona que conocias y que dejabas entrar en tu vida hoy ya no la dejas, ya no forma parte de nada, mientras aquel que no querías en tu vida hoy es tu mejor amigo. ¿Y que cambió? La vida cambia, la vida pasa, la vida que te lleva y te arrastra por caminos que cremos seguros y que se vuelven vertiginosos, desconocidos.

Para comprender el mundo nuestra mente tiende de manera algo "natural" a clasificar todo, a ponerlo en algún lugar que nos permita comprenderlo mejor, asociarlo a algo, emparentarlo con algo que ya conocemos y que forma parte de nuestra experiencia. En ese proceso las asociaciones realizadas nos entregan información que nosotros aceptamos como verdaderas arraigándose en lo que constituyen nuestras creencias. Cuando estas creencias se ven forzadas a cambiar o se tambalean es cuando nuestra propia personalidad y construcción del mundo se ve amenzada, despertando las alertas que nuestro cerebro maneja de manera diferente, pudiendo sentirse miedo, angustia, soledad, tristeza, alegria, esperanza, etc.

La clave es la flexibilidad, la capacidad de adaptarnos a estos cambios comprendiendo que simplemente nada es binario ni absoluto. La filosofía oriental lo ha enseñado como "ser como el agua", la cual se adapta a los diferentes recipientes, y cambia de forma y de estado segun las circunstancia no dejando nunca de ser agua ya sea en estado sólido, líquido o gaseoso. Para mi esto es simplemente hermoso. La clave es cultivar atributos que nos permitan comprender de manera flexible la misma flexibilidad de la vida. Sin duda tener un cuerpo flexible es dificil y se logra luego de mucho esfuerzo, por tanto y asimismo, tener una mente flexible necesita el mismo camino de dedicación y esfuerzo cotidiano. Una vida de aprendizaje y reflexión es una conducta necesaria para ir adaptando poco a poco lo mental, espiritual y físico a las experiencias que vamos sumando con el tiempo. Un tiempo que una vez transitado parece tan breve, que cuesta creer que sea el camino que nosotros llamamos la vida de cada uno.

Y simplemente abrirse al cambio, a la permanencia pasajera, al equilibrio dinámico.


martes, 3 de octubre de 2017

110. Ser como niños

Tal vez una de las cosas más bellas de tener hijos es el no olvidarnos de ser como niños. Cuando vivimos en un mundo de adultos, rodeados de adultos y con problemas de adultos, el niño que llevamos dentro parece dormirse muy profundo en nuestro interior. Pero cuando nos rodeamos de niños, entonces recordamos la magia de jugar, de reír, de bailar y hacer cosas que normalmente no se hacen en la vida "adulta": tirarse en el suelo para armar o desarmar algo, usar la imaginación y creer que una botella vacía es una nave espacial, sentarse enfrente del televisor a ver dibujos animados, etc.

Hoy cumplo 41 años y me pregunto cuánto del niño que fui sigue en mí. Hay cosas que siempre me han llamado la atención en la forma en que se desenvuelven los niños: sociabilizan con otro niño muy fácilmente como si se hubiesen conocido de toda la vida; confían en aquellos que aman sin dobles estándares; abrazan con fruición; se desenvuelven con solidaridad y honestidad; se asombran con las cosas simples de la vida.

Algunas de las cosas que mantengo desde la niñez: despertarme y levantarme temprano (rara vez duermo hasta tarde), leer historias gráficas (cómics) y libros de aventura, jugar rol y cartas, ¡dibujar!, tirarme en el suelo para contemplar pasar las horas, confiar en los que amo sin cuestionamientos (aunque eso me ha costado más de algún dolor), hablar con desconocidos que me causan buena impresión, asombrarme con las cosas simples como la forma de las nubes, los colores del amanecer y del atardecer, el canto de las aves por la mañana en mi ventana, buscar desafíos para superar y cosas nuevas para aprender siempre, sentirme pleno con poco, procuro construir puentes y no muros.


domingo, 1 de octubre de 2017

109. Sufrir

No se está excento de sufrir, al parecer esa es una verdad universal. Pero la naturaleza del sufrimiento es particular a cada individuo. Una de las mayores causas de mi sufrimiento en particular es la injusticia y la desigualdad en nuestra sociedad, la pobreza, el maltrato y el abuso. Durante mi vida he luchado de muchas maneras para producir aunque fuese un pequeño cambio en esto que tanto me aflije, pero no he podido hacer mucho y por eso sufro. Hace solo unos días llovía y hacía frío. Yo volvía del trabajo en automóvil y en un rojo me detuve justo frente a un hombre que estaba sentado bajo el alero de un negocio, con las piernas juntas, los brazos rodeándolo para sentir mayor calor pues solo llevaba una chaqueta de vestir. Ni siquiera podía protegerse bien de la lluvia suave. Se me partió el corazón y me arrepiento de no haberle hecho caso a mi impulso de bajarme y darle la chaqueta que yo tenía puesta. ¿Cómo es que no lo hice?. Solo sé que nunca más dejaré pasar algo así. Ahora mismo mientras escribo estas lineas mis ojos se humedecen porque la pena embarga mi alma. Ojalá todos pudiéramos hacer de este mundo un lugar mejor, y seamos alguna vez un instrumento para aliviar el sufrimiento de otros, y fomentar la felicidad y la paz.

jueves, 21 de septiembre de 2017

108. Continuar y dejar

Hoy cumples 16 años y quiero desearte un feliz año en todo lo que comienza, en todo lo que continúa y en todo lo que termina, que sea un año de iniciar nuevas amistades, mantener amigos/as que son valiosos y que irán creciendo contigo, y terminar con aquellas amistades que no merecen que continuen; que viajes de manera espiritual hacia el autoconocimiento y de manera física para que conozcas nuevos lugares; que abraces y recibas muchos abrazos cargados de amor y de buenas energías, y que nunca dejes que la sonrisa abandone su lugar en tu vida, pues en las dificultades y en la alegría siempre viene bien una sonrisa. Tal vez una de las cosas más díficiles de aprender es cuándo continuar y cuándo dejar pero confío en que estás aprendiendo y adquiriendo la sabiduría que te permitirá saber elegir bien. Esta es una edad difícil, lo recuerdo bien, hay muchos cambios y muchas cosas no son como quisieramos que sean. Pero es la fortaleza interior lo que forjará los años venideros, la que mantendrá viva la pasión de vivir una vida que valga la pena ser vivida y contada. No importa los años que se tengan, los desafios son similares a los 15 que a los 40: se debe tener la fuerza para vivir y superar las dificultades, pues están aquellos que solo ven los problemas que nos rodean, y están aquellos que aúnque ven los problemas buscan sus soluciones y continúan adelante contra todo aquello que parece imposible. El futuro siempre será un misterio, y puede verse tan gris o tan esperanzador en la adolescencia como en la adultez. Lo importante es continuar hasta que pase lo difícil, hasta que llegue un nuevo día donde se puedan ver los cambios que traen paz y serenidad al alma, porque todo es un ciclo que se mueve en constante cambio. Recuerda siempre que tu tienes el potencial de alcanzar lo que te propongas, lo que te apasiona, lo que te mueve en la vida, para continuar o dejar aquello que decidas hacer. Te amo hija.



 

jueves, 7 de septiembre de 2017

107. Vivir con sueños

Me parece hermoso que solo la "s" final cambie totalmente el significado de esta frase y nos entregue la idea de hacer, de luchar y desear realizar algo en vez de quedarnos sin hacer nada, dormidos, inmóviles.

La pasión por realizar lo que uno ama es uno de los grandes motores de la vida. El desafio de cumplir con un sueño puede ser el norte que trace el mapa de la vida, aunque muchos de estos puedan no cumplirse en el tiempo que nosotros esperemos, serán una motivación constante a continuar adelante, superar la adversidad y mantener un rumbo donde paso a paso se avance para que nuestros sueños se cumplan.

Es importante entender que no todos nuestros sueños se cumplirán e incluso algunos lo harán pero no de la manera que nosotros esperamos. Por ejemplo, uno de mis sueños desde adolescente era ser parte de una universidad, hacer investigación, ciencia y dictar clases en ella. Pues bien, desde hace años que hago clases en universidades del país pero como un asociado part-time, además hago investigación y ciencia en un centro ambiental de la Universidad de Chile. Es decir, no es exactamente al pie de la letra lo que tenía en mente, pero me siento tranquilo y realizado en mi área profesional.

También hay que tener sueños alcanzables y que tengan una coherencia tal que nos permita vivir una vida en pos de ese sueño pero que no se transforme en una gran frustración. Una cosa es desear ser cantante y otra es desear ser cantante del grupo irlandés U2. Pero tener sueños que nos permitan perseverar en algo que nosotros sentimos que nos gusta y que es lo que deseamos hacer en la vida es sin duda parte integral de sentirse vivo y de tener aspiraciones para mejorar nuestra vida.

Por último hay sueños que pueden parecer sencillos, pero no los son: todo sueño requiere un esfuerzo para ser logrado. Justo en estos días alguien comentaba en una conversación que su sueño era tener una familia y ver la vida pasar juntos tanto en las buenas como en las malas. Otros dijeron que aquel sueño era el más fácil de cumplir respecto de los otros que hablaban de terminar post-grados, tener negocios de distintos tipos, conocer el medio oriente, etc. Pero no es así, y lo importante es luchar y no permitir que se derrumben nuestros sueños. Una de las grandes satisfacciones de la vida es vivir con sueños, perseverar y ver cumplir aquello que tanto anhelamos.


sábado, 26 de agosto de 2017

106. algunos recuerdos con mi Madre

Hoy es el cumpleaños número 63 de mamá, y desde los 50 hasta ahora parece que a mis ojos la veo igual, como si el tiempo no pasara en la misma magnitud sobre su rostro y sus manos. Recuerdo que cuando niño la observaba prepararse para ir a trabajar: cremas, pintura, traje o vestido, reloj, anillos, pulseras, perfume, cepillarse el cabello, sonreír, abrazo, beso. Después del colegio me pasaba a su trabajo donde la esperaba hasta que su jornada acababa mientras aprovechaba de hacer las tareas y entonces nos íbamos a casa. No sé si cuando niño llovía mucho o solo a mí me lo parece, pero tengo esos recuerdos de salir de su trabajo abrigados, con paraguas y botas largas de goma que yo aprovechaba de usar para saltar sobre los charcos camino a tomar el autobús.

Despertar antes que salga el sol para ir al colegio: música suave, leche con chocolate y un pan tostado con algo variado que mamá solía llevar en una bandeja. Luego calentaba mi ropa y me la pasaba tibiecita y con ese olor a limpio y recién calentada tan característica. Incluso hoy cuando caliento la ropa o la plancho antes de ponérmela me evoca a esos días de niñez.

Lo primero que yo debía hacer al llegar desde la calle luego de jugar con mis amigos era lavarme las manos y la cara: eso era un ritual sagrado e infranqueable. Para cuando salía del baño ella ya había preparado algo de fruta y yogurt con cereales. Este ritual se ha repetido desde que mis pies colgaban de la silla, hasta hoy cuando voy a su casa.

Recuerdos reiterativos: mamá cantando por la casa alguna melodía mientras hace alguna cosa; sentada en la mesa con libros desparramados y "el libro" de contabilidad siendo actualizado porque se había llevado trabajo a casa; escuchando meditaciones de la llama violeta o alguna similar; haciendo ejercicio en el living por la mañana; domingo por la mañana con bolsas y carrito yendo a la feria a comprar verduras y frutas para la semana; cantándome el feliz cumpleaños por teléfono cada año si estábamos lejos o en persona si estábamos cerca; sentada en la mesa con un te a la hora de once (merienda); cada vez que sonríe se le forma una margarita en la mejilla.

Una primavera de 2015 viajamos a Viña del Mar para pasar un día con mis tres hijos. Aquel fue un día inolvidable: paseamos por la ciudad, caminamos por la orilla del mar, jugamos en parques bajo un cielo azul y un sol primaveral, sacamos fotografías y reímos y reímos y volvimos a reír. Ese día nunca se ha apartado de mi corazón ni de mi alma.

 

jueves, 17 de agosto de 2017

105. Reflexionar: vivir entre transiciones



Me empujaron al borde del abismo.
Pero yo era un ave.
Me atraparon, inundaron, cubrieron de agua, dejado sumergido.
Pero yo era un pez.
Me enterraron, cubierto de tierra, dejando olvidado.
Pero yo era una semilla.

Todo se transforma. Un estado no parece ser más que la antesala al siguiente. A veces la vida te lleva hasta un estado que no te gusta, en el que no estás cómodo y del cual solo quieres salir, pero no parece que esto vaya a suceder muy pronto. Y entonces, tiempo después estás en un lugar muy bueno, en tu mundo soñado, en tu zona de comodidad. Pero entonces viene algo y te remueve. Y así sucesivamente. La clave está en la adaptación al cambio, en aceptar que el cambio es parte inalterable del tiempo y el espacio.

Arriba las estrellas brillan, pero su brillo solo se ve por las noches.
Cada día amanece, pero no todos los días sale el sol.
A veces las nubes y la lluvia también visitan.
Hay días en que el sol solo entibia y otras veces te quema la piel.
Unas semanas la luna esta en menguante y otras es luna llena. 
¿Quién sabe? tal vez todo no es más que solo un eco del pasado
y un resplandor tenue de lo que llamamos futuro. 




jueves, 20 de julio de 2017

104. Días de nieve

Cuando abrí la puerta de mi casa hace unos días, afuera todo estaba vestido de blanco. Hacía treinta años que no nevaba en Ñuñoa. Yo solo llevo viviendo menos de una década en esa casa, aunque había visto nevar en 2008 en la precordillera de Santiago: Peñalolen, Las Condes y Vitacura. Pero esta vez cayó nieve en todo Santiago, dándole una belleza que pocas veces habia visto en esta gran ciudad. Pero la belleza también trajo el caos: el peso de la nieve provocó caida de árboles, cortes de luz, de internet, cable, y con ello un colapso de muchas calles. Era hermoso ver a la gente salir con sus bufandas, gorros y guantes a hacer lo que tal vez sería su primer y único muñeco de nieve.

Era el 15 de agosto de 1988 cuando tuve mi primer viaje a la nieve. Salimos desde Concepción rumbo a Chillán, hacia la cordillera a las 4.00 am. En aquel entonces yo tenía 11 años, y recuerdo haber estado profundamente emocionado por el viaje y la posibilidad de hacer un muñeco de nieve, jugar a lanzarse bolas de nieve y de lanzarme en una bajada a gran velocidad. Fuimos con papá y un grupo de amigos en un bus especialmente contratado para ese viaje. La naturaleza en Chillán es hermosa: árboles milenarios se imponen en el paisaje blanco del invierno, donde de fondo el Volcán Chillán domina todo el paisaje. Cuando por fin caminé sobre la nieve aprendí que era hermosa pero peligrosa: al caminar sobre ella te vas enterrando y cansando, y pronto el frío y la humedad lo traspasaba todo. Además lanzarse bolas de nieve era en realidad lanzarse algo muy parecido a una piedra, pues la nieve compacta es bastante dura. Pero aquel día fue hermoso, y fue el comienzo de muchos otros 15 de agosto que repetirían esa experiencia. Recuerdo también que fue uno de los pocos días en que termine profundamente agotado cuando regresabamos a casa.

Invierno (junio) de 2007: vacaciones en familia en Chillán. Arrendamos una cabaña con unos amigos y subimos a las termas de Chillán. Mi hija T de entonces cinco años estaba emocionada y le encantaba jugar con la nieve, o verla caer apacible desde la cabaña. 

Punta Arenas es una ciudad acostumbrada a la nieve. Julio de 2011 era un invierno frio y las calles eran dificiles de transitar por la nieve y el hielo acumulado. El trayecto hasta Puerto Natales fue lento y con poca visibilidad: tardamos tres horas más de lo que se tarda normalmente. Todo el paisaje era blanco y al llegar a la ciudad, todo parecia sacado de una película navideña. Árboles, casas, calles, y todo parecia irreal. Recorrimos los caminos nevados hasta las Torres del Paine y alrededores. Los ríos estaban congelados y un día incluso hicieron 12 grados bajo cero. Al regreso pasamos también por la Cueva del Milodón. Es innegable la belleza que la nieve le otorga al paisaje. Pero no se debe olvidar que el hielo y la nieve son hermosos pero peligrosos. En efecto nos salimos un par de veces del camino producto de las condiciones del lugar y alguna mala maniobra de quien conducía en ese momento. Lo que más recuerdo es cierto día que Manuel conducia ya de regreso a Punta Arenas, cuando en una curva perdió el control de la camioneta y nos dimos dos trompos cruzando el camino de lado a lado. El corazón palpitaba con fuerza, pero por fortuna no ocurrió nada: solo una historia para contar. Cuando volvimos en Octubre, todo era distintamente bello, pues la nieve habia sido derretida por la llegada de la primavera y un nuevo paisaje se nos presentaba en el mismo lugar.

El Sector de Malacahuello y Lonquimay tiene una belleza y un paisaje muy similar al de Chillán. Lo he visitado en 2004, en 2016 y 2017 (hace dos meses y ya había nieve). La majestuosidad de ver el Volcán nevado impacta. El camino para llegar a Lonquimay tiene tantas curvas y parece prolongarse hasta el infinito, lo que lo hace hermoso pero muy dificil de transitar. Con nieve es tres o cuatro veces más dificil. La temperatura baja tanto, que todo se vuelve escarcha y solo llegar por la noche a la cabaña con el fuego encendido es sublime. La próxima semana debo volver a subir hasta allá... el paisaje espera por ser admirado, mientras me siento un privilegiado de ser parte de estos hermosos momentos que han ido acompañando mi vida.


miércoles, 21 de junio de 2017

103. Transitando otoños

Siempre parece haber un "último día" de algo. Ayer por ejemplo fue el último día de otoño y hoy ya es invierno. Pero son tantos los otoños transitados, tantos los que terminaron pero volvieron a empezar que me hacen recordar lo mucho que me gustan los ciclos, los cambios de estaciones, los otoños que he transitado. No tengo una predilección especial por los otoños, pero no imagino vivir un año tras otro sin ver las hojas volverse amarillas y caer de las ramas de los árboles tapizando los caminos de magia, mientras el frio viento de la tarde me trae unas ganas de prepararme un café o unos mates para calentar el cuerpo, y de comer unas sopaipillas (tortas fritas) con un poco de pebre o ají. Esas sensaciones no me las trae el verano. Y esa es una diferencia que me hace anhelar que en algún momento llegue otro otoño pasajero, que transite por mi vida trayéndome estas imágenes, estas sensaciones, estos recuerdos. Es cierto que este año el otoño trajo más lluvias adelantando el invierno y la nieve en la cordillera. Con la nieve tapizando la montaña, el viento que llega desde la cordillera es mucho más frío, logrando enfriar el café en menos de un minuto. La estufa se vuelve una compañera obligada de las breves tardes que anochecen rápido. Los fines de semanas nos quedamos acostados hasta tarde, cobijados bajo las sabanas mientras vemos alguna película abrazados. Afuera el viento acaricia la ventana y se cuela por entre imperceptibles rendijas moviendo un poco las cortinas. Pienso en otros otoños, cuando nos quedábamos acostados hasta tarde los cuatro y los dibujos animados eran programa obligado en la televisión. Desde entonces la casa siempre me parece un poco más vacía. Pero la vida sigue, y nuevos otoños traerán nuevos recuerdos, nuevas sensaciones, nuevos libros para leer sentado frente a la estufa. Este otoño - por ejemplo - leí "Los ríos profundos", una novela hermosamente escrita del escritor peruano José María Arguedas. Me gustaría transitar un otoño en Perú, en sus calles, con su gente y su cultura. Eso me recuerda que tuve un otoño en Buenos Aires, un hermoso otoño caminando por el parque Pereira que era un mar de hojas amarillas, y visitando la feria del libro en Palermo, que era otro mar de hojas, pero hojas impresas. Y un otoño en Viena, con sus parques y el hermoso Danubio. Otoños vividos que transitaron en otros sitios, en otras plazas, en otros tiempos.


jueves, 4 de mayo de 2017

102. Reflexionar: algo más de un año después.

Ha pasado poco más de un año desde que buscara ayuda profesional sobre el tema de las crisis de angustia y pánico. Antes de eso simplemente lo intenté de manera autodidacta. En octubre de 2015 comencé un proceso de reflexión para buscar el camino que me llevara a sanar: desde hace unos años que vivía en constantes crisis de angustia y pánico. Con este proceso me sentí mejor, disminuyendo la intensidad y la frecuensia de los episodios al meditar, hacer tai-chi y yoga. Reflexioné sobre las posibles causas: el estrés, la contención emocional y otras cosas (que escribí en este mismo blog). Tomé remedios naturales, hice más y mejor vida saludable. Pero en enero de 2016 tuve un ataque de pánico más intenso que nunca, lo que me hizo cuestionar todo mi proceso y mi esfuerzo, planteándome por primera vez que quizá necesitaría ayuda profesional. Los que me amaban insistieron en ello y yo sin ningun deseo lo hice. Eso me llevó a que en abril de ese año comenzara terapia.

Hoy reflexiono hacia el pasado y veo que lo pasé mal durante tantos años, cuando podría haberme evitado todo ese tiempo de angustia y malas sensaciones si hubiera buscado ayuda y apoyo. Mi mayor error fue querer pasar yo solo por ello e intentar mejorar por mí mismo, pero la verdad es que es muy dificil cuando es tu mente la que está causando todo ese dolor y malestar. Esta es una época de enfermedades mentales leves y graves (desde el estrés hasta la psicosis) y eso no se puede negar: se debe enfrentar. Las causas más comunes son el exceso de presiones sociales, la contención emocional, y los desequilibrios químicos (principalmente por fallas hormonales). Pero también está el desequilibrio interno de la energía, aunque esto parezca ser algo más de la filosofía oriental que la occidental. Sin embargo, no importa cual de ellos sea la causa, es necesario buscar ayuda para su solución. Y hoy más que nunca, se debe buscar siempre más de una opinión profesional al respecto.

Esto también lo he visto en amigos y conocidos que han pasado por ello. Y nuestra reflexión al respecto es siempre la misma: una parte de autoayuda (cambiando hábitos y mejorando la salud con meditación y algun ejercicio físico que sea del agrado), una parte de ayuda de alguien cercano (pareja, familia) y una parte de ayuda profesional (lease psicologo, psiquiatra, guru, chaman, machi o alguien especializado en el tema). Esta última parte puede ser dificil por varias razones: desde un tema económico hasta de confianza; pero sin duda es fundamental. También es fundamental el cuidarse a uno mismo: muchas veces te recetarán pastillas (drogas farmaceuticas) en dosis que no son las adecuadas para tu organismo, y que además pueden causar dependencia o efectos adversos. Mientras menos tengas que apoyarte en ellas, mejor será para tu cuerpo y mente.

Yo continúo mi proceso de sentirme mejor realizando actos positivos que me generan buenas sensaciones y que son un aporte a mi vida y mi salud, enriqueciendo mi experiencia de vida. Entre estos actos está el pasar más tiempo haciendo cosas que me gustan y menos aquellas impuestas que son muchas veces inevitables. También me apoyo más en aquellos que me rodean y que son parte importante de mi vida. He aprendido tambien que al igual que un resfrío, estas crisis volverán de vez en vez y hay que saber como enfrentarlas para volver a recuperar la salud. Paso a paso, la vida continúa.




jueves, 20 de abril de 2017

101. Hombre que mira sin sus anteojos

El título es de un poema de Mario Benedetti que me gusta mucho, y que se relaciona con mis siguientes líneas en esta entrada.  Nunca necesité anteojos para leer y menos para uso diario. Con el paso de los años noté cierto cansancio en mis ojos luego de leer por horas, y sobre todo tras pasar mucho tiempo frente a la pantalla del computador. Así, poco antes de cumplir cuarenta años comencé a usar anteojos para "descansar" la vista en jornada laboral frente al computador y en las noches al leer libros en mi cama. En el día a día no los necesito (caminando por la calle, conduciendo el automóvil, etc) aunque noto la mejoría al mirar al horizonte. Por las noches al mirar la luna, esta me parece más redonda y contorneada que cuando miro sin lentes: la distancia simplemente hace que se me difumine un poco. Ahora también los uso al ver películas solo por comodidad, y porque sin duda con el paso el tiempo se va haciendo más necesario debido a que mi vista se va acortando.

Pero así como a veces se hace necesario usar anteojos para nuestra vista "física", muchas veces también hace falta usar anteojos para nuestra vista "cultural, política y social".  De pronto, muchos de nosotros parecemos ir ciegos por el mundo, sin ver en realidad adónde vamos, en qué nos convertimos, y lo que dejamos que ser, dejándonos influenciar por otros que nos guien en todo.

Lo anterior fue plasmado en una película de finales de los años ochenta de Jhon Carpenter llamada "They live", narra el hallazgo de un hombre que le cambia la vida: una caja con lentes de sol. Esto parece insignificante, pero la gracia está al usarlos: le permite ver las cosas como son (es decir ver la verdad). Esto queda mayormente reflejado cuando ve la propaganda en un anuncio (lo que realmente dicen es ¡obedece! ¡consume! ¡conformate! etc) o al mirar a ciertas personas que en realidad no son lo que dicen ser. Este film de ciencia ficción y alienigenas es una especie de parodia con gran crítica social. Aquellos que no ven son guiados por otros que pueden ver y los llevan a donde a ellos les conviene, manipulados y manejados sin oponer resistencia. La ignorancia de las masas es igual a un estado de sueño sin fin, o de caminar en la oscuridad total.

Pero al igual que el usar anteojos para la vista no es algo que le guste a las personas, el usar anteojos para cambiar nuestra manera de ver la vida tampoco parece ser algo que muchos deseen . Para muchos es más sencillo permanecer sin ver.

Nada más que finalizar con las últimas líneas del poema de Benedetti:

"decididamente
no voy a perder más mis anteojos
por un imperdonable desenfoque
puede uno cometer gravísimos errores".


sábado, 1 de abril de 2017

100. Simpleza

Qué dificil me parece la simpleza: simpleza de las palabras, simpleza de acciones, simpleza de vida... y sin embargo me parece tan necesaria en nuestra sociedad, en nosotros mismos.

Aquellos que comienzan a vivir más profundamente por dentro, empiezan a vivir más sencillamente por fuera. Comienzan a buscar lo simple y bello de la vida, dejando de lado aquello que busca las apariencias y que no tiene valor. Logran transmitir mucho con poco, y hacen de la simpleza un estilo de vida, alcanzando felicidad y sabiduría.


martes, 7 de marzo de 2017

99. Desamor y desencanto

Me parece que existen dos tipos de desamor y desencanto (o desilusión): el que se produce después de haber sentido amor, y el que se produce antes, cuando nunca se ha sentido nada. Yo he sentido un poco de ambos en varios aspectos de la vida: en politica, en lo social, en lo espiritual, en lo emocional.

El primero de ellos parece ser más natural, sentir desamor luego de haber sentido amor. Nos cuesta aprender a amar, y más aún nos cuesta aprender a deshacer el camino recorrido. Muchos desamores son dolorosos, vengativos, atropelladores, ofensivos. Desandar un camino recorrido es una experiencia tan valiosa como el comenzar a recorrer un camino desconocido. A veces no es deseable, es cierto, y nos puede causar mucho dolor en el proceso, y sin embargo es algo que de alguna manera u otra nadie está excento de llegar a vivir. El desamor requiere adaptar un nuevo proceso de vida, corregir y reestructurar un rumbo que ha cambiado y donde muchas veces no queríamos que eso sucediera. Nos mueve de nuestra zona donde estabamos cómodos, y este movimiento requiere humildad para aceptar la nueva condición. El no aceptar el desamor solo lleva a un desequilibrio emocional que termina en prepotencia, intolerancia, y otras reacciones similares.

Al contrario de lo anterior, el segundo punto que es el desamor sin haber sentido amor, es no moverse de la zona de comodidad para experimentar la incomodidad. Quizá esto se dá mucho más en los terrenos politicos y sociales que en los emocionales y espiriturales... y tal vez nos sea más fácil llamarlo desencanto. Muchos no han entrado en estos terrenos (politica, matrimonio o convivencia, etc) y no desean hacerlo. Existe desinterés, desencanto, apatía, negación. Y es muy válido todo lo anterior debido a que la experiencia de otros ha sido tan negativa al respecto, que se ha transmitido a una nueva generación que simplemente escapa a esa vivencia por sentirla inutil y poco enriquecedora.

Tal como descubrir el amor es un camino dificil, descubrir el desamor y como afrontarlo es otro camino dificil. La vida se compone irremediablemente de ambos, y son parte de los ciclos que rigen nuestra existencia, tal como el día y la noche, el verano y el invierno, el dar y el recibir, el ying y el yang. Por lo mismo siempre existirá un poco del uno dentro del otro, y su fluir constante solo nos recuerda que estamos inmersos en el círculo del todo y de la nada.


martes, 14 de febrero de 2017

98. Amor

Quizá sea el amor y el desamor la mayor fuente de inspiración a escritores, cineastas, cantantes y a todo aquel que alguna vez haya experimentado estos sentimientos. Y sin embargo, a veces pareciera que el amor es algo que se toma de manera superficial, más de palabras que de acciones reales. Tanto es así que metemos al amor en un solo espacio, olvidando distinguir los diferentes tipos de amor que es necesario desarrollar de forma paralela y conjunta: el amor por uno mismo, el amor por los demás, el amor por nuestro entorno, el amor por cultivar el amor.

Cuando niños, aprendemos a amar a nuestra familia y ellos se convierten en el centro de nuestro amor y nuestra vida. Pero al crecer un poco, comenzamos a aprender el amor por los desconocidos que luego se volverán parte importante de nuestra vida: los amigos. Lo bueno de esta etapa es que logramos mantener un equilibrio entre el amor a nuestra familia y a los amigos. Pero luego, en la adolescencia, el amor por la familia muchas veces decae, y nuestros amigos ocupan la mayor parte de nuestro amor. Poco tiempo después, comenzamos a experimentar el amor de pareja, el cual muchas veces nos lleva por terrenos de egoísmo y absolutismos que pueden ser arrastrados por gran parte de la vida. Lamentablemente esto es más común de lo que nos gustaría aceptar, y nuestras relaciones se basan en un amor absolutista y en desequilibrio con nuestras relaciones sociales, desplazando a la familia, amigos e incluso a nosotros mismos en muchos casos.

El amor en equilibrio es aquel que se demuestra no solo con palabras, sino con acciones pequeñas y cotidianas siendo parte importante de nuestra vida. En ella reconocemos lo que otros hacen por nosotros y entregamos nuestras propias acciones a quienes amamos en palabras, gestos, actos. Buscamos desarrollar nuestro amor propio en armonía con el amor hacia aquellos que están cerca de nosotros: parejas, hijo, amigos, familia, e incluso la naturaleza. El amor no ejerce influencia o peso sobre uno mismo o sobre otros. Respeta y se hace respetar. Recibe y entrega.

Comprender el amor y lo que es amar nos puede llevar toda una vida. Amar y vivir van de la mano, y no se puede alcanzar la plenitud del uno sin el otro. Aquellos que se convencen que la vida sin amor es una vida mejor, con el tiempo se dan cuenta de su error. Porque confundieron el problema con la solución: un mal amor trae falta de equilibrio, de armonía y reduce nuestro mundo, mientras un buen amor expande nuestra vida y nos lleva por caminos que fomentan nuestro crecimiento personal y algo que a veces parece rehuirnos: la felicidad plena.



jueves, 2 de febrero de 2017

97. Campamentos y naturaleza

Hoy cumple nueve años mi hijo y pienso que tiene edad suficiente para que compartieramos juntos unos días al aire libre, inmersos en la naturaleza, acampando. Ya hemos salido antes, pero no creo que lo recuerde, tenía dos años en ese entonces. Ahora sin embargo me gustaría mucho compartir la belleza de la vida simple en la naturaleza con él. Son muchos los recuerdos que han quedado en mi propia vida acampando con mi padre y/o con amigos.

Comenzaban los noventa y yo aún no cumplía quince años. Recuerdo que conseguí una mochila verde que muchos se preguntaban si alguien tan delgado y pequeño podría cargar en la espalda durante los kilómetros de caminata. Nos bajamos en la playa de Lirquen y caminamos por la línea del tren bordeando la costa con una vista maravillosa del mar besando aquellos cerros. Eramos como treinta entre hombres y mujeres, todos de la misma edad, más unos adultos (entre ellos mi padre) que eran los guías de aquella aventura. Había que estar atento, porque el tren pasaba a veces fuera de horario aunque lo normal era que circulara en la mañana y al atardecer. Era media mañana cuando llegamos al tunel. Las pocas linternas se dispusieron para los de adelante, pero el resto cogimos una varas que usamos para tocar el riel y guiarnos en la oscuridad. Aquel tunel hace una S que deja en una oscuridad absoluta el centro del lugar, de tal forma que en ese punto no se podía saber si tenias los ojos abiertos o cerrados. Tras girar la segunda curva se veía una luz lejana que marcaba el final del tunel, y con ello, el regreso de la esperanza de salir de ese lugar emocionante y aterrorizante a la vez. Y entonces, el premio: una playa de arenas blancas donde el oceano pacífico era magnífico, con vertientes naturales que bajaban del cerro. Aquel lugar llamado Punta de Parra, era para nosotros el paraiso. Como no teníamos carpa nos hicimos un refugio con ramas y palos que obtuvimos en el lugar. Eramos los únicos sin carpa, asi que tuvimos que trabajar el doble que los demás para dejar listo nuestro lugar para pasar la noche y protegernos del sol durante el dia. Tampoco teníamos sacos de dormir: una frazada de lana cobijaba bien, pero ocupaba mucho espacio y era un peso extra. Usamos una frazada para cubrir el lado de exposición norte de nuestro refugio, lo recuerdo bien: con eso aseguramos tapar el viento y bloquear el sol del día y el rocio nocturno. Nuestro alimento fue a base de papas, tallarines, atun, jurel y pan a las brazas que haciamos cada día, ademas de leche en polvo con harina tostada. Ese sería el comienzo de muchas nuevas salidas a dormir al aire libre durante mi adolescencia.

Camino a Florida hay siete puentes que cruzan el serpentear del Río Andalien en sus inicios. Aquellos años era destino común ir a acampar en las playas del puente seis y medio, donde el río corría cristalino y frío. El sol salía tras la montaña temprano, y el olor a pasto seco invadía rapidamente los sentidos. Esta vez habíamos conseguido una lona grande para hacer de refugio (pasarían años para tener una carpa) y nos reiamos de lo vivído el año anterior cuando no teniendo nada para ayudar en la construcción del refugio habiamos usado bolsas negra de basura que habiamos unido. Pero no se trataba de lo material, sino de lo vivencial: la comunión de pasar varios días inmersos en la naturaleza, como amigos, con pocas cosas y muchas ganas. Aquella época ha dejado recuerdos imborrables que hoy generan cierta nostalgía por la austeridad y simpleza con la que veíamos la vida, pues solo necesitabamos ánimo para llevar a cabo cualquier aventura.

T era pequeña y nosotros saliamos a acampar durante el verano a orillas de un lago, donde pescabamos pejereyes al atardecer. Siempre quise que mis hijos también aprendieran a amar la vida al aire libre, de manera simple y sin tantas comodidades (si bien ya teníamos una buena carpa familiar y cocinilla para cocer alimentos entre otras cosas). Pero la experiencia de dormir en el suelo, bajo las estrellas, entre los arboles y rodeados de naturaleza es invaluable. A pesar de su corta edad, era una pescadora profesional: yo le lanzaba la caña y ella pescaba de a dos en una sola recogida: "¡ahí picó uno papá! ¡ahí picó el otro!" decía y comenzaba a recoger la linea con los peces colgando de los anzuelos. Pescabamos los suficientes para que luego los comieramos en la cena, bajo la luz de las estrellas y la luna. Aquellos eran sin duda días felices. 

A S la conocí acampando en la playa de Las Docas un fin de semana de otoño con amigos, y amigos de amigos. Habíamos instalados las carpas en un círculo con todas las entradas apuntando al centro. Yo preparaba el mate en una de esas carpas y ella hacia lo mismo en otra. Desde allí nos mirabamos y sonreíamos. Más tarde junto al fogón y tocando la guitarra comenzamos a charlar. Recuerdo que la luna llena parecia un ojo gigante en el cielo. Ese día nuestros caminos se cruzaron y comenzaron un camino nuevo, lleno de momentos bellos. Incluso pasamos un año nuevo juntos en la montaña, acampando con otros amigos tiempo después. Aquello fue mágico. Sin duda la vida de acampar y compartir con la naturaleza ha sido parte importante en mi vida.

 

martes, 10 de enero de 2017

96. Hipocresía

Es en los terrenos de la mentira donde la hipocresía cabalga vestida de víctima para despertar una pena sincera en los corazones de quienes se dejan deslumbrar por ella. Vive y se alimenta de aquellos que miran y/o escuchan pasivos dejándose convencer sin cuestionarse la verdad, el transfondo de todo. Ama las apariencias y odia la escencia de todo, aparentando nobleza moral o espiritual para esconder su propia cobardía o egoísmo exacerbado.

Hay varios tipos de hipocresía. Están los que exhiben grandes atributos para esconder oscuros principios morales: el racismo, el machismo, el feminismo, una mente retrógrada, etc. Sin embargo, el tipo de falsedad que más abunda es la de esa persona que busca encajar, ser aceptado e incluso alabado. El hipócrita requiere de la aceptación de los demás por sobre la suya propia y no le importa destruir o ejercer acciones destructivas sobre otros para lograrlo.

No es difícil descubrir a quien ha hecho de la hipocresía su estandarte: suelen caer en sus propias contradicciones, solo se debe poner real atención a ello. Pero cada día es más difícil poner atención en un mundo donde las distracciones y las apariencias son mucho mas importantes que los transfondos.

Tampoco es difícil caer en la hipocresía: aparentar una falsa realidad parece mejor que aceptar, aprender, valorar y mejorar nuestra vida real. La aceptación personal es un camino que requiere conocerse mediante un dialogo interno constante y de crecimiento interior donde la humildad es el atributo clave para ello. El camino para evitar convertirse en un hipócrita es cultivar el amor propio y por los demás, desarrollar la empatía, la austeridad y la paz interior, no ejerciendo peso o influencia sobre otros en busca de alabanza o engrandecimiento.

En una sociedad donde la hipocresía es parte de los medios audiovisuales, politicos y sociales, la bondad, humildad y austeridad son atributos cada vez más escasos y valiosos para cultivar y desarrollar. Solo espero que podamos ser de estos últimos, aunque el camino sea difícil y a veces al mirar a nuestro alrededor nos parezca que estamos solos. Pero no lo estamos, pues siempre habrán otros que también buscan este camino.