lunes, 28 de mayo de 2018

122. Vientos de Mayo

Hay procesos que demoran en hacerse presente. Estamos terminando mayo y las hojas de los árboles ya debieran de haberse caído por completo, dejando árboles desnudos y caminos tapizados de hojas. Pero no, este otoño ha demorado y su entrada ha sido cautelosa, como si cada día fuera un paso adelante hacia la llegada imponente que se produce hoy. El viento silva por entre los cables de alumbrado y eleva las hojas a alturas que hace que las azoteas de los edificios queden llenos de hojas secas. Violentas ráfagas quiebran ramas viejas y producen cortes de luz en diversas partes de la ciudad. Algunos techos y maderas mal clavadas resuenan y crujen. Las alcantarillas están tapadas de hojas que no permitirán el libre circular de las aguas cuando llegue la lluvia. Es la sinfonía del viento de mayo que llega para anunciar la lluvia que en pocas horas se dejará caer y que traerá nueva belleza y nuevos problemas. Primera lluvia del año para una ciudad que necesita del agua para purificar sus calles y aire contaminado de pequeñas partículas que día tras día se han ido acumulando hasta formar una película de smog que no deja ver la montaña desde la ciudad, o la ciudad desde la montaña. Entonces el viento parece llevarse aquello que no debiera estar allí hacia otro lugar, y la ciudad por breves momentos se ve y siente distinta. Tal vez esto no debiera ni siquiera ser algo que valga la pena de dedicarle unas líneas pero a mi me conmueve y me motiva a la reflexión de lo que es y no es la vida misma.

El otoño debiera haber llegado hace unos meses, pero recién hoy se hace presente. Similar a la vida, donde uno espera que ciertos procesos debieran producirse cuando se esperan, pero estos demoran en llegar... y cuando llegan el resultado puede incluso ser desastroso y no auspicioso como era lo esperado. El mismo viento que llega para llevarse cosas, también trae nuevos desafíos. En la ciudad se lleva el smog y trae ramas caídas. El agua tan necesaria terminará inundando calles y algunas casas como cada año. El ciclo de lo que se espera y lo que se produce nos envuelve una vez más en la incertidumbre del cómo se darán finalmente las cosas. Lo único seguro por ahora es que los vientos de mayo ya están aquí. De lo demás habrá que esperar.




jueves, 3 de mayo de 2018

121. Nuevas rutinas

Casi siempre me pasa que no quiero que el verano acabe. Me gustan los días largos, cálidos, donde un pantalón corto, una polera y unas sandalias es todo el vestuario que se necesita para pasar los días y las noches. Pero entonces comienza a llegar el otoño y me voy enamorando del cambio de colores en el paisaje, donde las hojas se van volviendo amarillas y van tapizando las calles; comienzo a acostumbrarme al acto de ponerme una bufanda y vestir aquella ropa más gruesa, acostarme más temprano, escuchar el viento pasar entre los árboles, el murmurar de la lluvia, los atardeceres y amaneceres de rojo intenso porque hay nubes en el cielo. Además la luz del atardecer tiene una inclinación diferente sobre mi casa, y por tanto los rayos de sol entran y abarcan nuevos sectores de las habitaciones. Y entonces me detengo y contemplo la luz, el cielo, el frío que se cuela por las rendijas y pienso en que los cambios siempre son difíciles, que nos acostumbramos a esa zona de comodidad donde la vida pasa serena, tranquila. Pero los cambios traen nuevas bellezas, nuevas rutinas, nuevas miradas a la vida y a lo que somos.