T acaba de terminar su secundaria, graduándose y preparándose para entrar a la universidad. Por supuesto que tampoco estuve presente, solo pude ver una fotografía desde el exilio. Hasta hace poco logramos conversar de vez en vez porque ella me llamó diciendo que quería que comenzáramos a acercarnos como padre e hija, aunque resultó ser siempre básicamente lo mismo: pedirme dinero. Un buenos días o cómo has estado simplemente por saber no fue la base de esta naciente e impróspera relación. Finalmente no puedo esperar otra cosa, si ella solo hace lo que ha aprendido de su madre. Hace unos días me pidió que ayudara a financiar un viaje de mi otro hijo, su hermano menor. En una difícil situación económica en la que muchos nos encontramos, y también una difícil situación país en la que el dólar esta muy arriba, el costear un viaje en dólares no es sencillo. Aún así accedí con la única condición de hablar con la persona que estaría a cargo de mi hijo en este viaje internacional. Eso pareció ser un imposible, y la condición era que yo aceptara y pagara sin pedir nada a cambio. Debía confiar totalmente en que ellas (mi hija y su mamá) confiaban plenamente en el profesor con el cual viajaría. Mi hijo es pequeño aún (11 años), y me preocupa mucho su bienenestar, por lo que no acepté de ninguna manera si no hablaba con quien estuviera a cargo del viaje y con quién se preocuparía de su estadía en aquel lugar. Finalmente eligieron decirme que yo le estaba cortado las alas, que me metiera mi dinero bien guardado (o algo así) y que eso era todo, no más relaciones en el futuro. Nada nuevo, nada que no me hubiera esperado.
Así va terminando otro año en el que continuamos alejados. Por septiembre y octubre comenzó esta etapa de acercamiento hacia ellos en los que pude hablar un poco con ambos hijos. Con el menor de los tres no pude hablar nunca, solo con los dos mayores. Pero finalmente todo permanece como antes. Yo albergo una pequeña esperanza de que no sea como antes, que algo se haya movido en ellos en los escasos diálogos que compartimos. Además ahora mi hijo sabe que no me he ido del país abandonándolos, y que sus abuelos paternos están vivos y no muertos. También sabe que soy yo quien paga el colegio y le envía el dinero para sus cosas y que estoy tratando de acercarme dentro de lo posible a ellos. Ahora sabe que no soy un padre ausente. Poco a poco la red de mentiras que se han tejido en estos años se irán cayendo, pero lamentablemente no con la rapidez que a mí me gustaría. Pero también ahora sabe que depende de él y de ellos el acercarse a mí.
Pienso que la única opción de que algún día compartamos es que realmente quieran acercarse para conocernos verdaderamente, persona a persona, padre a hijo, y que lean el proceso judicial que finalmente dictaminó que yo no podía verlos ni acercarme a ellos ni hablarles hasta el día en que ellos quieran hacerlo. Recién entonces podrán ver que mis dos mayores errores fueron 1) tratar de manera humana a alguien que no lo era (es decir a su madre) y que de manera irracional manipuló el sistema a su favor, y 2) confiar en que el sistema judicial haría su trabajo. Simple e ingenuamente creí que cuando el tribunal determinara que ninguna de las acusaciones eran verdaderas, entonces fallaría a mi favor. Pero aunque el tribunal determinó que no habían evidencias ante ninguna de estas acusaciones, solo por un principio precautorio era mejor alejarlos de su posible agresor (en este momento me faltó además un buen abogado). Esto se repitió en cada uno de los fallos, en donde en las escasas ocasiones en que el tribunal determinó visitas a mi favor con presencia de su madre u otro adulto, ella fue en los días siguientes a poner una nueva denuncia de que los niños tenían miedo, pesadillas, se orinaban en la cama, etc. luego de mis visitas. Ni siquiera las grabaciones de nuestras visitas y las fotografías que desmienten todo eso lograron que el tribunal fallara por mantener una relación de cercanía. En el último juicio donde se logró probar alienación parental por parte de la madre, el tribunal no quiso cambiar sus fallos anteriores en beneficio de los menores, los cuales ya estaban emocionalmente necesitados de su madre y alejados de mí, su padre. En ese caso, ellos (un grupo de expertos compuestos por consejeros técnicos, sociólogos, psicólogos) decidieron que el juez debía fallar lo que finalmente dice el documento: que en beneficio de los menores el padre solo podrá mantener económicamente a sus hijos y no podrá acercarse de ninguna manera a ellos hasta que sean ellos mismos lo que decidan hacerlo. Sin duda la alienación parental debiera ser castigada por ser un tipo de abuso hacia los hijos.
Yo estoy agotado. Física, emocionalmente y también económicamente de todo este proceso. Pero la vida va abriendo nuevas etapas. Estamos a las puertas de un nuevo año que trae nuevas posibilidades. El tiempo va transcurriendo y ellos van creciendo. Yo deseo que sean felices y personas de bien, que logren desarrollar empatía social y que logren sus sueños como personas en lo que eligen hacer para vivir. Esta pesadilla tendrá que acabar, y al igual que después de una tormenta sale el sol, sus vidas y nuestras vidas pueden ser mejores y quizá compartamos bellos momentos en el futuro, cuando seamos parte de una nueva etapa como familia. Mientras, yo espero paciente a que la vida se dé así.
domingo, 15 de diciembre de 2019
lunes, 4 de noviembre de 2019
144. Cuando prometen cambios que no se cumplen
Poco alcanzó a durar el retomar contacto con T. Es una lástima porque nos reíamos mucho, conversando de todo un poco y sirvió para darnos cuentas que tenemos más cosas en común de las que pensábamos: a pesar de la distancia, de no vernos, de no conocernos, de no haber compartido más que unos breves momentos. Pero los gestos son inequívocos, heredados en algún lugar del genoma y del inconsciente sin duda. Reconozco en él la forma de achinar los ojos, de mover las manos, de estirar la boca, de buscar en el vacío alguna respuesta cuando se está pensando en algo, de tocarse el mentón y la boca en esos momentos entre momentos. Me impresiona, no solo el que compartamos tantas pequeñas sutilezas (como los lunares en fila en el lado izquierdo de la cara), sino la agudeza de su pensamiento, inteligencia bastante desarrollada para ver la vida y analizar las pequeñas cosas que a veces a otros pudieran deslumbrar. Desde un comienzo él y yo lo sabíamos: nos iban a cortar la comunicación con algún pretexto, así que él me lo dijo bien claro: cuando eso suceda van a decir que no quiero hablar contigo, que no quiero saber nada de ti, pero va a ser mentira, yo quiero y estoy feliz hablando contigo. Yo ya sé como son las cosas y él también lo sabe. Fue aquella claridad la que me deja con una cierta tranquilidad para esperar el futuro. Es una lástima que nuevamente se haya repetido esta historias de falsos cambios que nunca se cumplen, que no llevan a ninguna parte. Pero ahora las cosas son distintas porque ahora él sabe que no vivo en otro país, sino en Santiago, que no los he abandonado, sino nos han alejado contra mi voluntad, además de entender que sus abuelos están vivos, cercanos, anhelantes de abrazarlos y saber de ellos. El tiempo seguirá avanzando y cuando tengan la edad suficiente podrán elegir por sí mismos y si buscan un poco, la verdad florecerá de una buena vez, después de haber estado latente como una semilla en espera de la lluvia. Tantas veces miro al cielo y veo que pasan los meses, los lugares que recorro, y ellos siguen allá en algún lugar. Podríamos compartir la vida, los momentos, los viajes, las sonrisas... podríamos pero no podemos. ¿Tiene esto algún sentido o alguna lógica? No, pero así son las cosas. Lo importante es que avanzamos, nos encontramos, dejamos un trocito de nosotros en un intercambio que no pasará desapercibido en nuestras vidas. Se me desgarra un poco el corazón y el alma: me cuesta aceptar este absurdo. Pero la vida sigue, y de seguro vendrán nuevas promesas que no se cumplirán.... hasta que todo tiempo se cumpla.
jueves, 3 de octubre de 2019
143. Cuarenta y tres vueltas al sol
Señor, disculpe... con estas palabras (que comienzan una oración cualquiera) es que aquellos más jóvenes te hacen sentir el paso del tiempo en tu rostro, en tus manos, en el cuerpo vivido. Tener poco más de cuarenta es ser tan joven y tan viejo a la vez. Desde un punto de vista comparativo, eres joven porque aún hay muchos que son mayores que tu en esta sociedad. A medida que pasen los años sin duda habrá menos punto de comparación, hasta que inevitablemente pasas a ser parte de ese grupo "exclusivo" de gente que ha visto muchos años pasar y verá pocos más en el futuro, y conformas esa generación que está en el ocaso de un día llamado vida. Pero ese ocaso a veces llega antes (no lo sabes jamás), y por ahora solo me parece que creo que estoy en algún punto de la mitad de mi vida, aunque perfectamente pudiera estar viviendo mis horas finales sin saberlo.
Por ahora lo único que sé es que he vivido una buena vida, llena de sonrisas y de lágrimas amargas, como es toda buena vida. Hay días donde ha salido el sol y sus cálidos rayos han entregado su calor agradable. Pero sin darme cuenta ese mismo calor se ha transformado en quemaduras y en dolor. Y otras veces la lluvia ha llegado a refrescar y a limpiar, hasta transformarse en una tormenta demoledora. Los altos y bajos son inevitables, forman parte de toda vida. Cuando nos alejamos de ese equilibrio (desconocido equilibrio) todo se vuelve un dolor de cabeza, de cuerpo, de espíritu. Es cierto que he vivido según he creído es una vida buena, intentando no hacer sentir un peso sobre otros que no sea necesario. Pero he fracasado muchas veces. He fracasado al perdonar a otros, y también cuando no he perdonado a tiempo. Tantas cosas escapan del control de tus acciones, y se ven torcidas por las acciones de tus cercanos, de quienes son tu círculo íntimo llamado amigos y familia. Erramos por desconocimiento, erramos intencionadamente, erramos al omitir, erramos al decir. Erramos, nos equivocamos, nos volvemos a equivocar. Arrastramos dudas, y malas prácticas heredadas, miedos, egos, culpa, inconsciencia, indolencia, y tantas otros males que definen gran parte de lo experimentado. Y sin embargo continuamos, vivimos, experimentamos, aprendemos. Y finalmente morimos.
Por ahora lo único que sé es que he vivido una buena vida, llena de sonrisas y de lágrimas amargas, como es toda buena vida. Hay días donde ha salido el sol y sus cálidos rayos han entregado su calor agradable. Pero sin darme cuenta ese mismo calor se ha transformado en quemaduras y en dolor. Y otras veces la lluvia ha llegado a refrescar y a limpiar, hasta transformarse en una tormenta demoledora. Los altos y bajos son inevitables, forman parte de toda vida. Cuando nos alejamos de ese equilibrio (desconocido equilibrio) todo se vuelve un dolor de cabeza, de cuerpo, de espíritu. Es cierto que he vivido según he creído es una vida buena, intentando no hacer sentir un peso sobre otros que no sea necesario. Pero he fracasado muchas veces. He fracasado al perdonar a otros, y también cuando no he perdonado a tiempo. Tantas cosas escapan del control de tus acciones, y se ven torcidas por las acciones de tus cercanos, de quienes son tu círculo íntimo llamado amigos y familia. Erramos por desconocimiento, erramos intencionadamente, erramos al omitir, erramos al decir. Erramos, nos equivocamos, nos volvemos a equivocar. Arrastramos dudas, y malas prácticas heredadas, miedos, egos, culpa, inconsciencia, indolencia, y tantas otros males que definen gran parte de lo experimentado. Y sin embargo continuamos, vivimos, experimentamos, aprendemos. Y finalmente morimos.
sábado, 21 de septiembre de 2019
142. Dieciocho otra vez
A veces quisiera volver a cumplir 18 pero con la madurez que me han dado los años, aunque eso sin duda sería hacerle trampa a la vida. Porque a los 18 te sientes y te crees bastante maduro, pero tan solo has tocado la punta del iceberg. Quizá esa sea la gracia de todo: tener 18 con la madurez de 18, con los sueños y problemas de 18. Y la vida pasó, los 18 quedaron muy atrás, tan lejanos que incluso cuesta recordarlos. Pero en cambio T cumple 18, mi amada, hermosa e inteligente (y desde hoy adulta ante la ley) hija. La distancia del tiempo y de tantas cosas de pronto parecen nada. La vida se despliega ante ti, tus elecciones irán formando el camino. Es importante que puedas recorrer un buen camino, elegir bien lo que vendrá. No importa el tiempo ni la distancia, siempre contarás conmigo. A veces contar con alguien es que ese alguien te diga que sí, a veces es que te diga que no (aunque no nos guste), porque aquellos que nos dicen que sí a todo, en verdad no se preocupan por intentar darte lo mejor y solo eligen el camino fácil. Pero el camino no siempre es fácil y puede llegar a hacerse muy difícil a veces.
Y este año es simplemente muy especial, porque nos hemos acercado un poco en un comienzo que nos abre las puertas para volver a compartir la vida, los abrazos, las conversaciones, los sueños.
Todas las felicidades del mundo, de una vida que pueda traer bellos momentos, hermosos desafíos, grandes logros, buenas compañías, y gran satisfacción.
I love you always.
Y este año es simplemente muy especial, porque nos hemos acercado un poco en un comienzo que nos abre las puertas para volver a compartir la vida, los abrazos, las conversaciones, los sueños.
Todas las felicidades del mundo, de una vida que pueda traer bellos momentos, hermosos desafíos, grandes logros, buenas compañías, y gran satisfacción.
I love you always.
lunes, 2 de septiembre de 2019
141. vientos de septiembre
Terminado agosto los días se vuelven más cálidos, las lluvias comienzan a quedar atrás y la gente siente esa sensación de fiesta en el ambiente. Pronto vendrán las fiestas patrias, las cuecas, las ramadas, el mote con huesillo y las empanadas, el cumpleaños de T, mi cumpleaños, el comienzo de las vacaciones, el verano, el fin del año. Es como si septiembre comenzara a poner en movimiento muchas cosas luego de una buena siesta de invierno, de estar bajo la mantita y con el mate mirando por la ventana la lluvia caer.
De niño el barrio era de tierra, y los vientos de septiembre levantaban esa polvareda que te dejaban todo sucio porque después del colegio todos llegábamos a jugar a la calle, con los bolsillos llenos de bolitas de muchos colores que lanzábamos contra un hoyo hecho en la tierra para ganar las bolitas del otro (del contricante) y así aumentar tu provision de bolitas. También hacíamos girar los trompos con largos cordeles, y elevábamos volantines detrás de casa, porque allí se abría naturalmente una plazoleta donde los cables de la luz estaban lo suficientemente alejados para poder encumbrar en el cielo de septiembre un volantín (o cometa o barrilete) multicolor. Si algún volantín se cortaba y se iba volando libre por el aire, todos corríamos detrás para atraparlo. Las calles se sucedían una tras otras con esa masa de niños corriendo con la vista fija en el cielo, siguiendo el destino de aquella cometa que volaba libre y que iba perdiendo altura poco a poco. Pero el viento era caprichoso y muchas veces lo llevaba hasta un techo inalcanzable, un patio desconocido, o hasta un árbol cuyas ramas destrozaban el delgado papel. Horas después aún seguían las historias de cómo casi lo habías atrapado, o cómo habías corrido más rápido y más lejos que otros que habían quedado en el camino. Las risas y las aventuras reales o inventadas pasaban a ser el tema tras la alocada persecución.
En aquel entonces habían menos automóviles, las calles de tierra estaban llenas de gente y no de vehículos. Las madres salían a comprar el pan y conversaban en alguna esquina sobre la vida. Los niños salíamos como de un grifo mal cerrado, por gotera, de a uno, llenando las calles. Un niño y una pelota bajo el brazo era todo lo necesario para comenzar a llenar la calle. El segundo en salir se acercaba al primero y se iban caminando hasta los árboles de mitad de cuadra porque estaban a la distancia ideal uno de otro, y se transformaban en los arcos de cada uno. La mano derecha arriba y detrás de la cabeza empuñada esperaba las palabras para salir al mismo tiempo y mostrar piedra, papel o tijera, de modo que el ganador elegía siempre la vereda norte donde el sol te daba en la espalda: esa era una pequeña ventaja contra el que quedaba de frente al sol molestándole los ojos. Y así comenzaba el duelo de tiros de arco a arco (imaginario) que en realidad era de árbol a árbol, de vereda a vereda. Entonces comenzaban a llegar otros y aquellos que recibían un gol debían salir y dar paso al nuevo que entraba a defender su arco y así intentar hacer un gol al otro. Y sin darnos cuenta, a veces llegaba la noche en ese ir y venir de un lado al otro, y si llegaban bastantes amigos se cambiaba el juego de los tiros por un partido donde la cancha no tenía límites, ni las tardes, ni los días, ni las noches. Hasta que las madres comenzaban a gritar desde las casas los nombres para que volvieran y solo quedaban unos pocos exhaustos y llenos de tierra, con las zapatillas que pesaban al menos un kilo más con toda la tierra adentro.
De niño el barrio era de tierra, y los vientos de septiembre levantaban esa polvareda que te dejaban todo sucio porque después del colegio todos llegábamos a jugar a la calle, con los bolsillos llenos de bolitas de muchos colores que lanzábamos contra un hoyo hecho en la tierra para ganar las bolitas del otro (del contricante) y así aumentar tu provision de bolitas. También hacíamos girar los trompos con largos cordeles, y elevábamos volantines detrás de casa, porque allí se abría naturalmente una plazoleta donde los cables de la luz estaban lo suficientemente alejados para poder encumbrar en el cielo de septiembre un volantín (o cometa o barrilete) multicolor. Si algún volantín se cortaba y se iba volando libre por el aire, todos corríamos detrás para atraparlo. Las calles se sucedían una tras otras con esa masa de niños corriendo con la vista fija en el cielo, siguiendo el destino de aquella cometa que volaba libre y que iba perdiendo altura poco a poco. Pero el viento era caprichoso y muchas veces lo llevaba hasta un techo inalcanzable, un patio desconocido, o hasta un árbol cuyas ramas destrozaban el delgado papel. Horas después aún seguían las historias de cómo casi lo habías atrapado, o cómo habías corrido más rápido y más lejos que otros que habían quedado en el camino. Las risas y las aventuras reales o inventadas pasaban a ser el tema tras la alocada persecución.
En aquel entonces habían menos automóviles, las calles de tierra estaban llenas de gente y no de vehículos. Las madres salían a comprar el pan y conversaban en alguna esquina sobre la vida. Los niños salíamos como de un grifo mal cerrado, por gotera, de a uno, llenando las calles. Un niño y una pelota bajo el brazo era todo lo necesario para comenzar a llenar la calle. El segundo en salir se acercaba al primero y se iban caminando hasta los árboles de mitad de cuadra porque estaban a la distancia ideal uno de otro, y se transformaban en los arcos de cada uno. La mano derecha arriba y detrás de la cabeza empuñada esperaba las palabras para salir al mismo tiempo y mostrar piedra, papel o tijera, de modo que el ganador elegía siempre la vereda norte donde el sol te daba en la espalda: esa era una pequeña ventaja contra el que quedaba de frente al sol molestándole los ojos. Y así comenzaba el duelo de tiros de arco a arco (imaginario) que en realidad era de árbol a árbol, de vereda a vereda. Entonces comenzaban a llegar otros y aquellos que recibían un gol debían salir y dar paso al nuevo que entraba a defender su arco y así intentar hacer un gol al otro. Y sin darnos cuenta, a veces llegaba la noche en ese ir y venir de un lado al otro, y si llegaban bastantes amigos se cambiaba el juego de los tiros por un partido donde la cancha no tenía límites, ni las tardes, ni los días, ni las noches. Hasta que las madres comenzaban a gritar desde las casas los nombres para que volvieran y solo quedaban unos pocos exhaustos y llenos de tierra, con las zapatillas que pesaban al menos un kilo más con toda la tierra adentro.
domingo, 11 de agosto de 2019
140. Mantenga a los libros al alcance de los niños
Pienso en mis hijos. Pienso en cada padre que tiene hijos. Pienso en aquellos que aún les leen un cuento o una bella historia antes de dormir o al despertar, y no solo los sientan frente a ese espejo negro llamado televisor. Pienso en aquellos que les cantan canciones, que escuchan con ellos buena música, que los abrazan con ternura y fruición, que los besan y sonríen y les dicen cada día te amo. Pienso en aquellos padres que hacen que sus hijos tengan una bella infancia, que les enseñan ideales y a ser mejores. Aquellos que se sientan a leer Mafalda, o Enriqueta, o algunos hermosos cuentos ilustrados de la sección infantil y que despiertan la imaginación y el amor por esas ilustraciones tan bellas. Porque solo se es niño una vez, y luego se es adulto toda la vida, aunque algunos pocos mantengan ese niño interior despierto toda la vida, asombrándose, aprendiendo, viviendo.
Yo lo he intentado, mantener ese niño bien despierto, bien activo. Leerle a mis hijos, escribirles, hablarles desde todas partes y hacerles sentir todo mi amor. Yo sigo leyendo aquellos libros que me hacen viajar, que me hacen soñar, que me hacen vivir cientos de vidas. Mi casa está llena de libros que están al alcance de la mano, de sus manos, de las mías, de las de mis amigos que llegan a casa para compartir una velada, una cena, una tarde cualquiera. Simplemente eso: mantengo los libros al alcance de los niños.
Yo lo he intentado, mantener ese niño bien despierto, bien activo. Leerle a mis hijos, escribirles, hablarles desde todas partes y hacerles sentir todo mi amor. Yo sigo leyendo aquellos libros que me hacen viajar, que me hacen soñar, que me hacen vivir cientos de vidas. Mi casa está llena de libros que están al alcance de la mano, de sus manos, de las mías, de las de mis amigos que llegan a casa para compartir una velada, una cena, una tarde cualquiera. Simplemente eso: mantengo los libros al alcance de los niños.
jueves, 8 de agosto de 2019
139. Reflexionar: tiempo al tiempo
En Octubre de 2015 comencé un periodo de reflexión que me permitiera mejorar. En aquel entonces sufría de ataques de angustia y pánico de manera diaria, y no era capaz de subir a un microbus, y menos de poder bajar al subte para movilizarme. Las únicas opciones eran la bicicleta, caminar o un automóvil. Las sensaciones comenzaban con gran pesadez mental y mucho sufrimiento corporal, sensaciones de descompensación física como bajas de presión, palpitaciones, taquicardia, sudoración, debilidad, dolor central y periférico, impresión de colapso físico inminente. Me había realizado toda clase de exámenes físicos y todos salían bien, "normales". Desde entonces han pasado cuatro años, y parece un tiempo tan lejano. Me siento agradecido de no sentir nada de eso hoy. Coincidentemente, mas o menos en aquel tiempo fue la última vez que nos vimos en Viña del Mar. Recuerdo que jugamos en la plaza de 15 Norte, y conversamos mucho, reímos y T me preguntó si nos volveríamos a ver la otra semana. Le dije que sí, (de verdad creía que sí), pero no llegó a suceder sino hasta febrero de 2016 cuando la visita de mi padre desde Austria permitió que nos viéramos en Viña, nuevamente en 15 Norte.
Hoy es agosto de 2019. Recuerdo otro agosto, en 1999, cuando decidimos comenzar un camino que cambió nuestras vidas, hace exactamente 20 años. En aquel entonces 20 años era toda nuestra vida.
Quizá cuando tenga tres veces 20 años logre mirar un poco mejor todo este panorama que nos entrega el cuadro de la vida. Me he enterado de cosas que me alegran, desde la distancia, desde el anonimato. Logros y con ello nuevas historias en sus propias vidas que me hacen sentir feliz.
Mi padre me ha preguntado si he pensado qué haré en mi vejez. Creo que se lo está preguntando él y entonces piensa en voz alta, sabiendo que yo ya he pensado en ello aunque no tengo una respuesta concreta, sé que quiero una vejez tranquila, en cualquier lugar en donde pueda amar la vida y a la gente que me rodea. Algún lugar donde pueda salir a caminar y a andar en bicicleta, donde pueda nadar, pescar, leer un libro por las tardes en compañía de un mate y de la mujer que amo. Al envejecer pienso en S y en nuestra vida juntos, en nuestros logros paso a paso desde una noche fría de luna llena en abril de 2012. Si soy afortunado envejeceremos juntos, pero no es algo que pueda saber hoy con certeza. Las cosas del tiempo son una incertidumbre. Miro un reloj que me regaló mi padre hace años y pienso que me gustaría decir que perteneció a mi abuelo antes, y lo hemos heredado. Pero la verdad es que fue mi padre el que lo compró en Turquía y me lo regaló aquella vez que vino de visita a Chile, en febrero de 2016.
El mes pasado estuve en Concepción y vi lo grande que está una parra que llevé desde el patio de mi casa en Ñuñoa hasta la casa de Barrio Norte. Ayer por la tarde miraba un árbol que plante en 2010 cuando llegué a aquella casa en Ñuñoa. Desde entonces salí y entré de aquella casa mientras el árbol creció silencioso. Hoy no tiene hojas, pero en primavera brotarán y volverá a dar sombra y frutos. Su historia está ligada a la mía, nos hemos visto cada día durante estos años en silencio. A veces me siento bajo su tronco y toco la guitarra mientras tomo unos mates. Otras leo un libro o solo veo pasar a la gente desde lejos.
Hoy es agosto de 2019, pero este post lo escribí bastante antes, una mañana de frío y sol en que tenía ganas de dejar que mis dedos se pasearan por el teclado plasmando mis pensamientos y mi visión del tiempo a través del tiempo, y de como me siento agradecido por sentirme mejor, de vivir una vida plena aunque exiliada, de amar sin reparos ni contemplaciones, de ser niño y viejo a la vez en un mismo post, en un mismo escrito, en un mismo tiempo y a la misma vez.
Hoy es agosto de 2019. Recuerdo otro agosto, en 1999, cuando decidimos comenzar un camino que cambió nuestras vidas, hace exactamente 20 años. En aquel entonces 20 años era toda nuestra vida.
Quizá cuando tenga tres veces 20 años logre mirar un poco mejor todo este panorama que nos entrega el cuadro de la vida. Me he enterado de cosas que me alegran, desde la distancia, desde el anonimato. Logros y con ello nuevas historias en sus propias vidas que me hacen sentir feliz.
Mi padre me ha preguntado si he pensado qué haré en mi vejez. Creo que se lo está preguntando él y entonces piensa en voz alta, sabiendo que yo ya he pensado en ello aunque no tengo una respuesta concreta, sé que quiero una vejez tranquila, en cualquier lugar en donde pueda amar la vida y a la gente que me rodea. Algún lugar donde pueda salir a caminar y a andar en bicicleta, donde pueda nadar, pescar, leer un libro por las tardes en compañía de un mate y de la mujer que amo. Al envejecer pienso en S y en nuestra vida juntos, en nuestros logros paso a paso desde una noche fría de luna llena en abril de 2012. Si soy afortunado envejeceremos juntos, pero no es algo que pueda saber hoy con certeza. Las cosas del tiempo son una incertidumbre. Miro un reloj que me regaló mi padre hace años y pienso que me gustaría decir que perteneció a mi abuelo antes, y lo hemos heredado. Pero la verdad es que fue mi padre el que lo compró en Turquía y me lo regaló aquella vez que vino de visita a Chile, en febrero de 2016.
El mes pasado estuve en Concepción y vi lo grande que está una parra que llevé desde el patio de mi casa en Ñuñoa hasta la casa de Barrio Norte. Ayer por la tarde miraba un árbol que plante en 2010 cuando llegué a aquella casa en Ñuñoa. Desde entonces salí y entré de aquella casa mientras el árbol creció silencioso. Hoy no tiene hojas, pero en primavera brotarán y volverá a dar sombra y frutos. Su historia está ligada a la mía, nos hemos visto cada día durante estos años en silencio. A veces me siento bajo su tronco y toco la guitarra mientras tomo unos mates. Otras leo un libro o solo veo pasar a la gente desde lejos.
Hoy es agosto de 2019, pero este post lo escribí bastante antes, una mañana de frío y sol en que tenía ganas de dejar que mis dedos se pasearan por el teclado plasmando mis pensamientos y mi visión del tiempo a través del tiempo, y de como me siento agradecido por sentirme mejor, de vivir una vida plena aunque exiliada, de amar sin reparos ni contemplaciones, de ser niño y viejo a la vez en un mismo post, en un mismo escrito, en un mismo tiempo y a la misma vez.
jueves, 25 de julio de 2019
138. Otro 25 de julio
Cumplir 10 años es algo que a los 10 años de vida no se valora tanto como si fueran 10 años junto a una pareja, o viajando o haciendo algo que nos ha tomado una década. Yo cumplí 10 años de vida en 1986 y poco lo recuerdo. Luego en 1991 cumplí 10 años en el colegio, en 2010 también cumplí 10 años pero esta vez era de pareja en matrimonio, en 2014 una década desde que entré a la universidad. He cumplido varios 10 años en estos pocos mas de 40 años, pero T cumple hoy sus primeros 10 años y es todo un pequeño hombre, un gran niño, un bello hijo.
Este año ha pasado muy rápido (y parece que cada año va pasando más rápido que el anterior) y ya es 25, cumpleaños, celebración, abrazos, sonrisas.
Que sean felices 10, que el amor sea parte de tus sonrisas, tus abrazos, tu manera de ver la vida. Que desde ya te asombren las cosas simples, los amaneceres, los ricos almuerzos en familia y todo aquello que hace que vivir sea un viaje hermoso.
Este año ha pasado muy rápido (y parece que cada año va pasando más rápido que el anterior) y ya es 25, cumpleaños, celebración, abrazos, sonrisas.
Que sean felices 10, que el amor sea parte de tus sonrisas, tus abrazos, tu manera de ver la vida. Que desde ya te asombren las cosas simples, los amaneceres, los ricos almuerzos en familia y todo aquello que hace que vivir sea un viaje hermoso.
domingo, 7 de julio de 2019
137. Conversaciones de los últimos días
Recientemente hemos conversado con un grupo de personas (amigos mayormente) que son cristianas y ateas un hecho que pareciera ser trascendental: se ha declarado que el nivel de impacto en el planeta producto de las actividades humanas ha llegado a un punto que puede ser irreversible: quizá sea un punto de impacto que haga peligrar toda la biodiversidad existente, incluido el hombre. En broma uno de ellos que es ateo (en tono de burla también) señaló que puede ser el cumplimiento de lo predicho por las escrituras sobre las calamidades de los últimos días. Otro de ellos señaló que sumado a eso resulta casi contradictorio que cada vez la sociedad va empeorando en vez de mejorar, la gente parece ser más egoísta, menos empática, menos amigable, menos consciente con nosotros mismos los seres humanos; en otras palabras teniendo todas las herramientas para ser una sociedad mejor por todo lo que tenemos en estos tiempo, solo parece ser que vamos camino a aislarnos, a destruirnos y a ser menos sociales con la gente cercana (vecinos) y más sociales por las redes virtuales (apariencia de ser amables). Yo pensaba en las profecías descritas: Grandes desastres llenaran la tierra (cambio global como nunca antes), guerras y rumores de guerra (esto se ha mantenido desde siempre y no disminuye un poco sino que parece aumentar), el amor de los hombres se enfriará (este alejamiento social y humano del que hablaban, además de que hoy como nunca antes las generaciones actuales simplemente no quieren tener hijos privilegiando su autonomía personal a la familia), y quizá la que más me da vueltas en la cabeza ya que cuando niño siempre me lo cuestioné y me preguntaba cómo podría ser posible: Cuando venga el Cristo "todo ojo lo verá"... y si bien esto parecía algo casi mágico hace unas décadas, hoy es una realidad: si viniera Cristo hoy o pronto, sin duda todo ojo lo vería gracias a nuestra tecnología que portamos cada uno de nosotros.
Quizá nos acerquemos a los últimos días, quizás estemos en ellos o quizás no existan en lo absoluto. Pero al menos para mí resulta interesante que estas predicciones realizadas durante el siglo I comiencen a verse bastante similar a lo que ocurre en el siglo XXI. Como creyente en las enseñanzas de Cristo y en su segunda venida, las señales de los últimos días me parecen estar cumpliéndose, por lo cual al menos para mí lo que antes parecía lejano he imposible, hoy se va convirtiendo en una realidad que no puedo dejar de apreciar.
Otro punto importante que hemos tocado en nuestras conversaciones es si las cosas suceden porque fueron predichas (es decir, como algo inevitable ya que fueron predichas) o suceden como algo inevitable porque simplemente ya sucedieron así en el futuro y alguien las pudo pre-ver como si fuese una película y luego nos cuenta el final como un aviso de lo que acontecerá, y nada tienen que ver con el hecho de que han sido predichas. En otras palabras y llevando este ejemplo nuevamente a las películas, es como preguntarse si realmente suceden porque fue el guionista el que nos dio un spoiler, o fue un espectador de la película final que la pudo ver antes que nadie y no tiene influencia en el guión, solo en ser un espectador primero de lo sucedido en el film quien nos da el spoiler. Estas preguntas en base a si pudiera existir un final levemente diferente a lo predicho, o simplemente vamos camino a un desenlace inevitable. Como sea, para mi siempre lo importante será vivir y actuar en consecuencia con una vida honesta y sencilla, consciente con el planeta y con el prójimo, dispuesto a ser parte de aquellos que creen que independiente de lo que haga la sociedad, vivimos la vida a fondo con respeto hacia nosotros mismos y hacia todo aquel que habita este hermoso planeta.
Quizá nos acerquemos a los últimos días, quizás estemos en ellos o quizás no existan en lo absoluto. Pero al menos para mí resulta interesante que estas predicciones realizadas durante el siglo I comiencen a verse bastante similar a lo que ocurre en el siglo XXI. Como creyente en las enseñanzas de Cristo y en su segunda venida, las señales de los últimos días me parecen estar cumpliéndose, por lo cual al menos para mí lo que antes parecía lejano he imposible, hoy se va convirtiendo en una realidad que no puedo dejar de apreciar.
Otro punto importante que hemos tocado en nuestras conversaciones es si las cosas suceden porque fueron predichas (es decir, como algo inevitable ya que fueron predichas) o suceden como algo inevitable porque simplemente ya sucedieron así en el futuro y alguien las pudo pre-ver como si fuese una película y luego nos cuenta el final como un aviso de lo que acontecerá, y nada tienen que ver con el hecho de que han sido predichas. En otras palabras y llevando este ejemplo nuevamente a las películas, es como preguntarse si realmente suceden porque fue el guionista el que nos dio un spoiler, o fue un espectador de la película final que la pudo ver antes que nadie y no tiene influencia en el guión, solo en ser un espectador primero de lo sucedido en el film quien nos da el spoiler. Estas preguntas en base a si pudiera existir un final levemente diferente a lo predicho, o simplemente vamos camino a un desenlace inevitable. Como sea, para mi siempre lo importante será vivir y actuar en consecuencia con una vida honesta y sencilla, consciente con el planeta y con el prójimo, dispuesto a ser parte de aquellos que creen que independiente de lo que haga la sociedad, vivimos la vida a fondo con respeto hacia nosotros mismos y hacia todo aquel que habita este hermoso planeta.
domingo, 16 de junio de 2019
136. Día del Padre 2019
Siempre tengo esa secreta esperanza de un mensaje, de un gesto que me llegue desde algún lugar quizás como una especie de clave morse, de enigma, de código, o simple cotidianidades como un post, una imagen, un grafo cualquiera. Estoy mirando la luna llena que hoy asomó hermosa y majestuosa por la cordillera. El cielo despejado, y se siente un frío que te besa la cara. Pienso en otras noches ya tan lejanas que a veces me pregunto si en realidad existieron, si en verdad hubieron abrazos largos, apretados y cálidos. La distancia se siente con mi propio padre a quien quisiera abrazar, pero con quien pudimos hablar gracias a la tecnología de hoy.
Han pasado meses desde que no he tenido pesadez en mi mente, dolor de alma, angustia, aprensión en el pecho. La vida se siente y se vive hermosa, tranquila, serena. Hoy hubo sol, pero estos días llovió con intensidad. Parece que todo fuera así de sencillo, así de cambiante, así de cíclico. Respiro profundo y siento como si estuviera comiendo una pastilla de menta de tan fresco que está el aire de Junio. Santiago es hermosa en esta época y la montaña se encuentra nevada, imponente, pero ya es de noche y solo puedo imaginarla porque la oscuridad la oculta de mi mirada. Y allí, parado en la calle el mate me hace compañía mientras espero que la vida solo suceda y que yo pueda captarla, sentirla, ser parte de este momento simple donde la ciudad gira y se mueve, los vehículos pasan, la gente va con paso apretado hacia sus hogares escapando de este frío otoñal.
Entonces me entro, tomo mi guitarra y la toco un rato, canto y me encuentro con esa parte de mi que me conecta con mi historia, con mis pasiones más básicas y simples. Recuerdo cuando hace años yo era un adolescente que tocaba con los compañeros del colegio canciones en inglés y español en los recreos y cambios de hora. Hoy la vida es tan distinta pero tan similar que a veces me cuesta pensar que han pasado más de 20 años.
Se va este día, otro día del padre, otro junio, otro año, otro momento lleno de momentos, y tan vacíos de momentos.
Han pasado meses desde que no he tenido pesadez en mi mente, dolor de alma, angustia, aprensión en el pecho. La vida se siente y se vive hermosa, tranquila, serena. Hoy hubo sol, pero estos días llovió con intensidad. Parece que todo fuera así de sencillo, así de cambiante, así de cíclico. Respiro profundo y siento como si estuviera comiendo una pastilla de menta de tan fresco que está el aire de Junio. Santiago es hermosa en esta época y la montaña se encuentra nevada, imponente, pero ya es de noche y solo puedo imaginarla porque la oscuridad la oculta de mi mirada. Y allí, parado en la calle el mate me hace compañía mientras espero que la vida solo suceda y que yo pueda captarla, sentirla, ser parte de este momento simple donde la ciudad gira y se mueve, los vehículos pasan, la gente va con paso apretado hacia sus hogares escapando de este frío otoñal.
Entonces me entro, tomo mi guitarra y la toco un rato, canto y me encuentro con esa parte de mi que me conecta con mi historia, con mis pasiones más básicas y simples. Recuerdo cuando hace años yo era un adolescente que tocaba con los compañeros del colegio canciones en inglés y español en los recreos y cambios de hora. Hoy la vida es tan distinta pero tan similar que a veces me cuesta pensar que han pasado más de 20 años.
Se va este día, otro día del padre, otro junio, otro año, otro momento lleno de momentos, y tan vacíos de momentos.
jueves, 6 de junio de 2019
135. Rutinas de ayer y de hoy
Creo que en general estamos marcados por rutinas que nos imponen los tiempos y la sociedad, nuestros intereses, nuestros momentos.
Mis primeras rutinas incluían despertar y orar, desayunar e ir al colegio, salir del colegio e ir a almorzar donde mi Abuela Marta, pasar las tardes leyendo y estudiando, orar y acostarme. Una rutina que siempre recuerdo es ver Robotech en el canal 13 a las 17 horas. Mis segundas rutinas cambiaron el ir al colegio por ir a la universidad, e incluyó el ir a la iglesia varias veces a las semanas por reuniones de mis llamamientos (participación) en ella y por deporte. En efecto una rutina que se destaca de aquella época era jugar babyfútbol los lunes, miércoles y viernes a las 20 hrs con los amigos. Mis terceras rutinas fueron las de un hombre casado y con hijos, y cambiaron el ir a almorzar siempre donde mi abuela a ir de vez en vez, almorzar en casa con mi esposa, hacer dormir a mi hija (y luego a mis otros hijos) la siesta y por las noches mientras les cantaba alguna canción, salir los fines de semana a comer algo o a pasear juntos. Quizá la rutina que más atesoro es dar de comer y luego hacer dormir a mis hijos cantándoles una canción, donde muchas veces me quedaba dormido yo y ellos seguían despiertos dando vuelta por la cama. Mis cuartas rutinas cambiaron la universidad por el trabajo y el pasar tiempo con mis hijos por estar solo. La soledad es una dura rutina cuando no se está acostumbrado a ella. Cuando la vida te obliga a cambiar todo tu esquema de vida. Nunca antes había incorporado el tocar guitarra y ver series como algo tan importante en mis rutinas diarias. Con el tiempo incorporé el yoga como rutina, el salir a correr, la jardinería y jugar ajedrez en plaza de armas.
Hoy a mis 42 años mis rutinas son muy entretenidas, aunque extraño algunas que me han sido impedidas, disfruto las que puedo hacer. Cuido mi espíritu y mi cuerpo durmiendo las horas necesarias para un buen descanso y luego comenzando el día con despertar y orar, hacer ejercicio de flujo dinámico (yoga, taichi, Qi Gon), meditar, desayunar. Cultivo mi mente, leo, comparto por redes sociales y me entero un poco de las noticias, sobre filosofía y política, dedico tiempo a escribir poesía, relatos y de todo un poco en el blog. Voy a trabajar en bicicleta, disfruto el camino, del trabajo sistemático y de volver a casa y tomar mate y leer, cuidar mi huerta, regar, cosechar algo para la once o almuerzo de mañana, tocar guitarra, jugar una partida de ajedrez on line, cocinar algo para el día siguiente, conversar con mi pareja sobre su día y otras cosas que fortalece nuestro amor y nuestra sociedad como pareja. Entonces por lo general aprovecho de leer otro poco, llamar por teléfono a la familia (principalmente a mi tía Marta), luego ver alguna película juntos (o serie), orar y dormir. Una de las rutinas que más atesoro en esta época son nuestras salidas de viernes por la noche o de fin de semana a caminar, a comer o tomar algo, a recorrer la ciudad o a la naturaleza, museos, restaurantes, a tomar mate en alguna plaza.
Gracias por una vida de rutinas hermosas.
Mis primeras rutinas incluían despertar y orar, desayunar e ir al colegio, salir del colegio e ir a almorzar donde mi Abuela Marta, pasar las tardes leyendo y estudiando, orar y acostarme. Una rutina que siempre recuerdo es ver Robotech en el canal 13 a las 17 horas. Mis segundas rutinas cambiaron el ir al colegio por ir a la universidad, e incluyó el ir a la iglesia varias veces a las semanas por reuniones de mis llamamientos (participación) en ella y por deporte. En efecto una rutina que se destaca de aquella época era jugar babyfútbol los lunes, miércoles y viernes a las 20 hrs con los amigos. Mis terceras rutinas fueron las de un hombre casado y con hijos, y cambiaron el ir a almorzar siempre donde mi abuela a ir de vez en vez, almorzar en casa con mi esposa, hacer dormir a mi hija (y luego a mis otros hijos) la siesta y por las noches mientras les cantaba alguna canción, salir los fines de semana a comer algo o a pasear juntos. Quizá la rutina que más atesoro es dar de comer y luego hacer dormir a mis hijos cantándoles una canción, donde muchas veces me quedaba dormido yo y ellos seguían despiertos dando vuelta por la cama. Mis cuartas rutinas cambiaron la universidad por el trabajo y el pasar tiempo con mis hijos por estar solo. La soledad es una dura rutina cuando no se está acostumbrado a ella. Cuando la vida te obliga a cambiar todo tu esquema de vida. Nunca antes había incorporado el tocar guitarra y ver series como algo tan importante en mis rutinas diarias. Con el tiempo incorporé el yoga como rutina, el salir a correr, la jardinería y jugar ajedrez en plaza de armas.
Hoy a mis 42 años mis rutinas son muy entretenidas, aunque extraño algunas que me han sido impedidas, disfruto las que puedo hacer. Cuido mi espíritu y mi cuerpo durmiendo las horas necesarias para un buen descanso y luego comenzando el día con despertar y orar, hacer ejercicio de flujo dinámico (yoga, taichi, Qi Gon), meditar, desayunar. Cultivo mi mente, leo, comparto por redes sociales y me entero un poco de las noticias, sobre filosofía y política, dedico tiempo a escribir poesía, relatos y de todo un poco en el blog. Voy a trabajar en bicicleta, disfruto el camino, del trabajo sistemático y de volver a casa y tomar mate y leer, cuidar mi huerta, regar, cosechar algo para la once o almuerzo de mañana, tocar guitarra, jugar una partida de ajedrez on line, cocinar algo para el día siguiente, conversar con mi pareja sobre su día y otras cosas que fortalece nuestro amor y nuestra sociedad como pareja. Entonces por lo general aprovecho de leer otro poco, llamar por teléfono a la familia (principalmente a mi tía Marta), luego ver alguna película juntos (o serie), orar y dormir. Una de las rutinas que más atesoro en esta época son nuestras salidas de viernes por la noche o de fin de semana a caminar, a comer o tomar algo, a recorrer la ciudad o a la naturaleza, museos, restaurantes, a tomar mate en alguna plaza.
Gracias por una vida de rutinas hermosas.
domingo, 5 de mayo de 2019
134. Lo correcto
Caminar por esta vida es equivocarse, aprender, intentar mejorar (para algunos, otros simplemente no lo intentan) y crecer como persona. En lo particular soy un hombre criado en una cultura cristiana, que cree en Jesús el Cristo y en sus enseñanzas. Muchas veces se me ha hecho difícil hacer lo que creo que es correcto, porque sé que en el camino otros se están aprovechando de mi y muchas veces sé de antemano que por hacer lo correcto voy a perder. Pero es una de mis creencias el hecho de que se puede ganar o perder en algunas cosas, pero mantener la integridad de lo correcto es primordial. Muchas veces tampoco he sabido con exactitud qué es lo correcto, y he tenido que elegir una opción que con el tiempo tampoco ha logrado definir si al final era o no lo correcto en aquel momento. Por ejemplo, si alguien te hiere en la mejilla ¿lo correcto es poner la otra mejilla o devolverle la bofetada? Es difícil devolver una bofetada cuando se es pacifista, cuando se está en contra de la violencia. En filosofía lo moral es un tema de amplio debate, sobre todo cuando se trata de elegir lo moralmente correcto. Uno de los temas clásicos es la elección de salvar una vida o diez. En términos numéricos salvar diez parece lo lógico y lo correcto, pero no es claro el hecho de que diez vidas valgan más que una, sobre todo si el ejemplo agrega información del tipo "son diez soldados o el presidente del país", porque entones parece lógico que es moralmente correcto salvar una vida (la del presidente) y perder las otras diez (la de los soldados que están allí para dar la vida por su presidente).
Lo correcto a veces parece fácil de definir, otras veces entra en un campo de incertidumbre que hace que la elección sea más difícil. Las consecuencias de nuestras elecciones pueden ser difíciles de sobrellevar, aunque parezca que hayamos hecho lo correcto originalmente. En mi caso no puedo dejar de pensar en una serie de elecciones que han llevado a este presente, donde me encuentro lejos de mis hijos y donde ellos ademas creen cosas erróneas de mí. En retrospectiva pareciera que las primeras elecciones llevaron a este presente tan lleno de mentiras y alejamientos. ¿Hubiera cambiado algo el elegir acciones diferentes?. Sí, al menos una cosa: yo no tendría mi conciencia tranquila porque no hubiera actuado haciendo lo que creía correcto. No sé si he elegido bien, no sé si el futuro me dará la razón en lo decidido, solo sé que estoy tranquilo por hacer lo que he creído correcto en un tiempo donde muchos escogen lo fácil, lo moralmente cuestionable por el solo hecho de obtener un resultado que les acomode o entregue ventajas aprovechándose de otros sin escrúpulos ni moral.
Lo correcto a veces parece fácil de definir, otras veces entra en un campo de incertidumbre que hace que la elección sea más difícil. Las consecuencias de nuestras elecciones pueden ser difíciles de sobrellevar, aunque parezca que hayamos hecho lo correcto originalmente. En mi caso no puedo dejar de pensar en una serie de elecciones que han llevado a este presente, donde me encuentro lejos de mis hijos y donde ellos ademas creen cosas erróneas de mí. En retrospectiva pareciera que las primeras elecciones llevaron a este presente tan lleno de mentiras y alejamientos. ¿Hubiera cambiado algo el elegir acciones diferentes?. Sí, al menos una cosa: yo no tendría mi conciencia tranquila porque no hubiera actuado haciendo lo que creía correcto. No sé si he elegido bien, no sé si el futuro me dará la razón en lo decidido, solo sé que estoy tranquilo por hacer lo que he creído correcto en un tiempo donde muchos escogen lo fácil, lo moralmente cuestionable por el solo hecho de obtener un resultado que les acomode o entregue ventajas aprovechándose de otros sin escrúpulos ni moral.
miércoles, 24 de abril de 2019
133. Lluvia de abril
Cae la lluvia tímida hoy pasado el medio día y yo me abstraigo en su belleza efímera, esa que sé que no va a durar más que unos minutos y ni siquiera va a mojar bien el pavimento o la tierra. Afuera la gente corre, como si esas pequeñas gotas fueran a causar algo en la ropa, en el cabello o en la salud. Suspiro, extraño la lluvia en su sentido verdadero. Acá no llueve casi nunca, pero hay algo así como cinco días al año en que las calles se inundan y todo se desborda. El resto del tiempo es tan breve que es como si no hubiese ocurrido. Dicen que este será un invierno lluvioso. Eso sería lindo, sobre todo porque como país estamos atravesando por una sequía importante, que alcanza el 37% de deficit, y aún así como sociedad no hacemos casi nada, no cambiamos nuestras costumbres de uso de agua, de perder y dejar correr el agua, de sobreexplotarla en la agricultura y en las industrias mineras, de contaminarla. Hemos perdido algo como sociedad, y parece que no lo hemos notado o no nos importa.
Entonces llueve escasamente, y pienso que algo parecido me sucede con mis ideas este último tiempo, que son como la lluvia de hoy, que no alcanza a mucho más que para unas pocas líneas por aquí y por allá. Pero así como mi lado creativo ha estado algo apagado estos días, mi lado más curioso ha estado muy despierto y he estado inmerso en libros, tutoriales, y otras publicaciones relevantes sobre nuevos temas que he tenido que ir aprendiendo y adquiriendo debido a las diversas áreas que he estado desarrollando durante marzo y abril. Voy muy bien encaminado con estos desafíos y me parece interesante y estimulante estar embarcado en cosas nuevas que requieren un esfuerzo adicional a las capacidades intelectuales en diversos aspectos de la biología, la programación, la administración, la estadística y los idiomas. Me motiva esta etapa que me deja con un agotamiento estimulante. Quizá sea este mismo agotamiento el que hace escasear la creatividad en otras materias, pero así son los ciclos en la vida.
Y finalmente veo que otro abril se está yendo por entre los dedos, y la distancia es la misma o incluso tal vez mas grande con aquellos que amo y que mi corazón anhela reencontrar.
Entonces llueve escasamente, y pienso que algo parecido me sucede con mis ideas este último tiempo, que son como la lluvia de hoy, que no alcanza a mucho más que para unas pocas líneas por aquí y por allá. Pero así como mi lado creativo ha estado algo apagado estos días, mi lado más curioso ha estado muy despierto y he estado inmerso en libros, tutoriales, y otras publicaciones relevantes sobre nuevos temas que he tenido que ir aprendiendo y adquiriendo debido a las diversas áreas que he estado desarrollando durante marzo y abril. Voy muy bien encaminado con estos desafíos y me parece interesante y estimulante estar embarcado en cosas nuevas que requieren un esfuerzo adicional a las capacidades intelectuales en diversos aspectos de la biología, la programación, la administración, la estadística y los idiomas. Me motiva esta etapa que me deja con un agotamiento estimulante. Quizá sea este mismo agotamiento el que hace escasear la creatividad en otras materias, pero así son los ciclos en la vida.
Y finalmente veo que otro abril se está yendo por entre los dedos, y la distancia es la misma o incluso tal vez mas grande con aquellos que amo y que mi corazón anhela reencontrar.
miércoles, 20 de marzo de 2019
132. Equinoccio de Otoño en el hemisferio sur
Los equinoccios ocurren dos veces al año y son momentos en los que el día y la noche tienen la misma duración. No solemos pensar mucho en este hecho, ni en el que todos los planetas del sistema solar experimentan equinoccios. Este fenómeno tiene lugar cuando el sol se encuentra exactamente sobre el ecuador de un planeta. Hoy por la tarde a las 18:58 hrs de Chile ha llegado el Otoño, coincidiendo con un atardecer de colores anaranjados en el horizonte y un cielo parcialmente cubierto de nubes que iban cambiando su forma por el viento de lo alto. A esa hora yo me encontraba en mi cotidiana rutina de regar mi jardín y antejardín, remover las hojas que quitan fuerzas a las plantas, cosechar algunos tomates y albahaca para la comida de mañana. Son estos pequeños actos cotidianos en los que encuentro paz y placer, pues me siento conectado con mi tierra, con mis raíces y tradiciones porque somos gente de la tierra, que honramos y conservamos el amor por la naturaleza y todo aquello que nos provee. Esta semana es el tiempo de plantar verduras y hortalizas que aprovechan la baja luz del otoño y las bajas de temperaturas para prosperar y entregar su fruto, sus aromas, sus colores. Desde hoy cada noche será más larga hasta llegar al 21 de Junio, cuando la noche es mas larga y comienza acortar su duración hasta el próximo equinoccio de Primavera el 21 de Septiembre. La belleza de los ciclos y las estaciones es que nos sacan de nuestra zona de confort, y nos obligan a movernos, nos llevan al cambio permanente.
El fin del verano trajo hermosos atardeceres, tardes en el patio acompañado de un mate amargo y leyendo hasta que la última luz del día desaparecía y las estrellas comenzaban a hacerse visibles en el firmamento. Hace pocas noches mirando el cielo nocturno vimos con S unos satélites cruzar de sur a norte el cielo. Fue como hacer un pequeño descubrimiento, como si fuéramos testigos de un instante especial donde quizá otros pocos también observaban el cielo pero una gran mayoría solo estaría mirando una pantalla, conectado con el mundo virtual. Cálidos anocheceres, hermoso verano que nos abandona un año más para dar paso al otoño 2019. Gracias por la brevedad de su belleza.
lunes, 28 de enero de 2019
131. Ser, no parecer.
Hoy las apariencias se toman las redes sociales, pero aún peor, la vida misma y cotidiana. Dentro de nuestro mundo virtual nos vemos rodeados de gente que parece tener una vida maravillosa, maestros espirituales que nos venden una vida "consciente" y sana, y de toda clase de accesorios, comidas, objetos y manuales para transitar el camino de la espiritualidad y la bondad. Y sin embargo me duele y me causa incluso cierto asco saber que muchos de los que promueven lo bello, lo virtuoso, lo espiritual solo son actores que aparentan, mas no son.
Es cierto que hay un grupo importante que lo intenta, y equivoca el camino. A ellos no me refiero, porque de ellos soy parte muchas veces. Me refiero a aquellos que conscientemente se aprovechan, aparentan, degradan.
Seamos amables, seamos corteses, seamos felices, seamos espirituales. La salud de una persona y de una sociedad es un conjunto que incluye el bienestar físico, emocional y espiritual. Ya basta de parecer bondadosos, seamos bondadosos. Apariencia de gente siendo feliz y haciendo bien en el mundo hay bastante, pero gente siendo feliz y haciendo lo que predica es escasa.
Busquemos aquello que nos permita tener una vida plena, y que permita a los demás sentirse plenos también. Aprendamos a pensar y a considerar al otro, a nuestro próximo y sus necesidades así como las nuestras propias. Si hasta hoy hemos equivocado el camino, entonces comencemos a transitar uno nuevo, uno en el que seamos actores de nuestra felicidad y plenitud sin pasar por encima (y destruyendo) a nuestro próximo, nuestros hijos, nuestros padres, nuestros amigos, nuestro amor pasado o presente. Hagamos un esfuerzo por ser aquello que predicamos parecer. Y si no predicamos nada, mejor, solo seamos y unámonos a otros que tengan estos mismos sueños y deseos de mejorar nuestro entorno, nuestra vida y nuestra sociedad.
Asimismo, no seamos de aquellos que ven la vida pasar. Seamos participes de la vida, hay grandeza en las pequeñas cosas cotidianas. Hay belleza en todo lo que nos rodea. No la destruyamos, sino que seamos uno con ella, y ayudemos a otros a ser parte también. Alejemonos del egoísmo de la alabanza de otros. Busquemos y seamos en silencio un aporte en donde estemos. Que este 2019 sea un camino con obstáculos que nos permitan crecer, y con abundancia para agradecer y compartir.
Es cierto que hay un grupo importante que lo intenta, y equivoca el camino. A ellos no me refiero, porque de ellos soy parte muchas veces. Me refiero a aquellos que conscientemente se aprovechan, aparentan, degradan.
Seamos amables, seamos corteses, seamos felices, seamos espirituales. La salud de una persona y de una sociedad es un conjunto que incluye el bienestar físico, emocional y espiritual. Ya basta de parecer bondadosos, seamos bondadosos. Apariencia de gente siendo feliz y haciendo bien en el mundo hay bastante, pero gente siendo feliz y haciendo lo que predica es escasa.
Busquemos aquello que nos permita tener una vida plena, y que permita a los demás sentirse plenos también. Aprendamos a pensar y a considerar al otro, a nuestro próximo y sus necesidades así como las nuestras propias. Si hasta hoy hemos equivocado el camino, entonces comencemos a transitar uno nuevo, uno en el que seamos actores de nuestra felicidad y plenitud sin pasar por encima (y destruyendo) a nuestro próximo, nuestros hijos, nuestros padres, nuestros amigos, nuestro amor pasado o presente. Hagamos un esfuerzo por ser aquello que predicamos parecer. Y si no predicamos nada, mejor, solo seamos y unámonos a otros que tengan estos mismos sueños y deseos de mejorar nuestro entorno, nuestra vida y nuestra sociedad.
Asimismo, no seamos de aquellos que ven la vida pasar. Seamos participes de la vida, hay grandeza en las pequeñas cosas cotidianas. Hay belleza en todo lo que nos rodea. No la destruyamos, sino que seamos uno con ella, y ayudemos a otros a ser parte también. Alejemonos del egoísmo de la alabanza de otros. Busquemos y seamos en silencio un aporte en donde estemos. Que este 2019 sea un camino con obstáculos que nos permitan crecer, y con abundancia para agradecer y compartir.
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