A veces me parece que la vida se puede dividir en acciones binarias: bueno / malo, sano / enfermo, feliz / infeliz, etc. Pero esa no es más que llevar a su máxima simplicidad una vida que es compleja, que está llena de matices y bemoles. Supongo que algunas cosas tienden a tener menos matices que otras, pero incluso lo que a veces se ha clasificado como una gran y absoluta "A", con el paso del tiempo puede cambiar y comenzar a tener tonalidades de "B".
Y es que todo está en constante cambio. Ayer la persona que conocias y que dejabas entrar en tu vida hoy ya no la dejas, ya no forma parte de nada, mientras aquel que no querías en tu vida hoy es tu mejor amigo. ¿Y que cambió? La vida cambia, la vida pasa, la vida que te lleva y te arrastra por caminos que cremos seguros y que se vuelven vertiginosos, desconocidos.
Para comprender el mundo nuestra mente tiende de manera algo "natural" a clasificar todo, a ponerlo en algún lugar que nos permita comprenderlo mejor, asociarlo a algo, emparentarlo con algo que ya conocemos y que forma parte de nuestra experiencia. En ese proceso las asociaciones realizadas nos entregan información que nosotros aceptamos como verdaderas arraigándose en lo que constituyen nuestras creencias. Cuando estas creencias se ven forzadas a cambiar o se tambalean es cuando nuestra propia personalidad y construcción del mundo se ve amenzada, despertando las alertas que nuestro cerebro maneja de manera diferente, pudiendo sentirse miedo, angustia, soledad, tristeza, alegria, esperanza, etc.
La clave es la flexibilidad, la capacidad de adaptarnos a estos cambios comprendiendo que simplemente nada es binario ni absoluto. La filosofía oriental lo ha enseñado como "ser como el agua", la cual se adapta a los diferentes recipientes, y cambia de forma y de estado segun las circunstancia no dejando nunca de ser agua ya sea en estado sólido, líquido o gaseoso. Para mi esto es simplemente hermoso. La clave es cultivar atributos que nos permitan comprender de manera flexible la misma flexibilidad de la vida. Sin duda tener un cuerpo flexible es dificil y se logra luego de mucho esfuerzo, por tanto y asimismo, tener una mente flexible necesita el mismo camino de dedicación y esfuerzo cotidiano. Una vida de aprendizaje y reflexión es una conducta necesaria para ir adaptando poco a poco lo mental, espiritual y físico a las experiencias que vamos sumando con el tiempo. Un tiempo que una vez transitado parece tan breve, que cuesta creer que sea el camino que nosotros llamamos la vida de cada uno.
Y simplemente abrirse al cambio, a la permanencia pasajera, al equilibrio dinámico.
viernes, 13 de octubre de 2017
martes, 3 de octubre de 2017
110. Ser como niños
Tal vez una de las cosas más bellas de tener hijos es el no olvidarnos de ser como niños. Cuando vivimos en un mundo de adultos, rodeados de adultos y con problemas de adultos, el niño que llevamos dentro parece dormirse muy profundo en nuestro interior. Pero cuando nos rodeamos de niños, entonces recordamos la magia de jugar, de reír, de bailar y hacer cosas que normalmente no se hacen en la vida "adulta": tirarse en el suelo para armar o desarmar algo, usar la imaginación y creer que una botella vacía es una nave espacial, sentarse enfrente del televisor a ver dibujos animados, etc.
Hoy cumplo 41 años y me pregunto cuánto del niño que fui sigue en mí. Hay cosas que siempre me han llamado la atención en la forma en que se desenvuelven los niños: sociabilizan con otro niño muy fácilmente como si se hubiesen conocido de toda la vida; confían en aquellos que aman sin dobles estándares; abrazan con fruición; se desenvuelven con solidaridad y honestidad; se asombran con las cosas simples de la vida.
Algunas de las cosas que mantengo desde la niñez: despertarme y levantarme temprano (rara vez duermo hasta tarde), leer historias gráficas (cómics) y libros de aventura, jugar rol y cartas, ¡dibujar!, tirarme en el suelo para contemplar pasar las horas, confiar en los que amo sin cuestionamientos (aunque eso me ha costado más de algún dolor), hablar con desconocidos que me causan buena impresión, asombrarme con las cosas simples como la forma de las nubes, los colores del amanecer y del atardecer, el canto de las aves por la mañana en mi ventana, buscar desafíos para superar y cosas nuevas para aprender siempre, sentirme pleno con poco, procuro construir puentes y no muros.
Hoy cumplo 41 años y me pregunto cuánto del niño que fui sigue en mí. Hay cosas que siempre me han llamado la atención en la forma en que se desenvuelven los niños: sociabilizan con otro niño muy fácilmente como si se hubiesen conocido de toda la vida; confían en aquellos que aman sin dobles estándares; abrazan con fruición; se desenvuelven con solidaridad y honestidad; se asombran con las cosas simples de la vida.
Algunas de las cosas que mantengo desde la niñez: despertarme y levantarme temprano (rara vez duermo hasta tarde), leer historias gráficas (cómics) y libros de aventura, jugar rol y cartas, ¡dibujar!, tirarme en el suelo para contemplar pasar las horas, confiar en los que amo sin cuestionamientos (aunque eso me ha costado más de algún dolor), hablar con desconocidos que me causan buena impresión, asombrarme con las cosas simples como la forma de las nubes, los colores del amanecer y del atardecer, el canto de las aves por la mañana en mi ventana, buscar desafíos para superar y cosas nuevas para aprender siempre, sentirme pleno con poco, procuro construir puentes y no muros.
domingo, 1 de octubre de 2017
109. Sufrir
No se está excento de sufrir, al parecer esa es una verdad universal. Pero la naturaleza del sufrimiento es particular a cada individuo. Una de las mayores causas de mi sufrimiento en particular es la injusticia y la desigualdad en nuestra sociedad, la pobreza, el maltrato y el abuso. Durante mi vida he luchado de muchas maneras para producir aunque fuese un pequeño cambio en esto que tanto me aflije, pero no he podido hacer mucho y por eso sufro. Hace solo unos días llovía y hacía frío. Yo volvía del trabajo en automóvil y en un rojo me detuve justo frente a un hombre que estaba sentado bajo el alero de un negocio, con las piernas juntas, los brazos rodeándolo para sentir mayor calor pues solo llevaba una chaqueta de vestir. Ni siquiera podía protegerse bien de la lluvia suave. Se me partió el corazón y me arrepiento de no haberle hecho caso a mi impulso de bajarme y darle la chaqueta que yo tenía puesta. ¿Cómo es que no lo hice?. Solo sé que nunca más dejaré pasar algo así. Ahora mismo mientras escribo estas lineas mis ojos se humedecen porque la pena embarga mi alma. Ojalá todos pudiéramos hacer de este mundo un lugar mejor, y seamos alguna vez un instrumento para aliviar el sufrimiento de otros, y fomentar la felicidad y la paz.
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