viernes, 13 de octubre de 2017

111. Reflexionar: acciones que no son binarias

A veces me parece que la vida se puede dividir en acciones binarias: bueno / malo, sano / enfermo, feliz / infeliz, etc. Pero esa no es más que llevar a su máxima simplicidad una vida que es compleja, que está llena de matices y bemoles. Supongo que algunas cosas tienden a tener menos matices que otras, pero incluso lo que a veces se ha clasificado como una gran y absoluta "A", con el paso del tiempo puede cambiar y comenzar a tener tonalidades de "B".

Y es que todo está en constante cambio. Ayer la persona que conocias y que dejabas entrar en tu vida hoy ya no la dejas, ya no forma parte de nada, mientras aquel que no querías en tu vida hoy es tu mejor amigo. ¿Y que cambió? La vida cambia, la vida pasa, la vida que te lleva y te arrastra por caminos que cremos seguros y que se vuelven vertiginosos, desconocidos.

Para comprender el mundo nuestra mente tiende de manera algo "natural" a clasificar todo, a ponerlo en algún lugar que nos permita comprenderlo mejor, asociarlo a algo, emparentarlo con algo que ya conocemos y que forma parte de nuestra experiencia. En ese proceso las asociaciones realizadas nos entregan información que nosotros aceptamos como verdaderas arraigándose en lo que constituyen nuestras creencias. Cuando estas creencias se ven forzadas a cambiar o se tambalean es cuando nuestra propia personalidad y construcción del mundo se ve amenzada, despertando las alertas que nuestro cerebro maneja de manera diferente, pudiendo sentirse miedo, angustia, soledad, tristeza, alegria, esperanza, etc.

La clave es la flexibilidad, la capacidad de adaptarnos a estos cambios comprendiendo que simplemente nada es binario ni absoluto. La filosofía oriental lo ha enseñado como "ser como el agua", la cual se adapta a los diferentes recipientes, y cambia de forma y de estado segun las circunstancia no dejando nunca de ser agua ya sea en estado sólido, líquido o gaseoso. Para mi esto es simplemente hermoso. La clave es cultivar atributos que nos permitan comprender de manera flexible la misma flexibilidad de la vida. Sin duda tener un cuerpo flexible es dificil y se logra luego de mucho esfuerzo, por tanto y asimismo, tener una mente flexible necesita el mismo camino de dedicación y esfuerzo cotidiano. Una vida de aprendizaje y reflexión es una conducta necesaria para ir adaptando poco a poco lo mental, espiritual y físico a las experiencias que vamos sumando con el tiempo. Un tiempo que una vez transitado parece tan breve, que cuesta creer que sea el camino que nosotros llamamos la vida de cada uno.

Y simplemente abrirse al cambio, a la permanencia pasajera, al equilibrio dinámico.