Llegó un nuevo otoño y los días se han presentado monótonos debido a que una dolencia me tiene en casa con licencia médica. Primero me dieron ocho días, ahora 12 más. No me quejo, siempre viene bien un descanso y tener tiempo para las cosas que a uno le gustan y apasionan. El hecho de no poder salir a recorrer las calles de la ciudad no me ha impedido entretenerme y hacer de mis días algo placentero. Siempre he sido amante de la soledad y hoy el contar con tecnología en el hogar facilita el tener cosas por hacer y estar en contacto con el mundo y los amigos que están lejos. Tengo una rutina establecida que me ha dado una tranquilidad que pareciera que nada puede romper y no me deja desocupado en ningún momento. Por las mañanas busco mi conexión espiritual por lo que pido a Dios por mis hijos, pareja, familia, amigos, etc. Luego medito y hago los ejercicios para mejorar de esta dolencia, seguido de preparar el desayuno, ver redes sociales, conversación con amigos lejanos (chatear o llamar por teléfono) donde el grupo de los antiguos compañeros de colegio es el que más sonrisas me saca y entretiene mientras en paralelo aprovecho de leer algún libro de poemas hasta preparar el almuerzo.
Ahora que tengo tiempo he descubierto que siento cierta pasión por la cocina también, y aprovecho de preparar algo rico, semielaborado y liviano algunos días, otros en cambio me conformo con alguna ensalada o un plato semipreparado que están para esos días de mayor pereza.
Por la tarde retomar la lectura, alguna serie, ver una película, jugar ajedrez en línea, y más redes sociales, todo ello acompañado del mate. Generalmente lo primero es dar una lectura al libro de Carlos Ruiz Zafon "La Sombra del Viento" que a ratos me gusta mucho y a ratos me aburre, pero da para continuar avanzando en busca del final. A veces me da por tomar otros libros en paralelo para dar una releída a ciertas partes que me son recurrentes en Cortazar, Benedetti, Galeano, etc. Estos días son calurosos así que leo al sol o bajo la sombra de la parra tendido en la hamaca. Nunca he sido bueno para tomar una siesta y esta no es la excepción aunque tengo todo el tiempo para hacerlo. En cambio, paso también algo de mi tiempo dandole vuelta a una idea para escribir un nuevo libro de cuentos o novela... por ahora solo va tomando forma en mi cabeza y ya veremos si finalmente me siento a escribir largo y tendido. Otra cosa son los dibujos, que por ahora son pocos pero siempre tengo ganas de dedicarme un poco más a eso... pero el día se va rápido ahora que son menos horas de luz, y al atardecer viene la rutina de hacer nuevamente los ejercicios y meditar brevemente, dedicarme al jardín, regar mientras veo a la gente pasar de regreso a casa, paseando a las mascotas, comprando el pan; mirar al cielo, contemplar el ocaso, buscar estrellas, contemplar la luna. Ahora que es otoño el cielo vuelve a tomar espectacularidad con las nubes, los colores, el viento, las hojas que cambian de colores y comienzan a tapizar la casa y las calles.
Las noches son hermosas, porque S regresa a casa de su largo día de trabajo y Universidad, compartimos una cena, conversamos, y vemos alguna película o serie (estamos viendo Sandro de America entre otras) hasta quedarnos dormidos abrazados o separados, que en pareja no todo es abrazo (no?). Pero las noches se vuelven más frías y siempre terminamos por buscamos para darnos calor y envolvernos en esa felicidad que da el sentir el aroma de la persona que se ama.