jueves, 30 de noviembre de 2017

113. Esperanza

Muchas veces el mundo puede parecer algo amenazante. Hay personas que se aprovechan de otras y las someten a su voluntad con violencia física y/o emocional. Suceden situaciones que parecen atrapar y encasillar las oportunidades, ahogándonos en deudas, en incertezas y en dudas fundamentales. Pero también está la esperanza. Si bien existen situaciones en donde se puede tener esperanza de manera individual y por iniciativa propia (es decir donde el yo es fuerte y puede superar dificultades importantes), la mayor cantidad de veces nuestra esperanza crecerá de la mano de terceros: amigos, familiares y gente profesional que nos puede apoyar y orientar. Por eso es importante el buscar ayuda en aquellos que puedan hacerlo, porque aportan experiencia y perspectiva de como las cosas pueden cambiar. Es cierto que el tiempo también es un factor importante. La combinación de plantear el problema, recibir consejo y ayuda es lo que finalmente nos entrega una esperanza de que existirá un cambio para mejor en el tiempo, y ojalá en un tiempo no muy lejano.

El tener esperanza también debe estar fundado en un hecho racional. Suele escucharse que algunos tienen esperanza en una vida sin grandes dificultades por el hecho de ser alguien "bueno". Nada más lejos de la realidad: racionalmente sucede que ser "bueno" no asegura nada, sino que tal vez el hecho de sentir la satisfacción de saber que se vive una vida "buena". Pero las dificultades siempre estarán en el camino: la salud, problemas legales por acusaciones falsas, desamores y desiluciones, etc.

El aislarse e intentar resolver todo por cuenta propia es un error frecuente. Somos individuos que viven y necesitan de un constructo social, amigos, familia, conocidos que aportan a nuestro desarrollo. Buscar ayuda incluso cuando no creemos que la necesitamos pero otros nos dicen que es necesario es importante, resulta fundamental en el proceso de soltar, construir, fortalecer, crear emociones y vivencias positivas y reconfortantes que aportan a sentir esta esperanza tan necesaria para sobrellevar procesos dificiles y que pueden estancarnos. Y tener esperanza es el motor de continuar adelante.


viernes, 3 de noviembre de 2017

112. Marta Moreno Fernandez

Un día como hoy, 03 de noviembre pero de 1934 nació Marta Elena Moreno Fernandez, una mujer con una vida tan común como extraordinaria en todo sentido. Nunca viajo lejos, tal vez ni siquiera cerca pues lo suyo era la casa, preocuparse de su familia en todo lo que esas palabras pueden significar: madrugaba para atender a los suyos con desayuno, preparar el almuerzo, limpiar por aquí y por allá, y siempre preguntaba si nos servíamos un cafecito, o un té, o si queríamos una fruta. Su vida era sencilla, y su forma de amar también lo fue: decia te amo sin problemas, abrazaba con fruición, reía con ganas y se enojaba poco pero intensamente cuando lo hacía. Tantas veces me regaló "algo útil" que reconozco que en realidad no me gustaba... un pantalon, unos zapatos, una camisa. Aún cuando era niño, los demás recibian juguetes y yo un par de calcetines. En su mundo de pocos recursos había que destinar cada moneda en algo útil. Aunque fue mi abuela paterna, me crió como una madre, me regañó y corrigió sin reparos ni vueltas. Abrazó a mis hijos, los amó como si fueran sus hijos. Los vio poco, lloraba por ellos. Yo lloro por ellos y ella lloraba conmigo. Hoy no está, ha seguido el camino de toda la tierra y pronto la seguiré, en algún futuro cercano o lejano nos reuniremos. A veces pienso en ella y la imagino como una mujer joven, llena de ilusiones por su futuro escuchando un tango en el tocadisco mientras miraba por la ventana a la calle. Eso le gustaba, algo simple, algo cotidianamente sencillo. A mi tambien me gusta, pero me cuesta imaginar mi vida sin viajar un poco, sin salir a la naturaleza, sin adentrarme en el mar, sin escalar la montaña... Algunas veces salimos juntos y sus ojos se maravillaban del cambio de los lugares, del paso del tiempo. "Me acuerdo que aquí..." comenzaba a decir. Un verano visitamos Lota junto a mis hijos y sus hijos (mis tios). Recorrimos las calles, tomamos sol en la playa, jugamos con la arena. Hoy tengo nostalgia y melancolia de su voz, de sus manos, de sus ojos azules. Murió un 04 de febrero de 2017 a la edad de 82 años.