lunes, 29 de enero de 2018

116. Reflexionando sobre nuestros pilares fundamentales

Este verano he estado pensando bastante de lo que aprendí de un maestro oriental del Tai Chi que me enseñó la importancia de algunos aspectos que son la base de la filosofía de esta disciplina, el cuidado y desarrollo de los aspectos Físico, Mental, Espiritual, Personal y Colectivo del ser. Estos cinco ejes o pilares han sido una gran motivación para avanzar en la integralidad de mi persona en estos años de madurez donde he pasado los cuarenta años de edad. Veo a mis amigos de edad similar y me es difícil pensar en alguno de ellos tratando de balancear estos en igual grado de desarrollo. a mi me cuesta mucho mantener una alimentación sana y equilibrada, y dedicar tiempo a todos ellos, pero lo intento dia a dia. Pienso que por ejemplo. algunos descuidan el espíritu por cultivar el cuerpo, etc. En lo personal la práctica constante del Yoga y TaiChi me han ayudado a intentar equilibrar cada uno de ellos. Pero pienso: ¿Qué es lo fundamental en cada uno de ellos?

-Físico: algunos se ven tentados al desarrollo muscular, logrando un cuerpo tonificado, pero con baja elasticidad y capacidad aérobica. Eso me lleva a pensar que el equilibrio en esta área es desarrollar resistencia, elasticidad, equilibrio, fuerza, rapidez y trabajar para que aún en la vejez estos atributos se mantengan en el tiempo.

- Mental: Creo que el desarrollo del conocimiento, la creatividad, el pensamiento lógico y de la tranquilidad (quietud) mental es la clave que debemos buscar.

- Espiritual: Desarrollar una conección con nosotros, con nuestro potencial y con todo lo cual somos parte mediante la humildad, la perseverancia, la calma, la caridad, el amor. En lo personal soy creyente en Dios, y aprender a conocerlo y conocerme es mi busqueda espiritual. La busqueda de la simpleza, armonía y la belleza.

- Individualidad (personal): Cultivar la austeridad y el no hacer sentir nuestro peso sobre nadie, ni aún sobre nosotros (autoexigencias destructivas) y aprender a aceptarnos y convivir con nuestros espacios, virtudes y defectos para poco a poco ir mejorándolos. Estos parecen ser la clave.

- Colectivo (social): Compartir, apoyarse, ayudar, agradecer y ser hospitalario parecen ser el soporte de una sociedad que valora y respeta su entorno natural y cultural.




jueves, 11 de enero de 2018

115. Celebraciones familiares

Los domingos estaban designados para almorzar en familia. La mesa era grande, más bien larga que ancha y se ocupaban incluso las esquinas para que todos tuvieran un puesto disponible. Algo apretados, los platos comenzaban a llegar a la mesa servidos por mi abuela, quien servía hasta el borde mismo, haciendo que el traslado hacia la mesa fuera una aventura de fuerza y equilibrio para no chorrear nada hasta que fuera depositado a salvo. Luego seguía el cruce de ensaladas y panes: pásame la de allá, acércame esa hasta acá, te paso esta para allá, etc, mientras el ruido de las risas y conversaciones también cruzadas trataban temas tan diversos como lo que dijo la vecina o lo que salió en las noticias. Al final, los platos quedaban vacios y eran reemplazados por tasas con café, té o agua de hierbas según fuera la preferencia. En verano recuerdo muy bien que el postre era melón o sandía antes del café, dejándonos con la panza a punto de reventar de tanto comer y compartir.

No sé bien cuando se instauró la tradición de comer pavo en navidad en algunas familias. Al menos en la mía no: el menú sagrado era carne a la olla, con papas cocidas y sazonadas con el jugo de la carne, además de las tradicionales ensaladas de lechuga, tomate y porotos verdes. Para sentarse a la mesa era requisito estar vestido con una formalidad mínima que contemplaba una camisa de vestir para los varonesn y ojalá pantalón de tela. Con los años se fue perdiendo la formalidad aunque mi abuela no lo veía con muy buenos ojos, y después de todo usar una camisa para esa ocasión no costaba nada. En casa de mamá por otro lado, la formalidad no era un requisito, o quizá era simplemente que allí el único hombre que se sentaba a la mesa era yo, y no me decian nada. El menú era similar, con la diferencia que también habían otras verduras cosechadas en el mismo huerto de mi abuela, y muchas veces el menú tambien incluía pollo. Año nuevo era similar, o al menos en mi mente los recuerdos se mezclan y no logran diferenciar una festividad y una casa de otra.

El matrimonio siempre trae algunos problemas logísticos de decidir con quién se pasará tal celebración: su familia, mi familia, o simplemente nuestra familia en soledad. Era en estas últimas ocasiones cuando la tranquilidad era tan grande que simplemente constrastaba con las veces anteriores cuando estaba toda la familia reunida. T era pequeña y su entusiasmo era el mismo estuvieramos los tres solos, o el gran familión. Preparabamos todo, cenábamos, y nuestra hija revoloteaba por la casa hasta que finalmente se quedaba dormida y el silencio en la casa era ensordecedor. Y así, serena y pacificamente pasaba una nueva festividad.

Nuevas familias traen nuevas tradiciones. En Buenos Aires navidad y año nuevo son sinónimo de asado a la parrilla en el patio (o lugar más parecido posible donde esté instalada, las hay tambien en los techos de las casas que son planos semejantes a una terraza), y donde los cortes son generosos y variados: bondiola, bife, entraña, chorizo, morcilla entre otros. La ceremonia toma su tiempo, y mientras tanto se conversa y bebe algo para acompañar el momento. Afuera la gente comienza desde temprano a lanzar fuegos artificiales y reventar cuetes estridentes que continuarán durante toda la noche. Pero lo entretenido viene dado en la familia numerosa que se reune a parrillar, beber y conversar. La hora pasa tan rápido entre una cosa y otra que no te diste cuenta cuando ya son las 00:00 y se continua celebrando hasta que el cansancio te rinda.