Todos comenzamos siendo aprendices de nuestros padres, familiares y profesores. Un poco más adelante aparecen los amigos, y para algunos aparece alguna figura importante a imitar que vemos desde lejos (por ejemplo un cantante o un actor, etc.). Entonces es nuestro entorno socio-cultural nuestro primer y más grande maestro para nuestras creencias y concepciones más profundas. Con el tiempo podemos convertirnos en maestros de otros bajo esta misma estructura, pero nunca dejaremos de ser aprendices. Y tal vez lo más difícil sea comenzar a aprender de entornos que difieran mucho al cual hemos hecho nuestro, y bajo el cual hemos crecido.
De nuestros maestros dependerá toda nuestra estructura de pensamiento y
acción: ser cristiano, budista, ateo, bondadoso, altanero, consciente,
inconsciente, dependerá en gran parte de nuestro entorno socio-cultural y
de nuestra capacidad de mantener una mente abierta y atenta.
En la sociedad moderna esta relación ha perdido la importancia y el peso que tiene en el desarrollo integral de una persona: por un lado existe carencia de tiempo y de dedicarse a esta práctica de socializar lo aprendido, por otra, se aprende poco y por lo tanto es poco lo que se puede transmitir. Paralelamente pareciera ser que existe una tendencia a preocuparse más del yo que del tú, o de transmitir solo cosas que sean de digestión rápida.
Transmitir una idea no es fácil. No caer en la repetición de una idea no es fácil. De alguna manera con este espacio yo busco transmitir un poco este aprendizaje que han sido mis años de vida, y llevo 55 post que intentan no repetirse e ir abordando temas distintos que puedan aportar una idea o un pensamiento a quien lo lea. Y cada vez se hace más patente esta necesidad de transmitir una experiencia. Transmitir una reflexión sobre aprendizajes varios, como el miedo, el perdón, el sobreponerse, el continuar, etc.
El proceso de aprender y de aceptar una enseñanza es complejo. Toda enseñanza pareciera estar sujeta a aspectos teológicos, filosóficos y culturales. Ante una pregunta como ¿que sucede después de la muerte?, las respuestas pueden variar de un extremo a otro (nada, la vida eterna). Pero el proceso es fundamental, pues respuestas que pueden encontrarse en la experiencia de otros, a veces resultan en un viaje largo, extenuante y lleno de tropiezos para alguien que busca por sí mismo.
Una persona puede verse muy enriquecida con un buen maestro que le muestre la vida, el arte, la sociedad, la cultura, etc.y muy perjudicada ante la falta de buenos maestros. Si bien alguno de ellos no los podemos elegir (los padres y familia), otros pueden ser elegidos y es entonces cuando es importante rodearse de aquellos que nos aportarán enriqueciendo nuestros aspectos inidividual y social en la vida.