martes, 26 de noviembre de 2013

33. Estableciendo relaciones

Nuestra vida ES establecer relaciones: de amistad, de trabajo, de amor, etc. El problema se debate entre saber lo que se quiere y lo que no se quiere, dos polos opuestos que deben enclarecerse.

Muchas personas viven "atrapadas" en relaciones que no les gustan, que no desean, o que no buscaron pero se dieron y ahora están en ello. Creo que como muchas cosas en la vida, no existe una receta que ilumine de manera mágica el camino, pero se pueden considerar algunas cosas, donde la base es "buscar" y "diferenciar" entre ambas cosas, sumado a "llevarlo a cabo" una vez que sabemos. 

En primer lugar debemos buscar aquello que queremos, que nos gusta y que nos agrada. Entonces, buscar la comunicación, la compañía y la interacción con personas que desarrollan aquellas cualidades que nos interesa desplegar en nosotros mismos, y si es posible, con aquellos que estén en niveles más altos que nosotros en esos aspectos de interés nos llevará por senderos de crecimiento y desarrollo personal agradables e intelectualmente atractivos.  Además, esto nos hace individualmente fuertes y potencia realizaciones en torno a objetivos que son compartidos.

Complementariamente, buscar la autonomía, donde el establecer límites ("rayar la cancha") en una relación es primordial. Compartir, aprender y complementarse con alguien no significa someterse a su voluntad ni a sus ideas. Mantener la individualidad de pensamiento y acciones al establecer límites de lo que se hará y se dejará de hacer, permite asimilar y reelaborar dichas ideas ante la propia experiencia y reflexión, manteniendo nuestra individualidad compartida, sin ser un ente sujeto a sus ideas, pensamientos y caprichos.

Finalmente, conocer aquello que no nos agrada y que deseamos evitar en nuestro entorno y vida. Rehuir de aquellos que fomentan desaveniencias y discuciones inconducentes, que generan situaciones intestinas e infructíferas para el desarrollo individual y colectivo, y de quienes tienden a alejar la armonía y aquellos lazos que resultan enriquecedores.



Existen aquellos que saben lo que quieren (de su vida, sus parejas), pero no saben lo que no quieren de ella. Ellos buscan potenciarse, pero se entrampan fácilmente.
Están quienes saben lo que no quieren, pero no lo que quieren de ella. Entonces evitan los caminos que no llevan a ninguna parte, pero avanzan a paso lento.
Están los que no saben nada, ni lo que quieren ni lo que no quieren.
Y están aquellos que saben ambas cosas. Esos son los que disfrutan más de la vida y sus relaciones en sociedad y en pareja.




jueves, 21 de noviembre de 2013

32. Compartir en pareja

Compartir la vida con alguien está ligado al amor y al saber amar, aún cuando estemos hablando de amigos, novios, matrimonio, conviviente u otro. Independiente de lo anterior, cuando se establece un vínculo para compartir la vida con alguien no se puede olvidar que se basa en el amor y por lo tanto existe el YO, el TU y el NOSOTROS, lo cual es fundamental para una buena relación. Comunmente los celos se encargan de coartar alguna de ellas o todas, existiendo amigos, novios o incluso familiares que ponen limites estrechos y desean acaparar todo el tiempo y la atención para sí.

El Yo significa mi tiempo, mi espacio, mis amigos, mis actividades que resultan fundamental para mi desarrollo personal.

El Tu significa tu tiempo, tu espacio, tus amigos, tus actividades propias que resultan fundamentales para tu desarrollo personal.

El Nosotros significa nuestro tiempo compartido, nuestro espacio, nuestros amigos en común, nuestras actividades en pareja que resultan fundamentales para nuestro "compartir un momento y una vida".

Alcanzar un equilibrio entre las tres no resulta sencillo (aunque sí necesario) y es incluso dificil de aprender y llevar a  cabo (ponerlo en práctica). En escencia, mucho YO reducirá tu vida a la mía, mucho TU cortará mi individualidad y mi desarrollo sometiéndola a la tuya, y mucho NOSOTROS no nos dará espacio para estar con nosotros mismos y nuestros intereses particulares de manera individual, algo que resulta fundamental en cualquier persona. Como mencioné anteriormente, los celos prefieren el nosotros por sobre las demás, pues las otras opciones no se pueden controlar todo el tiempo y se basan en la libertad de la pareja y en la confianza de que cada persona mantendrá su individualidad en la vida, compartiéndo esa individualidad con aquella persona que uno elige porque esa persona es un aporte y un complemento para cada uno.

Finalmente no todas las relaciones duran todo el paso del tiempo, y algunas se terminan inevitablemente. Cuando eso sucede, si se ha mantenido un equilibrio entre los tres aspectos no se sentirá ese vacio y esa soledad tan profunda que caracteriza el término de una relación, porque se han caido dos de los tres elementos que conforman nuesta vida, y no el único en el que estabamos apoyados si solo existía uno de los tres.







lunes, 11 de noviembre de 2013

31. Hermosa adolescencia

Y de pronto, un día se es adolescente y el mundo se pone un poco más complicado, y un poco más lleno de vida, y un poco más bello y por momentos un poco más feo. Nunca los sueños serán mas grandes, ni los problemas más irreales que ahora, a pesar que nos parezca que todos son de lo más real, y la gente se vuelve en nuestra contra y no nos entienden, ya que somos los únicos que sabemos de la vida - de la verdadera vida - porque ya los adultos la han olvidado, y se olvidan de su juventud y de qué se siente ante todas esas hormonas floreciendo, ideales naciendo, libertades creciendo, novedades apareciendo, responsabilidades asomando, presión social incrementando. Así que sus vidas se han vuelto grises, serias, porque ya lo han visto todo, lo han vivido todo, y no les queda nada más por descrubrir y asombrarse.

La adolescencia llega a edades diferentes para todos, y se va a edades diferentes. Algunos pocos envejecen adolescentes, y lo disfrutan. Esos pocos han descubierto que la madurez y la adolescencia pueden convivir en armonía, adquiriendo protagonismo según lo amerite la situación. Pero eso se adquiere con el tiempo, y muestra la verdadera madurez: aquella madurez adolescente.

Llegan nuevos amigos, nuevos intereses, nuevas posibilidades. Y entonces no hay que olvidar que esta es la primera vez que se enfrenta cara a cara la responsabilidad de ser uno mismo, de tomar decisiones, marcar un camino propio. Aquellos que lo olvidan, tienen una adolescencia muy corta y una adultez muy larga. Por eso, en esta etapa bella de la vida descubre, aprende, vive, sueña, rie, y haz de tu camino una experiencia maravillosa.






domingo, 3 de noviembre de 2013

30. Redescrubriendo los Sentidos

Observar como si la vida se desplegara por vez primera ante tus ojos. Observar los colores, las sombras, los matices. Volver a la infancia primera cuando nuestros ojos se llenaban de cielo, de prados, de geometrías. Observar como tocar, como saborear, como olfatear la piel de quien amas bajo la penumbra de una luz tenue.

Escuchar como si el silencio lo llenara todo, y los sonidos interrumpieran con todo su despliegue de tiempos y compases, con sus diatónicos altos y bajos danzando entre hermosas pausas que arrancan melodías al viento, a la lluvia, al canto, a los susurros, a las palabras. Escuchar como mirar, a las aves, al susurro del río, de las hojas y de pasos que se acercan y se alejan.

Olfatear el aroma del sol, del color rojo, de la tierra, de la piel que toca tu piel. El olor de la mañana, de las cuatro estaciones, de la música que te transporta. Olfatear como saborear el dulzor de la uva, la calidez de la madera, la acidez leve del vino.

Saborear la suavidad de un chocolate que se deshace en la boca, la textura de la fruta, de los vegetales, de las fibras y del cielo cuando llueve. Saborear la amargura del café, la dulzura de la miel, lo indefinible del tabaco y de lo desconocido. Saborear el mar, el sol, la tierra. Saborear como mirar una composición de colores diferentes sobre la mesa.

Tocar las texturas, las temperaturas, el vacío, lo intangible y la resistencia del aire. Tocar el silencio y los sonidos alterándolos y manejando el ritmo. Tocar como escuchar, como mirar, como hablar, como expresión de la vida.

Dejarse llevar por el concierto que nos envuelve cada día, sin dejar que se nos escape, que nos pase por el lado sin darnos cuenta que está entre, dentro y fuera de nosotros.