Y de pronto, un día se es adolescente y el mundo se pone un poco más complicado, y
un poco más lleno de vida, y un poco más bello y por momentos un poco más feo. Nunca los
sueños serán mas grandes, ni los problemas más irreales que ahora, a
pesar que nos parezca que todos son de lo más real, y la gente se vuelve en nuestra contra y no nos
entienden, ya que somos los únicos que sabemos de la vida - de la verdadera
vida - porque ya los adultos la han olvidado, y se olvidan de su juventud
y de qué se siente ante todas esas hormonas floreciendo, ideales naciendo, libertades
creciendo, novedades apareciendo, responsabilidades asomando, presión
social incrementando. Así que sus vidas se han vuelto grises, serias, porque ya lo han visto todo, lo han vivido todo, y no les queda nada más por descrubrir y asombrarse.
La adolescencia llega a edades diferentes para todos, y se va a edades diferentes. Algunos pocos envejecen adolescentes, y lo disfrutan. Esos pocos han descubierto que la madurez y la adolescencia pueden convivir en armonía, adquiriendo protagonismo según lo amerite la situación. Pero eso se adquiere con el tiempo, y muestra la verdadera madurez: aquella madurez adolescente.
Llegan nuevos amigos, nuevos intereses, nuevas posibilidades. Y entonces no hay que olvidar que esta es la primera vez que se enfrenta cara a cara la responsabilidad de ser uno mismo, de tomar decisiones, marcar un camino propio. Aquellos que lo olvidan, tienen una adolescencia muy corta y una adultez muy larga. Por eso, en esta etapa bella de la vida descubre, aprende, vive, sueña, rie, y haz de tu camino una experiencia maravillosa.