sábado, 21 de noviembre de 2020

152. Sabores

Recuerdo a mis abuelas Juana y Marta en la cocina. Las verduras a un lado, los cuchillos, las ollas, sus manos manipulando, cortando, colocando cada cosa en su lugar, en una fuente, en una olla, en una sartén. Recuerdo sus cantos mientras cocinaban, los aromas y colores, las texturas y sabores de sus comidas.  Recuerdo a las abuelas de mis hijos en ese mismo hermoso ritual, preparando todo con un amor que sobrepasa cualquier comida en el mejor restaurant del mundo. Luego la mesa preparada, las ensaladas, el ají infaltable al igual que las cebollitas en escabeche. Las tardes de sobremesa, que a veces se alargaban hasta la hora del té, o de la once como le decimos en Chile. Y luego, a veces, incluso continuábamos hasta la hora de la cena. Toda una tarde conversando, compartiendo, comiendo un poco por aquí y por allá, con la radio o la televisión encendida, y el día que se pasaba rápido.

La base de sus comidas estaba en las papas, cebollas, zanahorias, porotos verdes, morrones verdes, rojos, amarillos y ajo. También las legumbres como lentejas y porotos blancos. Carne a la olla o al horno. Pescado frito o al horno. Ensalada de lechuga o tomate. Alcachofas, habas, castañas y piñones. Las pastas y el arroz. Pocos condimentos y poca sal. La fruta era el postre por excelencia y luego un agua de hierbas para la digestión.

Las cocinas eran grandes, y la vida diaria giraba en torno a ella. La mesa grande, los muebles imponentes que servían para guardar loza y alimentos. La cocina a leña, eternamente encendida en el invierno, siempre calentando agua para el mate o el té. El comedor solo se utilizaba si llegaba visita o si éramos muchos. Hoy las cocinas son pequeñas, cuadradas o alargadas o americanas, ya no son habitables, solo son una zona de paso para cocinar. 

lunes, 21 de septiembre de 2020

151. 19 años

Mi primera hija T hoy cumple 19 y siento una alegría inmensa. No importa la distancia, ni el silencio, ni todas esas trabas que existen, las murallas, los abismos, las mentiras. Hoy nada importa, solo esa alegría sencilla y cursi de saber que tu amada hija cumple 19. Es una lástima no poder abrazarla, no poder darle un regalo o darle más dinero para que se compre algo. Es tan poco lo material, y tanto el sentimiento.

Mi hijo menor estuvo de cumple también durante este periodo de desconexión, el 25 de Julio. Qué lindo hubiera sido tomarlo en brazos, alzarlo, sonreírle, besarlo en la frente. Qué bonito sería poder entregarle a todos este amor puro.

Comienza la primevera, ya hay flores en los árboles y hojas nuevas, cielo azul, ricas temperaturas, días más largos. De hecho el equinoccio de primavera será mañana 22, donde la noche y el día tienen igual duración, y desde entonces los días serán más largos hasta el solsticio de verano, cuando comenzarán a acortarse. Qué lindos los ciclos, las estaciones, la dinámica que ocurre en todo lo que nos rodea.

La incertidumbre es mayor que nunca, pero las esperanzas y el anhelo de una buena vida también.


miércoles, 8 de julio de 2020

150. Nuevos Nacimientos

Hoy de madrugada nació mi hija A. No había considerado tener más hijos, pero la vida siempre se manifiesta y trae alegría y pena, sorpresa y dicha. En este caso es mucha alegría, mucha incertidumbre respecto del futuro debido a la Pandemia y a la situación social y económica que vivimos, donde yo también estoy desempleado, dándome vueltas con poco y tratando de hacer rendir lo que hay, entre el seguro de desempleo, algún trabajo ocasional, el pago de la pensión de alimento y el colegio de los niños... Siempre es difícil vislumbrar un futuro en estas circunstancias, pero al igual que siempre, se saldrá adelante, y pasará lo que tenga que pasar. Extraño a mis otros hijos, pero de ellos es poco lo que sé y lo que puedo hacer. A veces me pregunto si la maldad tendrá un castigo y si la paciencia y la bondad, un buen actuar una recompensa. A veces creo que en realidad no hay tal cosa, solo lo que sucede, las acciones, la vida, y nada más, sin Karma, ni infierno o cielo, o nada que traiga un castigo o recompensa posterior. Por ahora la vida se abre nuevamente con nuevas oportunidades, nuevos desafíos y nuevas experiencias para hacer de esta una vida llena de vida.


domingo, 17 de mayo de 2020

149. Esto también pasará.

Hoy es domingo 17 de mayo de 2020. El mundo vive una pandemia que comenzó a intensificarse en marzo de este año, y en algunos países ha disminuido de modo que la gente comienza a hacer su vida normal nuevamente. Acá en Chile estamos en una curva ascendente de contagios y muertes, razones que han motivado una cuarentena total en Santiago de Chile, que es donde vivo. Mientras, la economía se desmorona, muchos somos despedidos o puestos en una posición de protección del trabajo donde el fondo de cesantía pagará parte de tu sueldo. Estos son días de incertidumbre, de cuidarse para no contagiarse y enfermar, de minimizar los gastos y vivir con menos. Para los que llevamos una vida consciente, vivir con menos es algo que hacemos desde hace mucho. Aún así hay costos fijos que son altos: vivienda, pago de colegios, compromisos hacia los hijos en pensión de alimento son costos que para quienes compartimos una clase media que depende del ingreso mensual solo puede ser enfrentado de dos maneras: endeudándose con una entidad que sostenga esos costos, o bajando de clase social en base al nuevo ingreso de cesantía. En condiciones comunes, una persona como yo busca alternativas de trabajos diarios que permitan sostener un ingreso mínimo requerido para los costos fijos, pero hoy esos trabajos no existen debido a la contingencia mundial. ¿Entonces qué?. La vida no está exenta de dificultades, de incertidumbre, de altos y bajos, de fracasos y éxitos. Veremos entonces cómo se dará la vida para seguir adelante, debido a que como todas las cosas, esto también pasará.

Mientras, continuó con mis rutinas que me hacen bien: escuchar música, leer, hacer ejercicios cada mañana, meditar, trabajar en lo que se pueda, arreglar algo en casa, cultivar mis alimentos, llamar a mi familia, amar a mi pareja, pensar en mis hijos que están lejos, amarlos a la distancia, amar a mi hija que esta cerca, sentirla, decirle que la amo. Y así, día a día cuidarme para dar lo mejor de mí ahora y en el futuro, porque simplemente la única verdad es que la vida continúa.


lunes, 9 de marzo de 2020

148. Desde mis ventanas

Asomarse a la ventana cuando se es niño es un acto de exploración del mundo. Recuerdo esas tardes lluviosas en la casa de Ejército (nombre de la calle), donde el viento provocaba un silvido al pasar por entre los cables del alumbrado público, y se podían ver las gotas como lineas atravesar la luz amarillenta del poste que quedaba justo al frente y a la derecha, un poco más allá de un torcido árbol de tronco blanco y ramas que caían como cabellos largos que eran mecidos por el mismo viento. El agua no se aposaba, corría por la pendiente que daba aquella pequeña loma, llevándose las hojas caídas en surcos que dejaba en las calles de tierra. La escasa gente que pasaba llevaba paraguas, y generalmente salían de casa a la hora en que estaba listo el pan del almacén de la esquina. En aquel entonces la calle me parecía ancha. Al otro lado de la acera habían dos árboles que aún eran pequeños, unos álamos que no tenían aún dos metros de altura, y a la derecha de ellos un olivo grande y añoso (o sería un sauce?) que era el más frondoso de toda la cuadra. Las casas eran bajas, excepto por la tercera de derecha a izquierda, la cual tenía un segundo piso que en realidad parecía ser un medio piso adicional, pues no era de la misma altura que el primer piso. Por sus tejados el agua caía como una cascada porque no tenían canaletas. En verano aunque el paisaje era el mismo, se veía a los gorriones en bandadas anidar en los árboles y tejados, y de vez en vez ocupar toda la calle para escarbar y picotear la tierra, hasta que volvían a volar todos a la vez de regreso a las alturas. También era común ver a la vecina de enfrente asomada a la ventana, con su cabellera blanca por los años y su sonrisa cordial que saludaba a todos los que pasaran por el frente de su casa, levantando una mano delgada que no llevaba ningún tipo de joya ni adorno.

La vista desde la ventana de Vicente Merino Jarpa era distinta. Para comenzar era un tercer piso, por lo que la vista abarcaba mucho más terreno. A la izquierda había un espacio de tierra que era utilizado como una cancha de fútbol todas las tardes, y que colindaba con una Iglesia Mormona (de la que se contaban cientos de historias de misterio y ocultismos varios entre los niños del lugar). Por los alrededores unos pasajes con casas bajas dejaban ver una variedad de techos angulares y patios llenos de árboles frutales. Hacia el fondo otros edificios iguales al nuestro eran un espectáculo de luces tenues asomando por sus ventanas al llegar la noche. Siempre me gustaba esa vista, pues era el complemento perfecto de los cientos de atardeceres que observé con las nubes multicolores adornando el cielo del oeste (la ventana daba hacia el oeste), cuando las ultimas luces brindaban un adios para dar paso a una noche oscura, poblada de luces de otros edificios cercanos y lejanos.


domingo, 2 de febrero de 2020

147. 02022020

Esta es una fecha interesante porque se produce un juego de los números dos y cero. La última vez fue hace dieciocho años atrás, pero la siguiente será en solo dos años. Estas pequeñas cosas siempre me divierten.
Esta es un día importante para mi también porque mi hijo T cumple 12 años, una edad hermosa en que la vida comienza a tomar otro ritmo, otro giro, los días comienzan a hacerse más cortos, hay nuevas responsabilidades, cambios en nuestras hormonas, y con ello comienza la adolescencia. La última vez que hablamos le prometí dejarle un regalo que él deseaba bastante, pero me quedaré con él ya que una vez más la madre pone trabas para todo, y no se lo voy a enviar por correo o encomienda. Si a lo menos dejara que alguno de mis padres se lo entregara en persona... Este año ni mis padres podrán verlo nuevamente. No permite ningún tipo de relación porque siempre tiene escusas: llamadas, correos, visitas son siempre lo mismo: no están, no pueden, no estaremos, etc. Pero a todo el mundo le dice que ella es abierta a establecer los lazos pero somos nosotros los que no deseamos acercarnos. Típico doble discurso. Lo peor: conozco varios casos similares, al menos seis, donde el patrón de conducta egocéntrica. maníaca y dominante es el mismo. ¿Qué le pasa a aquellos que algunas vez compartieron la vida con nosotros?¿Dónde queda la prioridad de la emocionalidad infantil por sobre los despechos y odios personales? Un gran misterio sin duda en una sociedad cada vez más enferma. Una lástima por los más pequeños que pierden toda oportunidad de generar lazos y adquirir esos recuerdos de infancia con la familia.
Así que este verano sigue su curso, como muchos veranos. Nuevos campamentos en nueva familia, pero extrañando a mis locos bajitos, mis pequeños que podrían estar disfrutando de días de sol, sonrisas, naturaleza, y ambas familias. Todos los años tengo esa misma esperanza de que este sea un año en que las cosas cambien, esperanza que a veces se diluye y a veces renace.




miércoles, 8 de enero de 2020

146. Reflexionar: Depresiones y Ansiedades

Hemos comenzado el 2020 y nuevos desafíos se pueden vislumbrar. Las dificultades económicas son una constante en esta sociedad donde la mayoría vivimos el mes a mes con lo justo y también con lo prestado por el banco por el famoso crédito. Esta incertidumbre social, personal, familiar nos lleva a vivir en una situación siempre límite, de estrés, de lucha constante por lograr llegar a fin de mes y cumplir con lo que se espera de uno. Las cuentas son muchas, la vida es cara. Los gastos básicos de arriendo, luz y agua son altos. El colegio de los hijos suma una pesada carga económica, la posibilidad de la universidad una incertidumbre constante. Se necesita otro trabajo, se necesita un cambio social y cultural que no llega, se necesita otra manera de ver y vivir el mundo, o en otras palabras, se necesita otra vida.

En sí misma esta situación causa depresiones y ansiedades en nuestras mentes y sistemas nerviosos. Nos lleva al límite de nuestras capacidades y muchas veces terminamos por sobredimensionar "el peligro" que significa llevar una vida en el límite y en la cuerda floja. Es entonces cuando nuestra mente nos lleva a los extremos. Yo lo viví durante años, e incluso llegó a ser algo cotidiano, aceptado por mí. Siempre alerta, siempre abandonado a lo que sucediera. No tenía ni podía tener el control de mi vida, de mis emociones, de mis capacidades. Hoy aún hay días que siento que estos episodios quieren retomar su fuerza, renacer, volver a controlarme (o a descontrolarme) llevándome al camino de la Depresión o de las Angustias y Ansiedades. Es duro ver lo vulnerable que somos como individuos, como sociedad, como humanos. La estabilidad lo es todo en una vida donde las inestabilidades son peligrosamente abundantes. Pero el simple hecho de reconocer esto último, aceptarlo, comprenderlo y asimilarlo puede ser la mejor defensa contra la crisis depresivas y ansiolíticas. En efecto, el poder de la mente es tal, que nos lleva a sentir dolores donde no los hay, enfermedades que no tenemos, y sentir aquello que no debieramos sentir porque nuestro cuerpo está funcionando bien. Con esto me refiero a que sentimos taquicardia cuando nuestro corazón en realidad funciona bien, pero es tal el poder de la mente que envía la orden de peligro al sistema nervioso central y periférico, "provocando" una respuesta física extrema, que se puede traducir en palpitaciones, sudoración, dolor muscular y articular, sensibilidad extrema, etc. En palabras sencillas: cambia nuestra percepción de la realidad llevándonos varios peldaños más allá de lo que es la realidad.

Podríamos decir entonces que es un problema de magnitud y/o de escala. Es cierto que hay razones para sentir cierto nivel de temor y de angustia razonable, pero la mente sobredimensiona todo y te lleva a una crisis corporal y mental, como si estuvieras en un peligro extremo, y no seremos capaz de superarlo o salir de él. Finalmente la mente toma una respuesta normal a una situación normal, y la lleva a la anormalidad, al extremo. Por ejemplo, sufrir una pérdida de alguien querido genera sentimientos de tristeza. Eso es normal y sano. Pero el llevar ese sentimiento al extremo genera primero angustia y luego puede derivar en depresión o ansiedad. Y si esto además se lleva al extremo último, se generan las crisis de Pánico. Por tanto, el camino para superar una crisis de Pánico, Angustia o Depresión es reconocer que estamos experimentando una respuesta sobredimensionada a una normal. 

El haber pasado por todo esto me ha entregado una nueva percepción de lo importante de lo simple de la vida. Una tarde en calma, un mes sin angustias, sin crisis es más valioso que un mejor empleo o una casa nueva. Te lleva a replantearte tus prioridades, tus opciones, tus límites, tus necesidades y deseos. Reconocer la tristeza y vivirla, así como la depresión y evitarla, es parte de volver a sentirte en balance con la vida. A veces podemos estar bien solo llevando una vida sana, simple, en armonía. Otras veces necesitamos de medicamentos que nos ayuden. En este aspecto resulta muy valioso aprender a superar la frustración y reconocer una salida a todo esto. Muchas veces el camino a una mejoría necesita la humildad de reconocer que se está enfermo. Así como la diabetes u otro tipo de enfermedades que requieren un tratamiento continuo, las depresiones y ansiedades se volverán parte de la vida de uno hasta que logremos reconocer la via de escape para abandonar ese camino, y entonces hay que tomar ese camino, porque solo reconocerlo no sirve.