Hemos comenzado el 2020 y nuevos desafíos se pueden vislumbrar. Las dificultades económicas son una constante en esta sociedad donde la mayoría vivimos el mes a mes con lo justo y también con lo prestado por el banco por el famoso crédito. Esta incertidumbre social, personal, familiar nos lleva a vivir en una situación siempre límite, de estrés, de lucha constante por lograr llegar a fin de mes y cumplir con lo que se espera de uno. Las cuentas son muchas, la vida es cara. Los gastos básicos de arriendo, luz y agua son altos. El colegio de los hijos suma una pesada carga económica, la posibilidad de la universidad una incertidumbre constante. Se necesita otro trabajo, se necesita un cambio social y cultural que no llega, se necesita otra manera de ver y vivir el mundo, o en otras palabras, se necesita otra vida.
En sí misma esta situación causa depresiones y ansiedades en nuestras mentes y sistemas nerviosos. Nos lleva al límite de nuestras capacidades y muchas veces terminamos por sobredimensionar "el peligro" que significa llevar una vida en el límite y en la cuerda floja. Es entonces cuando nuestra mente nos lleva a los extremos. Yo lo viví durante años, e incluso llegó a ser algo cotidiano, aceptado por mí. Siempre alerta, siempre abandonado a lo que sucediera. No tenía ni podía tener el control de mi vida, de mis emociones, de mis capacidades. Hoy aún hay días que siento que estos episodios quieren retomar su fuerza, renacer, volver a controlarme (o a descontrolarme) llevándome al camino de la Depresión o de las Angustias y Ansiedades. Es duro ver lo vulnerable que somos como individuos, como sociedad, como humanos. La estabilidad lo es todo en una vida donde las inestabilidades son peligrosamente abundantes. Pero el simple hecho de reconocer esto último, aceptarlo, comprenderlo y asimilarlo puede ser la mejor defensa contra la crisis depresivas y ansiolíticas. En efecto, el poder de la mente es tal, que nos lleva a sentir dolores donde no los hay, enfermedades que no tenemos, y sentir aquello que no debieramos sentir porque nuestro cuerpo está funcionando bien. Con esto me refiero a que sentimos taquicardia cuando nuestro corazón en realidad funciona bien, pero es tal el poder de la mente que envía la orden de peligro al sistema nervioso central y periférico, "provocando" una respuesta física extrema, que se puede traducir en palpitaciones, sudoración, dolor muscular y articular, sensibilidad extrema, etc. En palabras sencillas: cambia nuestra percepción de la realidad llevándonos varios peldaños más allá de lo que es la realidad.
Podríamos decir entonces que es un problema de magnitud y/o de escala. Es cierto que hay razones para sentir cierto nivel de temor y de angustia razonable, pero la mente sobredimensiona todo y te lleva a una crisis corporal y mental, como si estuvieras en un peligro extremo, y no seremos capaz de superarlo o salir de él. Finalmente la mente toma una respuesta normal a una situación normal, y la lleva a la anormalidad, al extremo. Por ejemplo, sufrir una pérdida de alguien querido genera sentimientos de tristeza. Eso es normal y sano. Pero el llevar ese sentimiento al extremo genera primero angustia y luego puede derivar en depresión o ansiedad. Y si esto además se lleva al extremo último, se generan las crisis de Pánico. Por tanto, el camino para superar una crisis de Pánico, Angustia o Depresión es reconocer que estamos experimentando una respuesta sobredimensionada a una normal.
El haber pasado por todo esto me ha entregado una nueva percepción de lo importante de lo simple de la vida. Una tarde en calma, un mes sin angustias, sin crisis es más valioso que un mejor empleo o una casa nueva. Te lleva a replantearte tus prioridades, tus opciones, tus límites, tus necesidades y deseos. Reconocer la tristeza y vivirla, así como la depresión y evitarla, es parte de volver a sentirte en balance con la vida. A veces podemos estar bien solo llevando una vida sana, simple, en armonía. Otras veces necesitamos de medicamentos que nos ayuden. En este aspecto resulta muy valioso aprender a superar la frustración y reconocer una salida a todo esto. Muchas veces el camino a una mejoría necesita la humildad de reconocer que se está enfermo. Así como la diabetes u otro tipo de enfermedades que requieren un tratamiento continuo, las depresiones y ansiedades se volverán parte de la vida de uno hasta que logremos reconocer la via de escape para abandonar ese camino, y entonces hay que tomar ese camino, porque solo reconocerlo no sirve.