Luego de varios años, desde 2018, nos tomamos vacaciones en familia y fuimos a visitar a la familia de S en Buenos Aires. Felicidad total. Ver a nuestras hijas allá, que conozcan a sus tíos, compartir unos mates, unos asados, caminatas, conversaciones, etc. Sobre todo, los parques, todos los días que no llovía era ir a un parque, a los juegos. Y la calesita. Y conocer el Teatro Colón y poder ver el ensayo de una opera. Maravilla. También la clásica foto en el obelisco. Y caminar por las callecitas de Buenos Aires. Tomarnos un café con medialunas. Visitar la embajada de Francia. Recorrer el Parque Centenario. Comprar libros. Visitar la costanera del Río de la Plata. Ir de Compra al Carrefour. Visitar La Plata. Ver pasar el tren. Pasear por Berazategui, ir a lo de Daro a Ranelagh, o a lo de Gaby a Quilmes.
Y los días que llovía, tormenta, rayos, truenos, granizos, viento y más viento.
En esos días releí EL Hobbit y la trilogía de El Señor de Los Anillos. También un libro de Poemas de Benedetti que compré.
Los días pasaron rápidos. Las dos pequeñas disfrutaron mucho e hicieron lazos hermosos con sus tíos y abuelos. Me gusta BAires, pero no me acostumbro a no ver montañas. Solo edificios.
La inflación en Argentina es increíble. Pero silenciosamente en Chile pasa lo mismo. Las cosas suben todos los meses.
Por un lado me dan un poco de ganas de quedarme en BAires, para que mis hijas crezcan en familia. En Ñuñoa estamos solos, pero es más lindo, me gusta más como lugar para vivir. Sin embargo, mi preocupación va un poco por el lado de la economía. Hoy y como están las cosas (es decir, a menos que algo cambiase mucho en pro de una mejoría económica familiar), pensar en un colegio para las pequeñas es un dolor de cabeza. Pero como siempre, la vida se va dando a su manera.
Ya en casa, nos quedan los buenos momentos vividos, las nostalgias y los deseos de que el futuro traiga más de esos buenos momentos.