martes, 28 de enero de 2014

40. Nuevos comienzos

La vida esta llena de nuevos comienzos generalmente bien definidos por las etapas de la infancia, adolescencia, juventud, adultez, vejez. Precisamente son los momentos de grandes cambios los que mayor incertidumbre pueden traernos (pasar de estudiante a trabajador, de soltero a casado, de ser hijo a ser padre, de vivir en familia a vivir solo, etc.) y no los cambios menores que siguen una misma línea y que tienen un pre-requisito excluyente (como por ejemplo pasar de primaria a la secundaria o de allí a la universidad).

Para que realmente existan nuevos comienzos, es necesario cerrar la etapa anterior, y continuar hacia lo que viene. La vida es incertidumbre, y no podemos controlarlo todo, y muchas veces jamás sabremos si una elección fue mejor que otra. Lo mejor es moverse con la vida, cambiar lo que esté al alcance, aceptar lo que está más allá de nosotros y continuar hasta que las condiciones sean favorables para volver a tomar el control de lo que se pueda. Entender esto llega a ser fundamental para crecer y mantener un equilibrio emocional y mental en lo que se está viviendo y se vivirá, y no quedarse estancado en lo pasado.

Uno de los nuevos comienzos trascendentales en mi vida fue el de tomar el paso del matrimonio para formar nuestra propia familia. En aquel entonces eramos muy jóvenes y si bien queríamos y creíamos que sería para toda la vida, años después las condiciones son muy diferentes. Difícil saber si enlazar tu vida a alguien para formar una pareja y tener hijos es mejor cuando se es muy joven, o es mejor esperar a cuando la vida entregue madurez y estabilidad (si alguna vez llega todo eso), o si es mejor no hacerlo nunca. ¡Cuantas cosas serían distintas sin duda! Pero no puedo tener la menor idea si sería mejor o peor de las condiciones actuales. Algunos nuevos comienzos llegan sin preguntar, de repente y de improviso, otros pueden elegirse a voluntad. Pero la vida es eso: felicidad e infelicidad, tener y perder, amar y desamar, arriesgar, continuar, sin miedo a lo nuevo que no siempre nos va a gustar. Solo aquellos que temen al cambio, viven vidas grises en la seguridad de una rutina totalmente controlada. Porque aquel que camina por la vida se da cuenta que solo la senda recorrida es conocida y la que está adelante siempre será una incertidumbre, que puede ser un nuevo comienzo.


En los versos de Machado e inmortalizados por la voz de Serrat en "Cantares":

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.








martes, 21 de enero de 2014

39. La casa


Siendo un reflejo de la vida que llevamos, este espacio debe ser un lugar para crecer y encontrar tranquilidad. Un lugar que pueda encontrar el equilibrio entre el tiempo de viaje desde y hacia ella, y lo que ofrece el entorno. Un espacio para la reunión y los buenos momentos. He visto muchas casas diferentes: modernas, saturadas, minimalistas, tecnológicas, ecológicas, enormes, pequeñas, impecables, caóticas. También he vivido en muchas casas y departamentos diferentes. Y cuando pienso en ellas, lo que más queda en mi memoria son las sensaciones asociadas a esos lugares. Después de todo, lo más importante es que aquel lugar que llamamos casa, es un sitio al cual queramos regresar después de la jornada



En medio de la ciudad rugiente
existe un rincón tranquilo

un lugar lleno de rumores y de silencios

donde las puertas y las ventanas siempre están abiertas.

Allí está permitido soñar

y tener conversaciones largas sobre lo que se quiera,

o simplemente quedarse en silencio o dormir una siesta.

En este sencillo lugar no está prohibido fumar

no está prohibido divagar o pensar diferente,

porque en este rincón tranquilo

se defiende la libertad

y se puede compartir o cambiar de ideas

u observar pasar la vida en paz

y dejarse llevar por las tardes pasajeras.

Acá es común que suene la música

y el baile se exprese en cualquier lugar

o encontrar un mate cargado

y un libro para mirar.

Solo una cosa se prohíbe

y eso es dejar de soñar

de creer que la vida es un regalo

y que aún hay cosas por cambiar.



miércoles, 15 de enero de 2014

38. Pies descalzos

Los pies descalzos son una invitación a conectarse con los elementos: agua, tierra, aire, fuego. El mundo es un mar de sensaciones que esperan por ser descubiertas cuando somos niños, y que luego vamos olvidando con los años porque cubrimos nuestra conexión con lo que nos rodea, e ilusoriamente creemos que ya lo hemos descubierto todo.


Es verano mientras camino sobre la arena con el mar acariciando de forma intermitente pantorrillas, tobillos y pies. Mi mente divaga en intentar comprender cuánto nos desconectamos con lo que somos: parte integral de un planeta llamado tierra. El agua es helada y parece llegar hasta los huesos. Ahora los sentidos se expanden: los dedos se entierran encontrando una textura densa y la planta de los pies a veces siente alguna piedra que contrasta con la blanda arena y un reflejo evita que pise con fuerza. Me alejo del mar y el cambio de temperatura ahora comienza a quemar. ¿Cuando mi piel se puso tan suave y delicada que perdió la capacidad de resistir los elementos? Hace años, mis tardes eran recorrer mi barrio con los pies descalzos. Entonces aprendí que pisar con el talón era una costumbre errada y adquirida con el uso del zapato, y que se debía pisar primero con la parte de adelante, como si se flotara al dar cada paso.


El piso es de madera y su calidez acompaña aun en invierno. No así el baño donde se siente lo helado de la baldosa y es mejor pisar en los cubre pisos que se han puesto por aquí y por allá.


El césped está recién cortado y pica un poco en la planta del pie. Es temprano en la mañana y aun conserva la humedad de cuando fue regado. S camina a mi lado con los zapatos puestos y se ríe porque me dice que solo conseguiré agarrar un fuerte resfriado. Yo sonrió porque he perdido la cuenta de las veces que me han dicho aquello.


Me gusta sentarme en lugares donde mis pies puedan colgar totalmente libres en el vacío. Puentes, escaleras, vigas, techos, terrazas y muelles son lugares ideales para ello. De alguna manera aquello me conecta con los días de la niñez, cuando todo era así: una silla, el sillón, la cama, etc. 


sábado, 11 de enero de 2014

37. Fotografías

Volver a mirar a través de los ojos aquello que solo ha quedado en nuestra memoria es un privilegio que en el último siglo se ha desarrollado en una calidad y nitidez asombrosa. Ya no es necesario tener todo un equipo ni esperar dias para ver su resultado, pues incluso la telefonía móvil nos entrega la posibilidad de llevar una camara incorporada para registrar aquellos momentos que perdurarán en una imagen en el tiempo. Y sin embargo, la tradicional cámara nos entrega una calidad y un momento de captura que resulta enriquecedor como arte, como expresión de lo que nos rodea y de lo capturado al disparar el obturador. Y es aún más que eso. Con la utilización de las redes sociales, las fotografías nos permiten ver lo que otros ven, y ser parte de sus vidas a pesar de las distancias. Ver crecer a quienes amamos desde la distancia, o momentos como viajes, deportes, celebraciones o penas - entre otros - pueden compartirse a través de una imagen que transmite lo vivido. El desafio es capturar una buena imagen y seleccionar lo que se desea entregar para que otros experimenten y sientan contigo.

Para los antiguos la fotografía equivalía al robo del alma. La postura era rígida, solemne, desafiente o temerosa y debia mantenerse durante unos instantes para un buen y único resultado: un resultado que buscaba trascender el momento. Para los actuales en cambio, fotografiar equivale a capturar y publicar cantidades que escasamente dicen algo. Si en si misma la imagen es información, existe una saturación de eventos que no aportan nada, donde el resultado es capturar el instante para el instante.

Al igual que escribir, capturar una imagen que logre transmitir e interesar a otros es un arte. La composición de colores, luces, sombras y formas requieren una habilidad y sensibilidad que solo algunos pueden desarrollar en expresiones asombrosas. Incursionar en esta forma de expresión es en si misma una manera de ver el mundo con otros ojos, descubrir, asombrarse, y salir de lo cotidiano, sintiendo la satisfacción de un crecimiento personal que incluso ayuda a combatir sentimientos negativos como la depresión, la tristeza, o la ansiedad, tan comunes por estos días.