miércoles, 15 de enero de 2014

38. Pies descalzos

Los pies descalzos son una invitación a conectarse con los elementos: agua, tierra, aire, fuego. El mundo es un mar de sensaciones que esperan por ser descubiertas cuando somos niños, y que luego vamos olvidando con los años porque cubrimos nuestra conexión con lo que nos rodea, e ilusoriamente creemos que ya lo hemos descubierto todo.


Es verano mientras camino sobre la arena con el mar acariciando de forma intermitente pantorrillas, tobillos y pies. Mi mente divaga en intentar comprender cuánto nos desconectamos con lo que somos: parte integral de un planeta llamado tierra. El agua es helada y parece llegar hasta los huesos. Ahora los sentidos se expanden: los dedos se entierran encontrando una textura densa y la planta de los pies a veces siente alguna piedra que contrasta con la blanda arena y un reflejo evita que pise con fuerza. Me alejo del mar y el cambio de temperatura ahora comienza a quemar. ¿Cuando mi piel se puso tan suave y delicada que perdió la capacidad de resistir los elementos? Hace años, mis tardes eran recorrer mi barrio con los pies descalzos. Entonces aprendí que pisar con el talón era una costumbre errada y adquirida con el uso del zapato, y que se debía pisar primero con la parte de adelante, como si se flotara al dar cada paso.


El piso es de madera y su calidez acompaña aun en invierno. No así el baño donde se siente lo helado de la baldosa y es mejor pisar en los cubre pisos que se han puesto por aquí y por allá.


El césped está recién cortado y pica un poco en la planta del pie. Es temprano en la mañana y aun conserva la humedad de cuando fue regado. S camina a mi lado con los zapatos puestos y se ríe porque me dice que solo conseguiré agarrar un fuerte resfriado. Yo sonrió porque he perdido la cuenta de las veces que me han dicho aquello.


Me gusta sentarme en lugares donde mis pies puedan colgar totalmente libres en el vacío. Puentes, escaleras, vigas, techos, terrazas y muelles son lugares ideales para ello. De alguna manera aquello me conecta con los días de la niñez, cuando todo era así: una silla, el sillón, la cama, etc.