miércoles, 16 de abril de 2025

177. 3 años de AV

Este año fuimos solo nosotros cuatro, como si el mundo se hubiera hecho más chico, pero más profundo. Un cumpleaños íntimo, decimos, y en ese íntimo caben los abrazos que viajan por videollamada, los mensajes que zumban como abejas queriendo estar cerca. Nadie más en la mesa, pero todos, de algún modo, en el corazón del día.

El sol, a veinticuatro grados, se quedó largo rato entre las macetas y los juegos, y la casa se llenó de esa tibieza que parece una caricia que no pide permiso. A la noche, el frío vino como siempre: callado y azul, pero en casa se está bien, como dentro de una canción que ya conocemos.

AV conversa. Conversa en serio. Tiene palabras que rebotan como pelotas suaves, y aunque cambia las “ch” por “t”, como si fueran piezas de un rompecabezas con otro diseño, uno entiende todo. Dice “totolate” y “tiquitita”, pero “leche” la dice perfecta, como si esa palabra tuviera una casa aparte, con techo propio y ventanas abiertas. Y claro, la leche cada dos horas, como un reloj blanco que no falla.

Va al jardín a jornada completa, lo cual suena a oficina de juegos y dibujos. Le gusta pintar, bailar, y más que todo cantar. Canta como si se le fuera el alma por la boca pero sin que duela, y de vez en cuando se cuela un Diego Topa, una Diana y Roma, un Sherif Labrador, Bluey, los Meñiques. Todo cabe en su repertorio. Sabe contar hasta cincuenta, y cuando encuentra palabras en inglés las señala como si fueran bichitos de otro color. Le gustan los cuentos: los de Paw Patrol, los de las niñas que juegan en casa. Camina con su muñeca en cochecito, como si el mundo fuera una gran calle para pasear afectos. Duerme con su peluche de Minnie Mouse, y no se duerme sin él, como si la noche necesitara testigos.

No duerme siesta. No usa pañales, salvo por las noches, cuando el cuerpo ya no pelea con el sueño. Ha crecido, mucho. A veces ordena, a veces no. Juega sola, juega con su hermana, juega como si jugar fuera una forma de resistir el paso del tiempo. Le gusta la pinta, la escondida, cocinar aire, preparar pociones con cosas invisibles. No le gustan mucho las fotos, como si supiera que hay cosas que no se pueden encerrar en un clic.

Va al parque como quien va a un santuario. En especial al pasaje con gallinas, que para ella son como primas emplumadas. Anda descalza, como si el suelo fuera parte de su cuerpo. Dice "te amo" con una frecuencia que desarma. Se duerme a las nueve, se despierta a las siete, brinca en la cama cuando puede, y a veces cuando no puede también.

No se ha resfriado casi en todo un año, y cuando lo hace, el resfriado parece pedir permiso y pasar de puntillas. Mide noventa y cinco centímetros. Pesa quince kilos. Y todo eso cabe en ella, en esa pequeña persona que ya es un mundo con leyes propias, con risa propia, con amor suficiente para iluminar una casa entera.



jueves, 10 de abril de 2025

176. enero, febrero, marzo

 Rutina aproximada

8.00 Levantarse, movimiento fluido, leer algo breve.

9.00 Tomar desayuno en familia: café con leche, pan con palta y huevos, mate, bizcocho, galleta.

11.00 Aseo hostal, jardín, jugar con las pequeñas

13.00 Almuerzo, papas y pastas, ensalada, arroz, legumbres.

14.00 Encerrarse en casa para evitar el calor de la tarde. Ver series, películas, conversar, jugar, escuchar música.

17.00 Piscina!

18.00 - 20.00 Salir al patio a disfrutar del viento fresco, mate, pan con queso y jamón, huevos, paseo por el barrio

21.00 Cena y atardecer en el patio.

23.00 Cerrar rejas, mirar las estrellas y la luna, quedarse en el patio aún cálido.

23.30 Agradecer, estirar, darse una ducha, Dormir


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Meses con muchos días de sol y calor, promedio 35 grados de temperatura (a la sombra), pero la casa es fresca y agradable, el patio cubierto por quitasoles y mallasombras.

Salud con dolor de pie y espalda en enero, alergia. Febrero con ejercicios para fortalecer el pie, espalda. Marzo sin dolor! al fin. resultaron los ejercicios.

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ENERO y FEBRERO

Visita de papá, mamá, suegra y suegro. Los 4 abuelos en casa. las pequeñas felices. Conversar, comer, los días pasan rápidos y calurosos, siestas en las tardes para todos menos yo y AE, tardes calurosas, noches frescas, labores en el hostal, el sol quema, las plantas se secan, no florecen, sufren incluso a la sombra.

Todo enero estuvieron los abuelos de Buenos Aires, Mamá se fue a la playa en Las Cruces y luego a Concepción. Papá a Conce, Rere, Arauco, también Córdoba Argentina. Pasó pocos días con nosotros en casa, pero fueron lindos días. 

En febrero muchas construcciones y reparaciones en casa: techo, bodega, habitación con baño privado, canaletas, y otros detalles. 

Lo bueno es que no nos refriamos ni nada en verano, solo buena salud (excepto yo con alergia durante enero, nada tan sufrible) y dolor de fascitis plantar (eso si es muy molesto).

Las noches bellas, nos quedábamos viendo las estrellas, compartiendo y disfrutando de un bello verano.

El cumpleaños de Silvi fue a medias, pues justo ese día se cortó la luz en todo el país!! todo Chile sin luz, así que caos total en el trafico, supermercados y lo que significa que algo de esa magnitud ocurra. Aún así, dos amigos de ella se presentaron unos momentos para saludar y compartir la torta, las cositas ricas que preparamos y que nos duraron toda la semana, porque casi todo sobró y lo guardamos en el refrigerador para ir comiendo un poco cada día.


MARZO

Con la llegada de los estudiantes, la casa se llena de vida, de movimiento, y las finanzas comienzan a arreglarse poco a poco. Siempre hay cosas que hacer y mantener, y este es además un mes de muchos pagos (colegio, patente, etc). Siguió el verano en este mes, las tardes calurosas, el sol no da treguas, y las pequeñas entran al jardín y al colegio. Nuevas etapas, nuevos desafíos, nuevas alegrías.


Tanto el año pasado como este comienzo de año han sido tranquilos en muchos aspectos, con una vida generalmente bella, no excento de los problemas naturales a vivir. Nuestros mayores problemas son las finanzas, lograr llegar a final de mes, pagar todos los compromisos adquiridos, tener para seguir arreglando la casa, vivir con mayor comodidad, sin el temor de quedarnos sin trabajo y con ello sin nada para comer, pagar, continuar. Pero confío en lo que hacemos, nos seguirá yendo cada vez mejor, y vivir tranquilos y con una felicidad cotidiana serena.




martes, 8 de abril de 2025

175. Otoño otra vez

 Ya es Otoño, otra vez.

Y también un borrador con ese nombre, pequeño proyecto de novela, como si el título hubiera llegado primero, tocando la puerta en la forma de una brisa tibia que ya no era del verano.
La vida, claro, se repite pero no se copia. Ciclos que no calcan, que regresan distintos. Hasta hace poco todavía pensaba en lo mucho que me gusta el verano: andar como los gatos, con lo mínimo, sandalia, pantalón corto, polera. Todo el día, toda la noche, como si el cuerpo también quisiera vacaciones.
Claro que enero y febrero tienen esa hora ingrata donde el calor muerde, donde el patio arde y uno se esconde. Pero después baja el sol, se aquieta el aire, y las noches —ah, las noches— son casi un lugar para vivir.
Ahora no. Ahora son las tardes las que nos regalan un poco de tregua. Las noches y las madrugadas se llenan de frío, de bufandas, de suspiros que se ven. Hay días en que no calienta ni la memoria del verano.

Nos vestimos de manga larga, de pantalón largo, como si cada prenda fuera una hoja más que cae sobre el cuerpo.
Pero hay belleza. Siempre hay belleza en el otoño si uno sabe dónde mirar.
La luz que se pone más dorada, más oblicua.
Los árboles que se inventan otros colores.
El viento que cuenta historias.
Los mates que vuelven como un rito.
El yoga al atardecer, con el sol cruzando los dedos de las ramas.
Las películas que regresan porque afuera se oscurece más temprano.
Y hay flores, sí, como si también ellas quisieran decir: “Todavía estamos”.

AE comenzó un colegio nuevo. Queda cerca, así que cada mañana y cada regreso es una caminata de un kilómetro, ida y vuelta, como si el trayecto también educara.
Calle arbolada, pasos compartidos, palabras al vuelo.
A ella le gusta ir, aprender, conocer. Tiene algo en la mirada que busca, que pregunta sin hablar.
AV sigue en el jardín. Le gusta menos, dice que no, que prefiere estar con nosotras, con su mundo pequeño y enorme a la vez.
Los horarios se intercalan, los tiempos se recortan, como un rompecabezas armado a diario.
Pero ellas ya juegan juntas.
Nos dan espacio.
Y en ese espacio, se cuela algo de silencio.
Algo de nosotros.
Podemos trabajar.
Podemos hacer lo que se debe.
Y a veces también lo que se quiere.

Este año, por primera vez, los cuatro abuelos bajo el mismo techo. Enero los trajo como se traen las lluvias suaves: sin aviso, sin certeza de repetición.
Estaban todos.
Y nosotros.
Y las niñas.
Hubo momentos lindos, de esos que se esconden en las rendijas del tiempo.
¿Volverá a suceder?
Lo dudo.
¿Quién puede saber lo que vendrá?
Nadie.
Pero lo que vino, lo que fue, se queda.