Siempre tengo esa secreta esperanza de un mensaje, de un gesto que me llegue desde algún lugar quizás como una especie de clave morse, de enigma, de código, o simple cotidianidades como un post, una imagen, un grafo cualquiera. Estoy mirando la luna llena que hoy asomó hermosa y majestuosa por la cordillera. El cielo despejado, y se siente un frío que te besa la cara. Pienso en otras noches ya tan lejanas que a veces me pregunto si en realidad existieron, si en verdad hubieron abrazos largos, apretados y cálidos. La distancia se siente con mi propio padre a quien quisiera abrazar, pero con quien pudimos hablar gracias a la tecnología de hoy.
Han pasado meses desde que no he tenido pesadez en mi mente, dolor de alma, angustia, aprensión en el pecho. La vida se siente y se vive hermosa, tranquila, serena. Hoy hubo sol, pero estos días llovió con intensidad. Parece que todo fuera así de sencillo, así de cambiante, así de cíclico. Respiro profundo y siento como si estuviera comiendo una pastilla de menta de tan fresco que está el aire de Junio. Santiago es hermosa en esta época y la montaña se encuentra nevada, imponente, pero ya es de noche y solo puedo imaginarla porque la oscuridad la oculta de mi mirada. Y allí, parado en la calle el mate me hace compañía mientras espero que la vida solo suceda y que yo pueda captarla, sentirla, ser parte de este momento simple donde la ciudad gira y se mueve, los vehículos pasan, la gente va con paso apretado hacia sus hogares escapando de este frío otoñal.
Entonces me entro, tomo mi guitarra y la toco un rato, canto y me encuentro con esa parte de mi que me conecta con mi historia, con mis pasiones más básicas y simples. Recuerdo cuando hace años yo era un adolescente que tocaba con los compañeros del colegio canciones en inglés y español en los recreos y cambios de hora. Hoy la vida es tan distinta pero tan similar que a veces me cuesta pensar que han pasado más de 20 años.
Se va este día, otro día del padre, otro junio, otro año, otro momento lleno de momentos, y tan vacíos de momentos.
domingo, 16 de junio de 2019
jueves, 6 de junio de 2019
135. Rutinas de ayer y de hoy
Creo que en general estamos marcados por rutinas que nos imponen los tiempos y la sociedad, nuestros intereses, nuestros momentos.
Mis primeras rutinas incluían despertar y orar, desayunar e ir al colegio, salir del colegio e ir a almorzar donde mi Abuela Marta, pasar las tardes leyendo y estudiando, orar y acostarme. Una rutina que siempre recuerdo es ver Robotech en el canal 13 a las 17 horas. Mis segundas rutinas cambiaron el ir al colegio por ir a la universidad, e incluyó el ir a la iglesia varias veces a las semanas por reuniones de mis llamamientos (participación) en ella y por deporte. En efecto una rutina que se destaca de aquella época era jugar babyfútbol los lunes, miércoles y viernes a las 20 hrs con los amigos. Mis terceras rutinas fueron las de un hombre casado y con hijos, y cambiaron el ir a almorzar siempre donde mi abuela a ir de vez en vez, almorzar en casa con mi esposa, hacer dormir a mi hija (y luego a mis otros hijos) la siesta y por las noches mientras les cantaba alguna canción, salir los fines de semana a comer algo o a pasear juntos. Quizá la rutina que más atesoro es dar de comer y luego hacer dormir a mis hijos cantándoles una canción, donde muchas veces me quedaba dormido yo y ellos seguían despiertos dando vuelta por la cama. Mis cuartas rutinas cambiaron la universidad por el trabajo y el pasar tiempo con mis hijos por estar solo. La soledad es una dura rutina cuando no se está acostumbrado a ella. Cuando la vida te obliga a cambiar todo tu esquema de vida. Nunca antes había incorporado el tocar guitarra y ver series como algo tan importante en mis rutinas diarias. Con el tiempo incorporé el yoga como rutina, el salir a correr, la jardinería y jugar ajedrez en plaza de armas.
Hoy a mis 42 años mis rutinas son muy entretenidas, aunque extraño algunas que me han sido impedidas, disfruto las que puedo hacer. Cuido mi espíritu y mi cuerpo durmiendo las horas necesarias para un buen descanso y luego comenzando el día con despertar y orar, hacer ejercicio de flujo dinámico (yoga, taichi, Qi Gon), meditar, desayunar. Cultivo mi mente, leo, comparto por redes sociales y me entero un poco de las noticias, sobre filosofía y política, dedico tiempo a escribir poesía, relatos y de todo un poco en el blog. Voy a trabajar en bicicleta, disfruto el camino, del trabajo sistemático y de volver a casa y tomar mate y leer, cuidar mi huerta, regar, cosechar algo para la once o almuerzo de mañana, tocar guitarra, jugar una partida de ajedrez on line, cocinar algo para el día siguiente, conversar con mi pareja sobre su día y otras cosas que fortalece nuestro amor y nuestra sociedad como pareja. Entonces por lo general aprovecho de leer otro poco, llamar por teléfono a la familia (principalmente a mi tía Marta), luego ver alguna película juntos (o serie), orar y dormir. Una de las rutinas que más atesoro en esta época son nuestras salidas de viernes por la noche o de fin de semana a caminar, a comer o tomar algo, a recorrer la ciudad o a la naturaleza, museos, restaurantes, a tomar mate en alguna plaza.
Gracias por una vida de rutinas hermosas.
Mis primeras rutinas incluían despertar y orar, desayunar e ir al colegio, salir del colegio e ir a almorzar donde mi Abuela Marta, pasar las tardes leyendo y estudiando, orar y acostarme. Una rutina que siempre recuerdo es ver Robotech en el canal 13 a las 17 horas. Mis segundas rutinas cambiaron el ir al colegio por ir a la universidad, e incluyó el ir a la iglesia varias veces a las semanas por reuniones de mis llamamientos (participación) en ella y por deporte. En efecto una rutina que se destaca de aquella época era jugar babyfútbol los lunes, miércoles y viernes a las 20 hrs con los amigos. Mis terceras rutinas fueron las de un hombre casado y con hijos, y cambiaron el ir a almorzar siempre donde mi abuela a ir de vez en vez, almorzar en casa con mi esposa, hacer dormir a mi hija (y luego a mis otros hijos) la siesta y por las noches mientras les cantaba alguna canción, salir los fines de semana a comer algo o a pasear juntos. Quizá la rutina que más atesoro es dar de comer y luego hacer dormir a mis hijos cantándoles una canción, donde muchas veces me quedaba dormido yo y ellos seguían despiertos dando vuelta por la cama. Mis cuartas rutinas cambiaron la universidad por el trabajo y el pasar tiempo con mis hijos por estar solo. La soledad es una dura rutina cuando no se está acostumbrado a ella. Cuando la vida te obliga a cambiar todo tu esquema de vida. Nunca antes había incorporado el tocar guitarra y ver series como algo tan importante en mis rutinas diarias. Con el tiempo incorporé el yoga como rutina, el salir a correr, la jardinería y jugar ajedrez en plaza de armas.
Hoy a mis 42 años mis rutinas son muy entretenidas, aunque extraño algunas que me han sido impedidas, disfruto las que puedo hacer. Cuido mi espíritu y mi cuerpo durmiendo las horas necesarias para un buen descanso y luego comenzando el día con despertar y orar, hacer ejercicio de flujo dinámico (yoga, taichi, Qi Gon), meditar, desayunar. Cultivo mi mente, leo, comparto por redes sociales y me entero un poco de las noticias, sobre filosofía y política, dedico tiempo a escribir poesía, relatos y de todo un poco en el blog. Voy a trabajar en bicicleta, disfruto el camino, del trabajo sistemático y de volver a casa y tomar mate y leer, cuidar mi huerta, regar, cosechar algo para la once o almuerzo de mañana, tocar guitarra, jugar una partida de ajedrez on line, cocinar algo para el día siguiente, conversar con mi pareja sobre su día y otras cosas que fortalece nuestro amor y nuestra sociedad como pareja. Entonces por lo general aprovecho de leer otro poco, llamar por teléfono a la familia (principalmente a mi tía Marta), luego ver alguna película juntos (o serie), orar y dormir. Una de las rutinas que más atesoro en esta época son nuestras salidas de viernes por la noche o de fin de semana a caminar, a comer o tomar algo, a recorrer la ciudad o a la naturaleza, museos, restaurantes, a tomar mate en alguna plaza.
Gracias por una vida de rutinas hermosas.
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