miércoles, 28 de enero de 2015

57. Sabiduría

Para ser sabio se debe adquirir sabiduria. Y ¿qué es la sabiduría? es el arte de saber vivir, saber actuar, saber elegir. Y vivir es realizarnos, adquirir los conocimientos y habilidades para ser libres, autosuficientes, sentipensantes, y por sobre todo, ser lo que uno es, llevar la vida hasta lo mas alto, convertir la potencialidad de vida en actividad plena.

Al adquirir sabiduría nos desarrollamos, abarcamos nuestros pilares fundamentales de desarrollo humano y vamos alcanzando nuestra plenitud. En la actualidad vivimos en un sistema que no nos acerca a la sabiduría, sino a adquirir y producir, a explotar y sobreconsumir, a buscar incesantemente lo material aumentando nuestros deseos y creando siempre nuevas necesidades falsas, convirtiendo al hombre en un servidor del sistema y de las cosas.

El sabio desconoce (porque la ha conocido y superado) la impaciencia, la miseria, los excesos, y ahora sabe esperar, valorar, elegir, disponer, adquirir de una manera distinta. Conoce y puede gobernar sus emociones fundamentales negativas, y dar rienda suelta a aquellas que le son positivas. Y entonces se vuelve libre, sereno, completo. Ha logrado encontrarse a sí mismo, conocerse, y potenciarse para ser lo que es en toda su potencialidad viviendo plenamente.

Reconoce cual es el fín de la vida, hacia donde apunta toda la experiencia llamada vida y entonces simplemente es, viviendo.






domingo, 11 de enero de 2015

56. El juego como forma de aprendizaje

La primera relación que establecemos con nuestro medio (natural y humano) es a través del juego. Descubrimos, aprendemos, establecemos límites y relaciones a través del juego. Esta es sin duda la actividad más importante y que siembra las bases del desarrollo en la vida individual y social de una persona. Nuestras primeras experiencias de crear, de proyectar, de enfrentar el riesgo, el éxito, el fracaso, las frustraciones, o superaciones se encuentran en el juego con otros. Por eso es importante jugar con pocos juguetes y con otros amigos tanto conocidos como desconocidos (en un parque por ejemplo). Y tan importante como la experiencia de jugar, es la experiencia de la libertad, de ensuciarse, traspasar algunos límites y experimentar en su plenitud el juego para saber hasta donde soy capaz, del movimiento, de la velocidad, del caer y volver a levantarse. El riesgo es la gran experiencia del juego, es aprender a conocer los propios límites, ponerse a prueba con los compañeros y consigo mismo, para sentir la vivencia de ganar o perder ante ellos y ver si mañana puedo superarme y a ellos tambien.

El juego tambien es autonomía, es desarrollo de la personalidad y de comenzar a ser un individuo social e independiente de los padres y la familia. Salir a jugar, dejar la casa por un tiempo, ser responsable de uno mismo sin que se encuentre al lado el adulto vigilante y pronto a decir que no, es desarrollar responsabilidad y autonomía.

Jugar afuera, al aire libre, con amigos es gastar energía y desarrollar las aptitudes piscomotoras para la adolescencia y la adultez, y prepara mejor la mente para el conocimiento intelectual. Tal vez con el simple acto de jugar afuera y con compañeros se eliminaría o reduciría uno de los mayores problemas actuales: el déficit atencional.

Jugar es parte integral del ser humano, principalmente en la niñez, pero perdura por toda la vida a través del deporte, los hobbies y actividades varias que permiten sentir la vida en su plenitud en todo su desarrollo.