La primera relación que establecemos con nuestro medio (natural y humano) es a través del juego. Descubrimos, aprendemos, establecemos límites y relaciones a través del juego. Esta es sin duda la actividad más importante y que siembra las bases del desarrollo en la vida individual y social de una persona. Nuestras primeras experiencias de crear, de proyectar, de enfrentar el riesgo, el éxito, el fracaso, las frustraciones, o superaciones se encuentran en el juego con otros. Por eso es importante jugar con pocos juguetes y con otros amigos tanto conocidos como desconocidos (en un parque por ejemplo). Y tan importante como la experiencia de jugar, es la experiencia de la libertad, de ensuciarse, traspasar algunos límites y experimentar en su plenitud el juego para saber hasta donde soy capaz, del movimiento, de la velocidad, del caer y volver a levantarse. El riesgo es la gran experiencia del juego, es aprender a conocer los propios límites, ponerse a prueba con los compañeros y consigo mismo, para sentir la vivencia de ganar o perder ante ellos y ver si mañana puedo superarme y a ellos tambien.
El juego tambien es autonomía, es desarrollo de la personalidad y de comenzar a ser un individuo social e independiente de los padres y la familia. Salir a jugar, dejar la casa por un tiempo, ser responsable de uno mismo sin que se encuentre al lado el adulto vigilante y pronto a decir que no, es desarrollar responsabilidad y autonomía.
Jugar afuera, al aire libre, con amigos es gastar energía y desarrollar las aptitudes piscomotoras para la adolescencia y la adultez, y prepara mejor la mente para el conocimiento intelectual. Tal vez con el simple acto de jugar afuera y con compañeros se eliminaría o reduciría uno de los mayores problemas actuales: el déficit atencional.
Jugar es parte integral del ser humano, principalmente en la niñez, pero perdura por toda la vida a través del deporte, los hobbies y actividades varias que permiten sentir la vida en su plenitud en todo su desarrollo.