T acaba de terminar su secundaria, graduándose y preparándose para entrar a la universidad. Por supuesto que tampoco estuve presente, solo pude ver una fotografía desde el exilio. Hasta hace poco logramos conversar de vez en vez porque ella me llamó diciendo que quería que comenzáramos a acercarnos como padre e hija, aunque resultó ser siempre básicamente lo mismo: pedirme dinero. Un buenos días o cómo has estado simplemente por saber no fue la base de esta naciente e impróspera relación. Finalmente no puedo esperar otra cosa, si ella solo hace lo que ha aprendido de su madre. Hace unos días me pidió que ayudara a financiar un viaje de mi otro hijo, su hermano menor. En una difícil situación económica en la que muchos nos encontramos, y también una difícil situación país en la que el dólar esta muy arriba, el costear un viaje en dólares no es sencillo. Aún así accedí con la única condición de hablar con la persona que estaría a cargo de mi hijo en este viaje internacional. Eso pareció ser un imposible, y la condición era que yo aceptara y pagara sin pedir nada a cambio. Debía confiar totalmente en que ellas (mi hija y su mamá) confiaban plenamente en el profesor con el cual viajaría. Mi hijo es pequeño aún (11 años), y me preocupa mucho su bienenestar, por lo que no acepté de ninguna manera si no hablaba con quien estuviera a cargo del viaje y con quién se preocuparía de su estadía en aquel lugar. Finalmente eligieron decirme que yo le estaba cortado las alas, que me metiera mi dinero bien guardado (o algo así) y que eso era todo, no más relaciones en el futuro. Nada nuevo, nada que no me hubiera esperado.
Así va terminando otro año en el que continuamos alejados. Por septiembre y octubre comenzó esta etapa de acercamiento hacia ellos en los que pude hablar un poco con ambos hijos. Con el menor de los tres no pude hablar nunca, solo con los dos mayores. Pero finalmente todo permanece como antes. Yo albergo una pequeña esperanza de que no sea como antes, que algo se haya movido en ellos en los escasos diálogos que compartimos. Además ahora mi hijo sabe que no me he ido del país abandonándolos, y que sus abuelos paternos están vivos y no muertos. También sabe que soy yo quien paga el colegio y le envía el dinero para sus cosas y que estoy tratando de acercarme dentro de lo posible a ellos. Ahora sabe que no soy un padre ausente. Poco a poco la red de mentiras que se han tejido en estos años se irán cayendo, pero lamentablemente no con la rapidez que a mí me gustaría. Pero también ahora sabe que depende de él y de ellos el acercarse a mí.
Pienso que la única opción de que algún día compartamos es que realmente quieran acercarse para conocernos verdaderamente, persona a persona, padre a hijo, y que lean el proceso judicial que finalmente dictaminó que yo no podía verlos ni acercarme a ellos ni hablarles hasta el día en que ellos quieran hacerlo. Recién entonces podrán ver que mis dos mayores errores fueron 1) tratar de manera humana a alguien que no lo era (es decir a su madre) y que de manera irracional manipuló el sistema a su favor, y 2) confiar en que el sistema judicial haría su trabajo. Simple e ingenuamente creí que cuando el tribunal determinara que ninguna de las acusaciones eran verdaderas, entonces fallaría a mi favor. Pero aunque el tribunal determinó que no habían evidencias ante ninguna de estas acusaciones, solo por un principio precautorio era mejor alejarlos de su posible agresor (en este momento me faltó además un buen abogado). Esto se repitió en cada uno de los fallos, en donde en las escasas ocasiones en que el tribunal determinó visitas a mi favor con presencia de su madre u otro adulto, ella fue en los días siguientes a poner una nueva denuncia de que los niños tenían miedo, pesadillas, se orinaban en la cama, etc. luego de mis visitas. Ni siquiera las grabaciones de nuestras visitas y las fotografías que desmienten todo eso lograron que el tribunal fallara por mantener una relación de cercanía. En el último juicio donde se logró probar alienación parental por parte de la madre, el tribunal no quiso cambiar sus fallos anteriores en beneficio de los menores, los cuales ya estaban emocionalmente necesitados de su madre y alejados de mí, su padre. En ese caso, ellos (un grupo de expertos compuestos por consejeros técnicos, sociólogos, psicólogos) decidieron que el juez debía fallar lo que finalmente dice el documento: que en beneficio de los menores el padre solo podrá mantener económicamente a sus hijos y no podrá acercarse de ninguna manera a ellos hasta que sean ellos mismos lo que decidan hacerlo. Sin duda la alienación parental debiera ser castigada por ser un tipo de abuso hacia los hijos.
Yo estoy agotado. Física, emocionalmente y también económicamente de todo este proceso. Pero la vida va abriendo nuevas etapas. Estamos a las puertas de un nuevo año que trae nuevas posibilidades. El tiempo va transcurriendo y ellos van creciendo. Yo deseo que sean felices y personas de bien, que logren desarrollar empatía social y que logren sus sueños como personas en lo que eligen hacer para vivir. Esta pesadilla tendrá que acabar, y al igual que después de una tormenta sale el sol, sus vidas y nuestras vidas pueden ser mejores y quizá compartamos bellos momentos en el futuro, cuando seamos parte de una nueva etapa como familia. Mientras, yo espero paciente a que la vida se dé así.