viernes, 29 de diciembre de 2017

114. Volar

Tengo que aprender a volar entre tanta gente de pie, dice la letra de una canción del flaco Spinetta. Muchas veces me siento asi: tengo que aprender a volar. Hay veces que vuelo lejos, y mi corazón se llena de cielo, aire, viento, sol, nubes, abrazos, sonrisas y palabras bellas. Los amigos, la fotografía y la música me causa eso. También el amor. Mis hijos siempre, desde lejos. Viajar.

Recién regreso de recorrer la cordillera de los Andes y de la Costa en la región del Biobio. Sus paisajes ya conocidos por mí se muestran siempre fascinantes, alucinantes y maravillosos: nunca dejan de sorprenderme y de transportarme. Vuelo mientras el camino se presenta y se abre adentrándome en la cordillera. El río murmullo, fluye de un color intenso. El verde de los árboles y sus flores amarillas, blancas, rojas contrasta con el azul del cielo. Vuelo.

Pero también vuelo cuando voy un poco más allá y despierto mi consciencia social, ambiental, universal. Cuando doy un poco más de mi tiempo, de mis recursos, de mi consumir menos y producir menos basura. Cuando comparto las sonrisas y los abrazos. Cuando leo un libro. Cuando entiendo la filosofía. Cuando pienso y siento. Y así como yo, muchos vuelan conmigo.