martes, 14 de febrero de 2017

98. Amor

Quizá sea el amor y el desamor la mayor fuente de inspiración a escritores, cineastas, cantantes y a todo aquel que alguna vez haya experimentado estos sentimientos. Y sin embargo, a veces pareciera que el amor es algo que se toma de manera superficial, más de palabras que de acciones reales. Tanto es así que metemos al amor en un solo espacio, olvidando distinguir los diferentes tipos de amor que es necesario desarrollar de forma paralela y conjunta: el amor por uno mismo, el amor por los demás, el amor por nuestro entorno, el amor por cultivar el amor.

Cuando niños, aprendemos a amar a nuestra familia y ellos se convierten en el centro de nuestro amor y nuestra vida. Pero al crecer un poco, comenzamos a aprender el amor por los desconocidos que luego se volverán parte importante de nuestra vida: los amigos. Lo bueno de esta etapa es que logramos mantener un equilibrio entre el amor a nuestra familia y a los amigos. Pero luego, en la adolescencia, el amor por la familia muchas veces decae, y nuestros amigos ocupan la mayor parte de nuestro amor. Poco tiempo después, comenzamos a experimentar el amor de pareja, el cual muchas veces nos lleva por terrenos de egoísmo y absolutismos que pueden ser arrastrados por gran parte de la vida. Lamentablemente esto es más común de lo que nos gustaría aceptar, y nuestras relaciones se basan en un amor absolutista y en desequilibrio con nuestras relaciones sociales, desplazando a la familia, amigos e incluso a nosotros mismos en muchos casos.

El amor en equilibrio es aquel que se demuestra no solo con palabras, sino con acciones pequeñas y cotidianas siendo parte importante de nuestra vida. En ella reconocemos lo que otros hacen por nosotros y entregamos nuestras propias acciones a quienes amamos en palabras, gestos, actos. Buscamos desarrollar nuestro amor propio en armonía con el amor hacia aquellos que están cerca de nosotros: parejas, hijo, amigos, familia, e incluso la naturaleza. El amor no ejerce influencia o peso sobre uno mismo o sobre otros. Respeta y se hace respetar. Recibe y entrega.

Comprender el amor y lo que es amar nos puede llevar toda una vida. Amar y vivir van de la mano, y no se puede alcanzar la plenitud del uno sin el otro. Aquellos que se convencen que la vida sin amor es una vida mejor, con el tiempo se dan cuenta de su error. Porque confundieron el problema con la solución: un mal amor trae falta de equilibrio, de armonía y reduce nuestro mundo, mientras un buen amor expande nuestra vida y nos lleva por caminos que fomentan nuestro crecimiento personal y algo que a veces parece rehuirnos: la felicidad plena.