La impaciencia. Que algunos quieran todo ahora mismo. No darse los tiempos y las pausas tan necesarias. Aquellos que detrás de un volante la manifiestan sin escrúpulos y hacen sonar la bocina (sobre todo si la luz aún no cambia a verde) o en la carretera se te apeguen en espera de adelantar y encerrarte casi topándose entre sí. La pérdida de conceptos simples como la familia y el urbanismo. Ver que cada vez hay más edificios gigantes poco estéticos y que rompen con todo el equilibrio de un lugar. La inexorable extinción de los barrios. De sus almacenes y sus plazas. De sus sábados de feria. La injusticia y la inequidad social. El consumo por consumir. El amor a las riquezas y al poder. Aquellos que dicen servir a otros y solo se llenan los bolsillos. Hacerse la víctima. El aparentar lo que no se es. No decir no lo sé cuando algo no se sabe. Convencerse que la forma es más importante que el fondo. No aceptar que la vida es cambio y es incierta. Querer controlar todo. Todos esos calificativos negativos tan conocidos (el egoísmo / el orgullo / la desconfianza / la mentira / la traición). Ver que en algunas ocasiones sacan a un inepto para poner uno peor (en el futbol y la política sobre todo). Los contenidos vacíos. Viajar para llegar y no por el placer del viaje. Ver pasar la vida sin ser parte de ella. El olvido después del amor.
El olvido después del amor
La
que me amó me ha olvidado
Ya
no me regala una palabra de sus labios
Atrás
quedaron nuestros momentos
Un
abismo se ha abierto entre mis ojos y su abrazo
Su
sonrisa solo es parte de un recuerdo
Al
igual que el sonido de su voz cuando decía te amo