No puedo dejar de pensar que vivimos en tiempos donde se respira miedo. Miedo a
profecías de que todo acabe o de nuevos comienzos. Miedo de salir, miedo de
quedarse, miedo de confiar. Miedo a la muerte y a la vida. A organismos
diminutos y a otros gigantes. A cambios que no queremos. Con el paso de los
años tuve que ir enfrentándome a lo que le temía. Todo aquello que por cultura
o tradición es causa de temor. El miedo me tumbó y me susurró que me quedará en
el suelo porque si me levantaba me tumbaría nuevamente.
Pero el secreto del miedo es que quiéraselo o no, te llevará a demostrar tu fortaleza y que los temores son para superarlos. Y que solo entonces se puede forjar el carácter y ser lo que debes ser y no lo que otros quieren que seas. Porque el miedo solo existe cuando te aferras a convicciones que son erróneas. No temes perder algo si comprendes el verdadero sentido de pertenencia. No temes al cambio si entiendes que es normal y necesario. No temes a lo desconocido si ves en ello una oportunidad de crecer. Que todo es parte de vivir.
El pez no debe temer a nadar. El ave no debe temer a volar. El hombre no debe temer a experimentar. Y experimentar es crecer, es evolucionar. He visto que a veces existe una evolución del miedo, miedos que crecen hasta hacerse infinitos, miedos que cambian y se reemplazan por nuevos miedos. Y entonces recurro a mi experiencia, a lo que he vivido. He vivido hasta ver que muchos de mis miedos se han cumplido y me han hecho ver que no son tan terribles. Como el miedo a la oscuridad. Y la oscuridad llegó y no pasó nada. Como el miedo a la soledad. Y la soledad llegó y no pasó nada. Y a medida que fueron llegando me mostraron que en realidad no pasa nada, que muchos miedos son absurdos y otros son necesarios para mantenerte alerta, la mayoría una suma de cosas que no me gustan o preferiría que no se materializaran, pero más allá de eso, no son nada.
Nadie me dijo que en realidad otros debían ser mis miedos,
algo más fundamentales y más peligrosos. Como miedo a vivir con miedo. Como
dejar de vivir y experimentar por tener miedo. Como sucumbir al éxito y al
poder, que pueden ser peores que todos los otros miedos juntos. Porque si no
les temes no estás preparado. Y tal vez aquello a lo que no le temes termine
llevándote a todo lo que has temido alguna vez. O aun peor, convertirte en
aquello que temes.
Y entonces una reflexión final sobre el miedo:
Miedo
Cuando dejé atrás mis miedos
Comencé a sentir la libertad
Y mis miedos no me dejaron hasta que me abrazaron
Y me mostraron que solo se teme lo desconocido
Lo no experimentado
Porque cuando se materializan los miedos
Ya no se les puede temer
Solo se les puede afrontar y superar
O sucumbir y dejarse atrapar