miércoles, 25 de julio de 2018

126. Sentimientos

Hace nueve años naciste y fui el primero en tomarte en brazos. Eras tan pequeño, tan frágil como lo es un bebe que recién ha llegado a este mundo. Nunca olvidaré esos sentimientos de amor, de compromiso, de un padre que comprende que desde ese momento es responsable de la vida y el cuidado de este nuevo integrante de la familia. Mirarte y saber que eres un hijo de Dios que ha sido puesto a nuestro cuidado, a mi cuidado. Desde aquel día somos familia: yo como tu padre y tu como mi hijo. Y sin embargo las cosas se fueron complicando y la vida se fue torciendo, alejándonos. Es difícil expresar los sentimientos que me embargan en estos momentos. Mis más tiernas oraciones son por ti y tus hermanos cada mañana y cada noche. Hay días que me cuesta más que otros sobrellevar esta distancia y esta pena. Soy un hombre de poca expresión y muchos pueden pensar que nada de esto me afecta, que vivo mi vida y los he olvidado. Pero aún cuando ustedes se olviden de mi yo nunca podría olvidarme de ustedes, los llevo grabados en mi alma, en mi memoria en cada uno de sus nacimientos y momentos que pasamos juntos. En cada vez que contemplo el cielo, el mar, la montaña, las flores y las aves. Solíamos acampar y sentir la naturaleza haciéndola parte de nuestras vidas. El presente no es fácil y tal vez el futuro sea complicado también, pero debes saber que yo te he elegido y amado desde siempre, de manera incondicional y pura. Y si algún día deseas buscar más y más sobre tus raíces, siempre podrás contar conmigo, con mi amor y mi apoyo incondicional. Pero la vida recién comienza, la niñez comienza a quedar atrás y la adolescencia pronto traerá sus propios desafíos.  Por eso lucho por ustedes y lo seguiré haciendo de todas las maneras que me sean posibles. Es un proceso largo, doloroso, agotador, muy frecuentemente frustrante pero que ha valido todo mi tiempo invertido en ello, derrota tras derrota, y pequeña victoria tras pequeña victoria. No me queda más que decirte que te amo mi hijo, mi pequeño tesoro que va creciendo y haciéndose un hombre, y en mi corazón espero que seas un hombre de bien, una luz y una bendición para ti y para otros. Feliz cumpleaños mi pequeño campeón. Quizá pronto estemos juntos para compartir la vida.