El viento de Concepción en Octubre arrebola los cabellos. 1991 fue un año donde muchas cosas cambiaban en el mundo, y para un adolescente con sueños de un futuro mejor todo parecía tan lejano e inalcanzable. Sin embargo tal como la vida se encarga de enseñarnos, las cosas cambian cuando tienen que cambiar, el viento sopla y de pronto sin razón aparente se detiene, o la lluvia llega como una amiga que no ha sido invitada ese día en especial. Pero sucede, y no tienes mas remedio que aceptarla, disfrutarla y acostumbrarte a menos que quieras quedarte en casa mirando la vida desde la ventana. Y entre todas las sorpresas de un día cambiante, me esperaba una compañera que se ha vuelto parte de mi, de mis tardes, de mis noches de luna llena, de mis reuniones con amigos, de mis penas y alegrías. Ella, la Dolores, mi guitarra de madera entraba en mi vida.
Coquimbo tiene ese aire de puerto que lo hace tan especial. La costa se desarrolla de manera irregular entre bahías rocosas y de arenas donde el sol se refleja en un mar azul y que se pierde en el horizonte. Es una maravilla cuando el sol comienza a ocultarse tras el horizonte y los pelicanos enormes atraviesan rasantes las olas deslizándose por el cielo con una gracia y una suavidad que contrasta con sus enormes cuerpos. 1996 siempre tendrá esos aromas a océano y puerto que me enamoran tanto como lo hacen Valparaíso en 1999 o Talcahuano un poco antes en 1994.
2001. Una hermosa bebé duerme en mis brazos. La vida no puede ser mas bella. Yo me miro al espejo y veo su rostro tan sereno, tan suave. Comienzo a ver mis primeras arrugas rodeando mis ojos.
Viena es una ciudad que impresiona por su belleza, su orden, su forma de vivir la vida. Las aguas del Danubio son de un azul tan intenso que podría pasar horas con la mirada fija en su pasar inalterable, mientras una pareja de cisnes blancos se dejan llevar tan calmos por la corriente. Hace calor, pero anuncian lluvia. La ciudad huele a esa lluvia fina que llegó al anochecer, y las luces de las farolas parecen mágicas. Nos vamos a un departamento pequeño pero acogedor, donde tocamos mil horas. Salimos a la vida nocturna otra vez y esta vez el cielo comienza a despejar. Entramos a un local que está repleto, allí bailamos con desconocidas que parecen modelos. Nos vamos a otro bar, y luego a otro, hasta llegar a una disco donde nuestros cuerpos se mueven como hipnotizados por el ritmo de los parlantes y los cuerpos aledaños. Pronto amanecerá y todavía hay muchas historias que serán vividas ese 2008.
La majestuosidad de las montañas, el viento del sur, la soledad de la Patagonia. Mis ojos se llenan de ríos y lagos color turquesa, glaciares milenarios y 2011 me encuentra en las Torres del Paine como un gran regalo de la vida. El paisaje se me incrusta en el alma, me emociona hasta la médula. Los caminos de tierra se abren mientras vamos conociendo y explorando más y más toda la zona que está cercana al lago Toro. No puedo mas que pensar que la vida es un gran regalo.
La casa de ñuñoa tiene esa magia y esa quietud que invita a que las tardes sean llenas de todo: música, amigos, risas, bailes, conversaciones bajo la parra que ya ha comenzado a brotar. La hamaca se mece suave, las mariposas blancas y amarillas revolotean, los gatos acompañan durmiendo en esas posiciones que parecen imposibles pero para ellos deben ser muy cómodas. El viento hace sonar los llamadores de ángeles, el sol trae una tarde tibia. En los parlantes suena Natiruts, Silvio, Lalo Parra. Bailamos cueca, cumbia, salsa, merengue, house, y no se que otras cosas más. Reímos y reímos pero por dentro yo lloro... pero solo un momento, porque la vida sigue y los amigos hacen que este 2016 sea especial. Yo toco la Dolores, que me acompaña una vez más, inseparable, muda testigo de mi vida. Solo puedo decir que suena mas linda que nunca. Es como si todos estos años le hubieran dado experiencia, mas cancha. El otro día tocamos para unos compañeros y amigos que vivieron los horrores de la dictadura. Su sonido fue un bálsamo y amenizó ese emotivo encuentro. Pero ahora no tiene más testigo que yo, que la toco con todo el sentimiento que me da este momento. Mas tarde iremos a unos bares con amigos, reiremos otro poco, recordaremos días pasados y nos dejaremos llevar por todas esas emociones encontradas. Después de todo la vida es como es, y hay vivirla intensamente tal y como viene.