jueves, 3 de noviembre de 2016

93. Reflexiones sobre una generación

Es indiscutible que la vida pasa, los años avanzan y la historia invisible (esa historia de cada persona que no encontrarás en ningún libro) se escribe de manera inexorable y silenciosa. Así han pasado veintisiete años desde que una generación saliera de octavo año básico, y se volviera a reencontrar una tarde de sábado de 2016 para compartir historias, anécdotas y vivencias que han pasado desde aquel lejano 1989. Por aquel entonces el escenario en Chile era de cambio: hacía un año que había ganado el No en las urnas, lo que significaba que terminaba la dictadura, y en 1990 asumiría el primer presidente electo por la ciudadanía desde Salvador Allende en 1970. Nosotros, los de entonces, vislumbrábamos la importancia de lo que se vivía en el país y en el mundo, donde se cambiaba el cassette por el CD, comenzaba a aparecer la telefonía móvil, y una nueva plataforma computacional irrumpia y daba sus primeros pasos para apoderarse de la vida de la gente en el futuro: la internet. Pero nuestra preocupación mayor era todo ese futuro que aún quedaba por vivir: dónde continuar la secundaria, qué carrera u oficio aprender para después. Y ese después es hoy, donde los años han dejado éxitos y fracasos materiales, emocionales, espirituales; hijos, matrimonios, trabajos, ciudades... 
De veinte que asistimos, solo dos continuaban solteros, cinco sin hijos, la mitad separados o divorciados, uno era abuelo, uno recien era padre, dos eran padre por segunda vez, uno llevaba 18 años de matrimonio, tres habian durado al menos 10 años, cinco no tenían trabajo en lo que habían estudiado, diez nos habiamos ido de Concepción y cambiado al menos una vez de ciudad, seis vivimos actualmente cerca sin saberlo (ya quedó estipulada una nueva junta esta vez cerca de casa), dos viven con los padres, dos tiene tres o más hijos, seis han tenido o tienen depresión o angustia, todos estamos endeudados con el sistema financiero, uno solo no tenia internet en el celular. De los que eran tímidos no queda ninguno con esa timidez e introversión, de los que eran muy inquietos solo dos siguen igual de inquietos, los pensantes siguen pensantes, los peleadores ya no parecen serlo, los amantes de los deportes continuan aunque solo uno abandonó su pasión deportiva, los bromistas aumentaron, los serios disminuyeron. Todos estaban reconocibles, sin cambiar tanto desde esos años, un poco mas gordos, un poco más flacos, un poco más arrugados, pero escencialmente iguales.
Historias, vivencias, cambios.
Imagino que de alguna manera representamos a una parte de esa generación que vivió toda una transición política, ideológica, tecnológica y filosófica. La generación de los nuevos profesionales, de las oportunidades de mercado, del consumo ilimitado, del acceso a la información y el bombardeo de los medios, del cambio climático, de la revolución en los derechos de igualdad de genero y sexual, de los 140 carácteres para transmitir una idea, de grabarlo todo y ver pasar la vida en una pantallita luminosa que a veces se vuelve oscura.