martes, 6 de septiembre de 2016

87. Reflexionar: retomando actos positivos

Parece increíble que ya haya pasado un año desde que comencé una etapa de reflexión para poder sanar unas crisis de angustia que también iban acompañadas de estados depresivos en menor grado. También me parece increíble que en este tiempo he conocido a muchos que han pasado y que están pasando por lo mismo, transitando el difícil sendero de adaptarse y tratar de mejorar sin resultados que le permitan sentir una mejora, y entonces, cayendo en el mismo vicio que yo viví: acostumbrarse a ello. No hay error más grande que vivir con ello como si fuera "algo normal en tu vida" y asumirlo como parte de la cotidianidad. Ahora que he pasado un proceso que ha durado un año y donde vuelvo a sentir mi vida "de vuelta" es cuando mejor puedo decir: basta, no se puede simplemente aceptar ser infeliz, estar disminuido, afectado, indiferente ante el hecho que la vida es para gozarla en su plenitud. No está bien aceptar el no poder viajar tranquilo en el bus, en el metro, en el auto hasta la casa o el trabajo. No está bien simplemente conformarse con vivir media vida, e infeliz.

Las sensaciones angustiosas son vicerales y toráxicas, asociadas a tu capacidad de respirar. Se siente una opresión en el pecho, falta de aire, malestar viceral, taquicardia, y un deseo imperioso de salir de donde estás, entre otras sensaciones. Esto puede generar estados depresivos: falta de motivación para salir de la zona de confort, de estar en lugares "comunes y normales" donde solías estar sin problemas pero que ahora te generan tanto malestar que no se puede estar allí. En mi caso era viajar, moverme, salir de cualquier lugar que no fuera mi hogar. Si bien en él también me daban estas sensaciones angustiantes "a veces", eran mucho más fuerte cuando salia de este "lugar seguro, de refugio" y adentrarme en la vida misma. Este mes he pasado un fin de semana de viaje a la playa, donde pasé un fin de semana muy agradable. "Normal", como antes de estas crisis. Otro fin de semana viajé a ver a mi familia, y todo sin sentir toda esa opresión, malestar, ahogo. Mi vida ha vuelto a ser hermosa, tranquila, serena, completa.

Por supuesto que mi vida no está exenta de tristezas, frustraciones, deseos no cumplidos, pero no me causan un impedimento para desarrollar mi vida cotidiana. Retomar las riendas de tu vida, y comenzar a realizar actos positivos que te van mostrando que no estás impedido de hacer las cosas cotidianas es un gran progreso. Pronto cumpliré cuarenta años, y durante los próximos 30 días voy a enriquecer mi experiencia de vida meditando, ejercitándome, viendo a amigos que no he visto hace mucho, viajando a lugares que no he ido en mucho tiempo en las zonas cercanas, y retomando mis pasiones por la música y el baile, donde estoy aprendiendo a tocar bossa nova entre otras cosas.

Finalizar con una frase de un autor anónimo:

"No quiero grandes cosas en mi vida, solo pequeñas cosas que hagan grande mi vida".