Leer para pensar, para dejarse llevar. Para sentir que las palabras no tienen prisa a pesar que se ubican una delante de la otra. Leer para soñar, para caminar por universos no explorados o por momentos perdidos en el tiempo. Leer para aprender, para descubrir y desarrollar ideas propias que dan sentido a la vida. Leer saboreando la historia que se cuenta, el relato que se desarrolla y te transporta. Leer porque las palabras pueden cambiar al mundo. Leer porque somos humanos y tenemos el privilegio de las palabras y la escritura.
No creo que el libro corra el mismo destino que el Vinilo en la música o el Videocassette en las películas. Hoy se puede leer en la tablet, en el computador, en el Kindle o incluso en el celular. Aún así los libros tienen una magía distinta, porque la lectura se complementa con el olor de sus paginas, la edición que se tiene en la mano, la textura misma del libro, el poder doblar la hoja en una esquina, el placer de cerrarlo y darle la última mirada cuando se termina. Un libro en la mesa de luz, en el estante o en el bolso mientras se cruza la ciudad es una compañía en si mismo, tiene cierto valor estético, y es una invitación a darle una mirada a cualquier hora.