Al menos a mí me parece que inevitablemente un dia todo lo que es nuestro, ya no lo será. Todo. Desde las cosas materiales (casas, autos...), pasando por lo más valioso para nosotros como nuestros hijos, que dejan de estar a nuestro lado para convertirse en personas independientes, y aun cuando es cierto que siguen siendo nuestros hijos, ya no son nuestros. Incluso aquellas parejas que han compartido un trozo importante de nuestra vida, a veces dejan de serlo y pasan a ser de alguien más.
Todo fluye y va cambiando. Y de pronto sentí que todo lo "mío" en realidad es parte de un todo, de este mundo cambiante. Ahora es mío y yo lo disfruto, yo lo cuido y lo aprecio. Mañana no lo sé. Y me di cuenta de cuanto aprecio todo lo que tengo, cuan bien me siento por esa casa tranquila, por su parrón, por la hamaca donde me recuesto tantas veces, por la guitarra que amo tocar y que es tan apreciada para mí porque es un regalo de mi padre; por los libros que me gustan leer y releer (muchos de ellos usados, con dueños anteriores, y muchos otros libros mios que fueron prestados y ahora tienen nuevos dueños); por mi computadora que me deja hablar con aquellos que estan lejos y almacena las fotos que durante una vida he ido tomando y atesorando. Tantas cosas y tan pocas a la vez, con tanta importancia y sin ninguna.
Pero el ciclo de la vida tiene esa belleza. Las cosas van y vienen, a veces dejándonos con ciertas nostalgias y recuerdos. El invierno va y viene, el verano, el amor, la felicidad, el trabajo, los abrazos... y me hace pensar en la importancia y lo bello de vivir la vida en cada respiro. Y comprendo que con los años he ido aprendiendo el verdadero camino de ser libre, del desapego a lo material y a lo que uno considera valioso. Antes no comprendía como algunos monjes pasaban dias completos haciendo una obra de arte con granos de arena, solo para desarmarlas una vez acabadas, y para volver a comenzar otra o la misma. Entonces me parece que nos criaron en una teoria de apego y egoismo hacia la vida: mi juguete, mi casa, mi tierra. Pero el desapego no es frialdad ni encerrarse alejandose de todo; muy por el contrario es acercarnos y compartir, dar, entender que nada es realmente nuestro, sino de todos y que un día al partir de esta vida no nos llevaremos nada.
Vivir la vida en cada
respiro
En la bifurcación que se
presenta en el camino
En la convergencia que
parece no tener salida
En el cambio de las
estaciones
En el reencuentro y en la
despedida
Atesorando las amistades
encontradas
Arriesgando en sendas
desconocidas
Entendiendo que la vida
es un ciclo
Que a veces da
Y a veces quita
A veces recuerda
A veces olvida
(Vivir - fragmento)