jueves, 3 de octubre de 2024

173. Vueltas al sol desde la distancia

Este año mis hijas pequeñas cumplieron 2 y 4, los del medio 16 y 15, la mayor 23. Mi pareja 36, yo 48.  Mis padres 69 y 70. Mis abuelos ya han muerto. 

Así pasa la vida. 

Quizá las únicas cosas que finalmente importan es poder vivir bien, tranquilos, con buena salud, sin dolor, conectados con quienes amamos, poder verlos mediante tecnología si no se está cerca, compartir y disfrutar de las rutinas.

Al menos a mí este año me dio una fuerte alergia a la primavera. Entonces te das cuenta de lo importante que puede ser algo tan simple como poder respirar bien, sin dificultad, no tener que depender de una pastilla, pañuelos desechables, un inhalador; poder dormir bien en la noche, sin despertarte a media noche porque la tos, o la respiración, o el dolor de cuerpo. Entonces puedes ver que eso también es la felicidad, vivir sin dolor, una vida rutinaria y sencilla.

En la familia, a veces, no solo nos separa el tiempo y la edad, sino también la distancia geográfica o emocional. Cuando niño, aprendí que la distancia emocional es muy real. Puedes estar muy cerca físicamente de algunas personas, pero hay un abismo que los separa. A veces puedes estar muy solo en medio de una gran multitud.

Ahora me siento feliz y agradecido, porque a pesar que siempre me ha gustado la soledad, también me gusta estar acompañado de aquellos que amo. Algunos están lejos, es cierto, pero otros están cerca.

Me alegra pensar en aquellos que no están. Es cierto que me da cierta tristeza pensar que ya no volveremos a compartir momentos juntos, pero aquellos que sí compartimos fueron muy especiales, maravillosos.

Pronto moriré. No sé si será mañana o en otros 48 años. De todas maneras es pronto. Y sucederá, sin lugar a dudas. Me alegra que así sea. Es un destino común que tenemos todos quienes habitamos este planeta. Muchos han pasado. Muchos vendrán. Todo empieza y acaba. La vida es lo que pasa entre medio. Esa es otra distancia, la que hay entre la vida y la muerte de cada uno.

Por eso somos amantes de la vida, cultivadores del amor, respetuosos de la naturaleza, creadores de belleza, sintientes, pensantes, hemos experimentado mucho dolor en el camino, también hemos causado dolor a otros. Pero también está la felicidad. La pausa. La contemplación. La calma. Es la humanidad. Es la vida.



Sobre el pequeño pétalo

los últimos rayos del ocaso

y después la lluvia

antes de que el sol lo vuelva a acariciar nuevamente.