Ñuñoa, 22 de Julio de 2022
Solo se me ocurre empezar expresando el asombro que me causa, y que me parece increíble que hayan pasado 10 años desde que hice mi primera entrada en este Blog en 2012. En ese entonces no tenía la menor idea de qué sería de mi vida 10 años después, los proyectos que llevaría a cabo, los que quedarían en el camino, las experiencias vividas, los supuestos éxitos y fracasos obtenidos. Tampoco tengo idea de qué será de mi vida en 10 años más. ¿Se puede tener confianza en la vida como una continuidad, y en el perdurar de todo ese existir? la verdad no sé si estaré vivo al terminar el invierno, pero puedo suponer que solo tengo 45, buena salud, y que si las cosas van más o menos como han ido, se puede tener cierta esperanza en ello. Y sin embargo, en estos diez años hemos sido golpeados y bendecidos en lo físico, emocional y espiritual. Solo en los últimos años ha pasado un estallido social, despido y cesantía, emprender para lograr una economía familiar, escribir libros y leerlos con clubes de lectura, vivir encerrados en casa por una pandemia, la llegada de dos hijas. En resumen ¡La vida nos cambia tanto!. Eso solo me reafirma el hecho de que la vida no puede controlarse, solo aceptarse y agradecer el cambio, el fluir hacia un estado distinto que nos trae nuevas experiencias.
Hoy estamos en periodo de crisis e inflación en el país y el mundo. El escenario de la guerra nos golpea nuevamente, y aunque lejos (Rusia y Ucrania), la economía mundial está lo suficientemente conectada como para afectarnos a todos, en el alza del petróleo, del dólar, de las harinas y el aceite, y así una gran cadena que suma y suma para que todo cueste el doble, triple o más que hace solo uno o dos años. La guerra, la economía, la falta de solidaridad, el miedo, crean un clima tenso y difícil, que sumado al clima del encierro post pandemia, hacen de esta una sociedad distinta, incierta y violenta.
Nosotros tuvimos suerte de pasar este tiempo encerrados en una casa con patio, con cielo, con jardín y huerta, con aves y árboles frutales. Muchos lo pasaron en un departamento pequeño, sin aire, sin cielo, sin espacio fundamental para la vida. La sociedad se intensificó en las conexiones virtuales, las redes sociales, la vida en encierro y entre cuatro paredes.
Para mí y S, la vida fue la crianza, los libros, las tardes de mate, la música, el paseo por el patio, la vuelta a la manzana. He leído mucho, principalmente en digital. He escrito mucho, tres libros que tuvieron buena recepción entre un centenar de lectores. Un centenar pudiera no ser mucho, pero para mí es todo un logro.
Estos diez años coinciden con el tiempo que hemos compartido con S, una vida tranquila, en calma, sencilla, alejada del dinero y la ambición, centrada en los momentos, el día a día, los detalles, los placeres cotidianos.
En estos diez años he escrito 157 entradas, compartiendo miradas, impresiones, trocitos de vida. Quizá el mayor valor es para mí mismo, por esas bellas relecturas que de vez en vez me traen de vuelta a mis experiencia y a mi vida. Y quizá pienso que puedan servir también a mis hijos, en algún futuro distante en que estas palabras sirvan de puentes, y nos acerquen lo suficiente para acortar esa distancia que el tiempo y el espacio han puesto en nuestro camino.
Creo que esta carta se ha alargado lo suficiente. Tal vez en el futuro vendrán otras. Por ahora me despido, con la esperanza de entregar nuevas miradas y sensaciones de vida.
Un abrazo afectuoso.
Ale.