miércoles, 25 de febrero de 2015

58. Revolución y Comodidad

Se dice que aquellos que no pierden de vista la costa nunca conocerán nuevos horizontes, o lo que es lo mismo, aquellos que no se alejan de casa nunca descubrirán cosas nuevas y condiciones distintas. Porque permanecer donde estamos puede ser muy reconfortante, cómodo, seguro, estable y fácil, mientras que intentar un cambio puede resultar difícil, agotador o inseguro. Tal vez precisamente por ello es que intentar una revolución respecto de la zona de comodidad donde nos encontramos puede resultar tan valioso como experiencia de crecimiento personal. Emprender cualquier actividad nueva, nos llevará por terrenos desconocidos que deberemos afrontar y superar: aprender un nuevo idioma, una forma de arte, un nuevo oficio, emprender un viaje, abandonar viejos hábitos infructuosos, comenzar a vivir de manera diferente.

Una de los mayores problemas de la sociedad moderna es la insatisfacción por la vida que se lleva, por ver que pasa el tiempo y nada cambia. Ya lo dice el poeta: si volviera a vivir nuevamente vería más atardeceres, viajaría más liviano, tendría más problemas reales y menos imaginarios... 

Nunca será tarde para comenzar algo nuevo, experimentar nuevos desafíos que nos permitan redefinir nuestros límites e intentar un cambio positivo. Pero comenzar cualquier nuevo camino no está excento de resguardos, pues nunca se sabe donde se puede acabar si se escoge mal. Lo que se debe buscar tras un cambio o una revolución a la vida cotidiana es ampliar la libertad, los conocimientos y los horizontes, y no lo contrario.

Entonces el tiempo se convertirá en nuestro aliado, pues con el paso de los años habremos ido ampliando nuestro conocimiento en múltiples áreas y nos sentiremos más satisfechos por una vida más plena y con numerosos momentos valiosos y gratos de recordar. Después de todo lo único que va quedando es lo vivido, y lo que falta por vivir.