martes, 13 de mayo de 2014

49. Paciencia


Estaba sentado en el penúltimo escalón mirando el horizonte mientras el sol comenzaba a ocultarse tras las montañas lejanas. Habia estado allí sentado con un libro en la mano los últimos quince minutos esperando que este momento fugaz llegase de una vez. Los cambios de colores anaranjados, violetas y azules oscuros llegaron y se fueron con la misma rapidez luego que aquella bola amarilla terminó de ocultarse. Era hora de girarse y mirar hacia la otra montaña, la cordillera de los Andes en el este. Allí hacía su aparición una luna redonda, blanca, enorme, majestuosa. La espera había traido una doble recompensa.

Ante la espera y en el anteludio de la puesta de sol y de manera casi natural me puse a pensar en qué era en verdad la paciencia. ¿Era acaso la habilidad de esperar? ¿o tal vez la virtud que enseña a sufrir y sobrellevar los infortunios? Quizá un poco de ambos. En aquel momento de breve reflexión comprendí que es necesario que aparezca entonces un compenente escencial a ambos: una actitud positiva. Sucede que tambien es posible esperar y sobrellevar infortunios con una actitud negativa, y eso no es paciencia. De alguna manera esta palabra mezcla el esperar y mantener la calma, la tranquilidad y la buena actitud en el proceso. Por eso aquellos que desarrollan paciencia poseen mayor tolerancia a la frustración y a experimentan menos eventos de depresión, ansiedad y tristeza.


Tienes que ser paciente en la vida, solia decir mi familia cuando era niño y hasta entonces habia entendendido aquello como un acto de espera pasiva y no como un proceso activo de crecimiento personal. Entonces la paciencia más que la habilidad de esperar, es tener una buena actitud mientras se espera. Así mientras la luna subía y se posicionaba en el cielo nocturno una nueva mirada me brindaba una sensación mayor de estabilidad y equilibrio para las pequeñas esperas que vendrán y aquella gran espera que lleva ya algunos años, y que llegado el momento, acabará entregando un nuevo comienzo.
 

Luna llena en Santiago