jueves, 2 de noviembre de 2023

163. El capitalismo cotidiano

Hace 20 años atrás T entraba a un Jardín infantil JUNJI, que es del Estado y donde no se paga nada. Allí los padres éramos pobres o de clase media baja, pero con un espíritu solidario y con ganas de mejorar el espacio físico de aulas, patios, etc. El poco dinero se juntaba, se hacían rifas, completadas, actividades varias para juntar dinero y comprar artículos escolares y algo de infraestructura para las actividades cotidianas de los niños y niñas del Jardín.

Este año, 20 años después, A entró a un Jardín infantil JUNJI también. Aún es del estado y no se paga nada. Los padres somos de clase media baja o alta. Pero de espíritu solidario nada. La mayoría es profesional o estudiante asociado a la Universidad de Chile, con un acceso económico mucho mayor a 20 años atrás, con cultura y educación claramente mejor. Pero el ego y el individualismo se siente. No hay espíritu de cooperación ni de aportar económicamente para infraestructura y desarrollo de actividades de los niños y niñas. Soltar mil pesos es una lucha (aproximadamente 1 USD actual). Darse el tiempo de hacer algo para juntar dinero es otro imposible. No hay tiempo. No hay ganas. No ven el beneficio a corto y largo plazo para el Jardín y los niños y niñas que vendrán ¿Qué ha pasado en estos 20 años? Se ha afianzado el capitalismo en nuestras vidas.

El capitalismo produce individuos capitalistas, lo que significa que las personas ponen el capital por sobre lo social y humano, sus intereses e interacciones. En otras palabras, se pone el foco en el Tener y no en el Ser. Se ha estudiado bastante los efectos de la acumulación del capital y la alienación que eso produce: conlleva a que se privilegie una predisposición a avalar y producir desigualdad. A competir y no a cooperar. Eso lleva a un vacío y a una individualidad que se intenta llenar con más cosas materiales o sus derivados. Pero el Tener nunca podrá llenar al Ser, y por tanto el vacío parece que solo se intensifica. 

La sociedad se orienta a una fuerte inducción a la producción y al consumo, porque la máquina no puede parar y el capital quiere beneficios mayores a la vez que crea puestos de trabajo mediocres (maximizar la acumulación de capital por sobre el reparto del capital y de maximizar la calidad social). Aumenta la insatisfacción y con ello se buscan nuevas maneras de satisfacción rápida y transitoria.

En las redes sociales, la teoría capitalista se traduce en producir mucho sin contenido, la acumulación de seguidores y de me gusta, sin importar si hay interacción real social entre una cuenta y sus seguidores. Nuevamente se prioriza el Tener por sobre el Ser. El ejemplo máximo son las cuentas con xxxk de seguidores y que siguen a casi nadie. No es la interacción horizontal la valiosa, solo la jerárquica o vertical. No es la interacción de contenido humano, sino de contenido económico la única que vale.

En el horizonte real, (no en el teórico o en el utópico), no existe a la vista una alternativa al capital, aunque parece posible atenuar o corregir sus rasgos más negativos, creadores de desigualdad. Esto también se ve en las redes sociales, con cuentas que maximizan su contenido social y recíproco con sus seguidores y seguidos. Basta con abandonar el deseo de Tener, y buscar el Ser. Ellos son una minoría valiosa, que necesita ir creciendo para que se produzcan los cambios que nos hagan construir una sociedad más humanitaria. Ojo, humanitaria, no humana, que la sociedad humana actual es fiel reflejo de lo verdaderamente humano.