El paso del tiempo nos da y nos quita. Para mi hijo que hoy cumple ocho años el tiempo le está dando experiencia, fuerza, independencia, entre otras cosas. Si alguien me hubiera dicho a los ocho años lo que sería mi vida en los próximos treinta años difícilmente le hubiera creído. Con el paso del tiempo es inevitable "sembrar lo que se ha cosechado", o en otras palabras, obtener consecuencias de acciones pasadas. Un viejo refrán señala: "podemos escoger lo que hacemos, no las consecuencias de nuestros actos". En la filosofía budista a esto se le conoce como "Karma" o ley de causa y efecto. Entonces envejecer es la aplicación de esta ley de causa y efecto, porque gran parte de lo que será nuestra vida dependerá de nuestras acciones anteriores, o de aquellos que nos rodean y que nos afectan directamente. También dependerá de cuanto dejemos que esto nos afecte o atrape, debido a que siempre existirá una salida, un nuevo camino que nos permita comenzar de nuevo. Esto no debemos olvidarlo.
Envejecer se va convirtiendo en un acto hermoso cuando compredemos nuestra posición en esta vida, en la tierra que nos rodea, en el universo del que somos parte. Sin duda creo que en mi propia vida el instante donde se produce un verdadero antes y después fue cuando comprendí que la vida se compone de aquellos momentos que yo mismo voy construyendo, porque yo era el protagonista de la historia que finalmente sería mi vida. Serían mis viajes, mis trabajos, mis conversaciones, amistades, pasatiempos y acciones las que harían de mi vida un camino interesante o aburrido.
Una de las cosas que caracteriza a la juventud (física y mental) es su falta de preocupación por el futuro, por lo que vendrá más adelante y sólo se interesa en vivir el aquí y el ahora. La madurez que viene de la mano de la experiencia empieza cuando esto comienza a cambiar. Es el paso de los años y sus vivencias lo que nos va entregando el equilibro y la sabiduría para una vida más plena y balanceada, basada en el conocimiento y aceptación de nuestro potencial y nuestras limitaciones: inevitablemente el paso del tiempo nos moldea, nos deja cicatrices, nos erosiona, nos hace crecer y nos lleva más lejos abriendo nuevos caminos para transitar... hasta que si vivimos lo suficiente, inevitablemente comenzamos el camino de retorno hacia el final. La vida es cambio, aceptación y adaptación para poder seguir adelante: lo que hoy es, mañana no es.
Concluyo con este escrito hermoso de Marguerite Yourcenar:
Marguerite Yourcenar - El Último Amor del Príncipe Genghi
– Voy a morir – profirió trabajosamente –. No me quejo de una suerte que
comparto con las flores, con los insectos y con los astros. En un
universo en donde todo pasa como un sueño, sentiría remordimientos de
durar para siempre. No me quejo de que las cosas, los seres, los
corazones sean perecederos, puesto que parte de su belleza se compone de
esta desventura. Lo que me aflige es que sean únicos. Antaño, la
certidumbre de obtener en cada instante de mi vida una revelación que no
se renovaría nunca constituía lo más claro de mis secretos placeres:
ahora muero confuso como un privilegiado que ha sido el único en asistir
a una fiesta que se dará sólo una vez.