Muchas veces pasaba por la pieza y se escuchaba la televisión encendida junto a sus ronquidos. Yo entraba en silencio y la apagaba, solo para que él se despertara y me reprendiera por apagarle el programa que estaba viendo. Yo aún no salia de la pieza cuando se volvían a escuchar sus ronquidos y la televisión seguía encendida.
Era frecuente escucharlo cantar en algo más parecido a un aullido que otra cosa, mientras la lluvia del sur rugia en nuestro tejado y el viento silbaba por entre los cables del alumbrado público. Muchas de aquellas canciones me fueron conocidas a través de su voz melancólica y no oí su original hasta años después. Creo que aún hay algunas que nunca las he escuchado sino de su boca y su rasgueo en la guitarra.
Los domingos íbamos a la cancha. Él era el DT y yo era titular obligado, a pesar de ser el más chico en edad y porte, por lo que habían otros diez niños que tenían que pelearse un puesto para entrar a jugar. Yo no era bueno pa`la pelota, pero de todas maneras daba lo mismo: las canchas eran de tierra y el clima lluvioso solo dejaba barro y pozas, por lo que ser bueno o malo era indiferente. Y aunque generalmente perdíamos, el DT nos esperaba con unas naranjas y unas sopaipillas, además de una botella con agua.
El mate
Preparo la hierba tranquilo
hasta dos tercios del recipiente
lo volteo sobre la palma
lo agito muy suavemente
con esto separo la hierba
la fina arriba y la gruesa abajo
lo vuelvo a su posición
vierto el agua despacio
la dejo absorber un rato
con agua tibia o poco caliente
entonces meto la bombilla
hasta el fondo del recipiente
ahora un chorro fino
de agua caliente mas nunca hirviendo
voy disfrutando de su amargura
que en breves pausas me voy sirviendo
si estoy con alguien lo compartimos
lo conversamos en turnos
mas si me encuentro mateando solo
lo pienso / lo medito / lo disfruto