sábado, 25 de mayo de 2013

21. Una lectura al ayer.

Recuerdo que solía llamarme a los gritos cuando sonaba el telefono para que lo contestara. Yo iba desde el dormitorio hasta el comedor para atender y allí estaba sentado él, a solo dos pasos. Otras veces me llamaba desde el dormitorio. Yo ya sabía lo que quería así que le respondía que estaba ocupado. "Ven igual" me respondía, y yo tenía que atravesar toda la casa para ser su control remoto humano. Por aquel entonces aún no se inventaban. Cuando por fín se inventaron, las cosas no cambiaron mucho: me llamaba para que le pasara el control remoto que estaba por ahí, al lado, en algún lugar cercano pero no al alcance de la mano sin estirarse o dar un paso.

Muchas veces pasaba por la pieza y se escuchaba la televisión encendida junto a sus ronquidos. Yo entraba en silencio y la apagaba, solo para que él se despertara y me reprendiera por apagarle el programa que estaba viendo. Yo aún no salia de la pieza cuando se volvían a escuchar sus ronquidos y la televisión seguía encendida.

Era frecuente escucharlo cantar en algo más parecido a un aullido que otra cosa, mientras la lluvia del sur rugia en nuestro tejado y el viento silbaba por entre los cables del alumbrado público. Muchas de aquellas canciones me fueron conocidas a través de su voz melancólica y no oí su original hasta años después. Creo que aún hay algunas que nunca las he escuchado sino de su boca y su rasgueo en la guitarra.

Los domingos íbamos a la cancha. Él era el DT y yo era titular obligado, a pesar de ser el más chico en edad y porte, por lo que habían otros diez niños que tenían que pelearse un puesto para entrar a jugar. Yo no era bueno pa`la pelota, pero de todas maneras daba lo mismo: las canchas eran de tierra y el clima lluvioso solo dejaba barro y pozas, por lo que ser bueno o malo era indiferente. Y aunque generalmente perdíamos, el DT nos esperaba con unas naranjas y unas sopaipillas, además de una botella con agua.




El mate

Preparo la hierba tranquilo
hasta dos tercios del recipiente
lo volteo sobre la palma
lo agito muy suavemente

con esto separo la hierba
la fina arriba y la gruesa abajo
lo vuelvo a su posición
vierto el agua despacio

la dejo absorber un rato
con agua tibia o poco caliente
entonces meto la bombilla
hasta el fondo del recipiente

ahora un chorro fino
de agua caliente mas nunca hirviendo
voy disfrutando de su amargura
que en breves pausas me voy sirviendo

si estoy con alguien lo compartimos
lo conversamos en turnos
mas si me encuentro mateando  solo
lo pienso / lo medito / lo disfruto